El Camino de Santiago, un camino de cine

Martin Sheen y Emilio Estevez en The Way. / RR SS
Martin Sheen y Emilio Estevez en The Way. / RR SS

¿Qué habría ocurrido si el Camino de Santiago hubiese tenido lugar en Estados Unidos? Sin duda hubiésemos asistido a un torrente de grandes producciones con las estrellas rutilantes de Hollywood en la piel de los personajes más variopintos.

El Camino de Santiago, un camino de cine

No ha pasado mucho tiempo desde que la periodista lucense Pilar Falcón Osorio, presidenta del Club de Periodistas Gallegos en Madrid, se incorporó a la Academia Xacobea como académica de número en un acto celebrado en la Casa de Galicia. Bajo el título “El cine jacobeo, estrellas en camino”, Pilar Falcón nos ofreció en su discurso de ingreso un magnífico recorrido por las películas sobre el Camino, desde las religiosas, hasta las más transgresoras.

A pesar de que el siglo XX ha sido el siglo del cine, la filmografía europea sobre el Camino ha sido más bien escasa desde que en 1953 se estrenase El Pórtico de la Gloria, la primera película jacobea de la que hay constancia. A medida que Pilar Falcón nos iba desgranando detalles de las cintas que la sucedieron crecía en mí una extraña sensación de incredulidad. ¿Tan pocas?, pensé. Me resultaba difícil comprender como un acontecimiento histórico de la magnitud del Camino no había suscitado un mayor interés entre los gurús del séptimo arte. Si el Camino aportaba una vocación de internacionalización que además de conservar y ampliar nuestra conciencia colectiva permitía llegar fácilmente a otras culturas, ¿por qué no proliferó en el cine al menos desde el resurgimiento de la peregrinación a finales del siglo pasado? No en vano, pensé, cada peregrino era un potencial espectador de películas de temática jacobea, pues habiéndolo transitado, habría pasado a formar parte del fenómeno y de un contexto que ya nunca le resultaría extraño. Llegaba ya a su final el elocuente discurso de Pilar Falcón cuando desistí de encontrar una respuesta, plenamente convencido de que el cine no había sabido aprovechar el Camino como fuente inagotable de contenidos. Cualquiera de las pequeñas historias ocurridas durante el viaje a Santiago empatizaría sin dificultad con los espectadores, sean de donde sean, porque la tendencia íntima del ser humano hacia las grandes preguntas de la existencia, desde una perspectiva religiosa, laica, cómica o dramática, se multiplica con la comprensión del fenómeno jacobeo. O eso pensaba yo mientras me dirigía al atril para contestar al discurso de Pilar Falcón en representación de mis compañeros académicos.

¿Qué habría ocurrido si el Camino de Santiago hubiese tenido lugar en Estados Unidos? Sin duda hubiésemos asistido a un torrente de grandes producciones con las estrellas rutilantes de Hollywood en la piel de los personajes más variopintos: nobles, religiosos, místicos, peregrinos, hospitaleros, arquitectos de catedrales, escultores, pintores, vagamundos, villanos…, quién sabe, incluso Charlton Heston mudando la barba blanca de Moisés en Los Diez Mandamientos por la de Santiago el Mayor, antes de que viésemos a otra estrella como Martin Sheen metido en el papel de un padre en peregrinación a Compostela con las cenizas de su hijo a cuestas en The Way.

Quizás la única explicación plausible para la escasa producción europea de cine jacobeo a pesar de que el Camino ha sido desde sus orígenes un eje artístico único y poliédrico, es que el cine ha respondido siempre a finalidades distintas a las que tradicionalmente han cumplido otras modalidades de arte, probablemente como consecuencia de su inexorable vocación de difusión masiva. Me pareció entonces evidente que el sector había pasado por alto el enorme potencial del Camino desde la perspectiva de la comunicación global. Sin embargo, algo parece estar cambiando, pues ciertas señales apuntan a otra tendencia en las nuevas producciones audiovisuales que recoge el testigo de las cinematográficas. Hoy las organizaciones que colaboran en la difusión televisiva, como la Creative Europea Media, dejan constancia de su interés en apoyar proyectos sobre el Camino. Incluso la Xunta de Galicia ha convocado recientemente una importante ayuda económica para la realización de una serie o filme sobre el Camino de cara a la celebración del  Xacobeo 2021.  

Si como dijo Albert Einstein “la distinción entre el pasado, presente y futuro es solo una ilusión obstinadamente persistente”, nunca es tarde para convertir al Camino es un fenómeno de difusión masiva también en las pantallas. El Camino es atemporal, y es esa atemporalidad unida al factor religioso que siempre ha acompañado al fenómeno jacobeo, lo que me llevó a apelar en la contestación al discurso de la recipiendaria al significado de religión como "religare": “religare” para relacionar entre sí cosas y personas y “religare” para unir en un mismo espacio físico toda una constelación de tiempos distintos: la Edad Media, la Edad Moderna, la Edad Contemporánea a través de un concepto implícito de permanencia que une los 1.300 años ya vividos desde el descubrimiento de la tumba del apóstol con los que quedan por venir. Si algo tiene la capacidad de "religar" todas esas épocas y acontecimientos es el cine. La peregrinación ligada al milagro, al cumplimiento de promesas o a la obtención de indulgencias, las peregrinaciones nacionales, políticas, bélicas o aventureras que nos han acompañado durante siglos, o las múltiples motivaciones que mueven a los peregrinos actuales debido al proceso de individualización social que acompaña al ciudadano posmoderno desde finales del siglo 20, cualquiera que sea la óptica que adoptemos, el séptimo arte puede convertirse gracias al Camino en una pantalla única y multidiversa al mismo tiempo. @mundiario

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