Los hospitales de Paramios y La Espina, en el Honor de Suarón y Grandas, y sus avatares

María Josefa Sanz recibe el nombramiento como académica numeraria de la Orden del Camino de Santiago. / Mundiario
María Josefa Sanz recibe el nombramiento como académica numeraria de la Orden del Camino de Santiago. / Mundiario

Si hablo de peregrinos extravagantes es porque intento devolver a esta palabra su origen, ahora un tanto olvidado. Son peregrinos que vagaban extra, que caminaban fuera de las rutas más transitadas y por iniciativa propia o por cualquier otra circunstancia se separaban de la corriente general que se dirigía hacia Compostela.

Los hospitales de Paramios y La Espina, en el Honor de Suarón y Grandas, y sus avatares

En estos momentos, en los que las grandes rutas de la peregrinación jacobea se hallan perfectamente identificadas y desde hace dos años han sido reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Mundial, dentro de los Itinerarios Europeos de la peregrinación, hoy quiero dedicar esas líneas a una de esas otras rutas que sirvieron de enlace entre el Camino primitivo y el Camino de la costa en su transcurso por el occidente asturiano.

Si hablo de peregrinos extravagantes es porque intento devolver a esta palabra su origen, ahora un tanto olvidado. Son peregrinos que vagaban extra, que caminaban fuera de las rutas más transitadas y por iniciativa propia o por cualquier otra circunstancia se separaban de la corriente general que se dirigía hacia Compostela.

Los hospitales de peregrinos fueron fundados gracias a la munificencia de personas, destacadas algunas, como fueron reyes y obispos; también fueron frecuentes los fundados por concejos y finalmente otros fundados por particulares, algunos de los cuales acabaron siendo entregados para su atención a catedrales y monasterios. Y lo que sí es cierto es que dentro de ellos podemos distinguir los netamente urbanos de otros situados en terrenos cercanos a parajes que presentaban dificultades para el tránsito; cursos fluviales y montañas fueron determinantes en la creación de estas entidades asistenciales.

El hospital de Paramios, más conocido, y su vecino de La Espina o A Espía se ubican el camino que adentrándose en el interior desde Vegadeo por el curso del río Suarón, tiene que superar el cordal montañoso que separa la cuenca de este río de la del río Navia. Ahí, remontando el puerto de La Garganta, donde las nieves han sido tan frecuentes hasta no hace mucho tiempo, casi en el alto, se ubican estas dos localidades. Desde allí los caminantes continuaban por las tierras de los Oscos hasta enlazar con el Camino Primitivo en Barbeitos y desde allí continuar hacia la Puebla de Burón o hacia Fonsagrada ya por el Camino Primitivo. No debemos olvidar que en la Puebla de Burón hubo un hospital que, fundado bajo la advocación de la Santísima Trinidad por Gómez Barrete en el s. XIV, pasó a depender del monasterio cisterciense de Santa María de Villanueva de Oscos, como di a conocer hace ya muchos años.

A ambos hospitales se refiere el obispo ovetense don Alfonso, cuando el 10 de agosto de 1379, estando de visita en sus tierras del concejo de Castropol,  solicita por una carta a “todos los fieles cristianos del Obispado de Oviedo” que ayuden en la medida de sus posibilidades económicas, y cito textualmente, al “hospital que llaman de Hespiña, que es en el porto de Houroso, e de Paramios, el qual porto es mui frío de ventos e tormentoso, he de aguas e de neves e de brabante tenpo todo el año”. Por ello promete a todos los que ayuden a este mantenimiento, cuarenta días de perdón. En cambio, amenaza con penas a quienes ataquen y dañen los hospitales. Este documento permaneció desconocido durante mucho tiempo, al estar en un archivo privado, hasta que Ramona Pérez de Castro lo unió a la magnífica colección documental sobre la que formó su tesis doctoral “Fundaciones particulares benéfico-asistenciales y docentes en Asturias (siglos XV-XIX)”, defendida en la Facultad de Derecho de la universidad ovetense el año 2012.

Por documentos posteriores sabemos que ambos hospitales eran de patronato particular. El de Paramios lo era de la casa y mayorazgo de los Rico Villamil, siendo su responsable en 1727 don Antonio Rico Villamil “como hixo de sus antepasados”. Y se recuerda en esos momentos que “le había echo un obispo deste obispado … para ospedar peregrinos enfermos y leprosos … dándoles agua, luz y sal”. En cuanto al de A Espía, situado también en la misma parroquia de Paramios, era por esas mismas fechas su patrono y administrador Isidro Rodríguez Arango, quien recibe a los peregrinos en su casa dándoles los mismos servicios que en el de Paramios. 

Cartas de los Reyes Católicos

Pero el hospital de Paramios no sirvió sólo de auxilio a peregrinos, sino que en abril de 1498 se convirtió en un auténtico problema para los monjes bernardos de de Santa María de Villanueva de Oscos. De abril de ese año se conservan en el Registro General del Sello, hoy custodiado en el Archivo General de Simancas, sendas cartas de los Reyes Católicos referentes a este hecho. 

Por la primera de ellas ponen en conocimiento de Pedro de Ludeña, corregidor del Principado de Asturias, que fray García de Villanova, fray Juan Vello, fray Nicolás, fray Lope, fray Gonzalo y fray Pedro, monjes de Santa María de Villanueva de Oscos, se les han quejado de que “Pedro Armero e Pedro, su hijo, vecinos e moradores en el hospital de Los Paramios, y Mendo Armero y Lope de Brañatribán, vecinos del coto de Villanueva, sin cabsa nin razón alguna dizen que los ha injuriado asý de fecho como de palabra e los han amenazado e maltratado, así a ellos como a amigos e parientes e vasallos del dicho monesterio; e a los dichos fray Niculás e fray Juan dizen que los han ferido e descalabrado e puesto las manos en ellos fasta que los ensangrentaron; especialmente el dicho fray Niculás diz que podría aver un mes poco más o menos, que veniendo del dicho conçejo de Castropol al dicho monesterio de Oscos, llegando en par del hospital de Los Paramios salvo e seguro, so anparo de la nuestra justicia, diz que salieron a él los dichos Lope de Brañatriz e Pedro, fijo del dicho Pedro Armero con sus palos en las manos e muchas piedras a fin de le apalear e injuriar, segund que lo pusieron por obra, salvo porque Dios, nuestro señor, no les dio lugar a ello e porquél, commo los vido venir, diz que començó a fuyr e le dieron çiertas pedradas en las espaldas de que estovo malo en cama ocho días”; por ello han pedido protección a los reyes y ellos ordenan al corregidor que debe informarse de si esto es verdad para castigarles. 

Por la segunda los reyes ponen en conocimiento de todas las justicias del Principado la situación y el hecho de que los monjes de Santa María de Oscos “se temen e reçelan que por odio, enemistad y malquerencia que con ellos an e tienen Pedro Armero, e Pedro, su hijo, vezinos del hospital de los Paramios, y Mendo Armero y Lope de Brañatribán, vecinos del coto de Villanueva, y sus parientes, hombres y criados los herirán, o matarán o lysiarán o prenderán o prendarán a ellos o a sus criados e familiares e fatores, e les tomarán e ocuparán sus bienes contra razón e derecho”, y que por ello han decidido acoger bajo su amparo real y seguro a los monjes y a sus criados y familiares, ordenándoles que actúen en consecuencia contra quienes rompan ese seguro.

Resulta duro ver cómo un lugar de acogida de pobres y peregrinos se convirtió en un momento determinado en un nido de malhechores, situado en lugar tan estratégico que para ir del monasterio de Villanueva de Oscos a Castropol, capital administrativa del citado Honor de Suarón y Grandas, había que pasar necesariamente por delante de sus puertas.

Parece ser fue un hecho puntual, pero nada impide que la vida de una institución benéfica pueda ver alterados en cualquier momento los fines para los que fue creada. @mundiario

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