Los caminos hacia el sepulcro del apóstol son muchos y muy diversos

Un peregrino en Magaz de Abajo en el Bierzo haciendo el Camino de Santiago francés. / Xurxo Lobato
Un peregrino en Magaz de Abajo en el Bierzo haciendo el Camino de Santiago francés. / Xurxo Lobato

En el Camino de Santiago, la multiplicidad de itinerarios ha alimentado, y en muchos casos avivado, la polémica de las primacías como ocurre, por ejemplo, en el casi del Camino primitivo y el Camino francés.

Los caminos hacia el sepulcro del apóstol son muchos y muy diversos

Hay quien peregrina hacia la tumba del Apóstol teniendo en su mente el recuerdo de que Cristo envió a su discípulos a lo largo y ancho del mundo entonces conocido en las famosas misiones apostólicas, continuadas por los varomes apostólicos, discípulos de los apóstoles, y que, según la tradición, precisamente a Santiago le encomendó venir a la Galaecia Hispana.

Tres versiones hay sobre esta peregrinatio del apóstol: la que hace a Santiago llegar a Hispania en barco, bordear la costa atlántica en paralelo a la costa portuguesa y desembarcar por primera vez en el Padrón al que años más tarde volvería su cuerpo trasladado desde Jaffa por dos de sus discípulos; la que lo hace desembarcar en Cartago Nova y atravesar toda Hispania en diagonal, y la que lo lleva hasta Tarraco, desde donde inicia el camino hacia occidente, camino que abandona en Cesaraugusta reclamado por la Virgen que desea retorne a su tierra de origen para acompañarla, junto a los demás discípulos de su Hijo, en el momento de su tránsito a la vida eterna, de su dormición.

A propósito del Camino, “vía que se construye para transitar” es otra de las acepciones académicas. Los caminos hacia su sepulcro son muchos y muy diversos. Grandes vías “cabdales” y otras vías afluentes a estas, al igual que ocurre con las cuencas fluviales.

Esta multiplicidad de itinerarios ha alimentado, y en muchos casos avivado, la polémica de las primacías como ocurre, por ejemplo, en el casi del Camino primitivo y el Camino francés. El primero, vigente desde el siglo IX/X se vio superado en flujo de peregrinos a partir de finales del s. XI, tras la pacificación de la cuenca del Duero una vez reconquistada Toledo por Alfonso VI.

Pero, la realidad es que otros muchos caminos conducen a Santiago, ya que al sepulcro del Apóstol concurren gentes de toda la península ibérica, y, como decía el Rey Sabio, “de luengas y extrañas tierras”. Aunque hemos de reconocer, pasando de momento a un tema muy actual” que la protección oficial deba dirigirse de momento a aquéllos históricamente más concurridos o con un significado más especial. Siempre viendo la historia en toda su proyección. @mundiario

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