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MUNDIARIO

Por el Camino gallego muchas familias acogen y ayudan a los peregrinos

En los pueblos del Camino y los peregrinos se ha establecido una relación fluida a través de los siglos. Los peregrinos dan los buenos días, los residentes contestan "Buen Camino".

Por el Camino gallego muchas familias acogen y ayudan a los peregrinos
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El Camino en Galicia.

En el pueblo de As Pasantes cae un chaparrón acompañado de truenos y relámpagos. Por el camino baja un río de agua, los peregrinos buscan refugio, pasan delante de un pajar abierto pero está custodiado por un perro pastor belga atado que ladra furioso. Enfrente se meten en un portalón ancho, de entrada a una casa, como para pasar un carruaje, afuera el chaparrón continúa con garras.

Los peregrinos dejan en el suelo la mochila, el bordón, el chubasquero, pantalones de  agua, jersey, todo está empapado. El dueño de la casa sale y les saluda, les ve chorreando, y pide unas toallas a su esposa. Después les ofrece café aceptando encantados mientras se secan desde la cabeza a los calcetines.

La familia de la casa les preguntan sobre el punto donde iniciaron el camino, lugar donde viven etcétera. El diálogo se abre entre la familia y los peregrinos, la abuela les hace pasar a la cocina, espaciosa, el centro ocupado por una cocina económica muy grande, encendida con carbón, con bancos todos alrededor para sentarse y una encimera de mármol en los extremos. En un rincón de la habitación una cocina de gas está apagada.

Los peregrinos se secan alrededor del horno, la abuela habla con uno de ellos en gallego, les ofrecen jamón, chorizo, vino y un enorme pan gallego, almuerzan con gran apetito.

El sentimiento y forma de ser de los gallegos del interior se va poniendo de manifiesto, retraídos al principio, coloquiales después, obsequiosos, hablando de sus tradiciones, cultura, placidez, sensibili­dad. El dueño de la casa les habla de su finca con vacas en libertad, terneras, un toro. Hace poco aterrizó en ella un ala delta. Mientras tanto los peregrinos toman café  y aguardiente. "¿Se quedarán Uds. a comer?", le pregunta después de todo lo que han comido. Los peregrinos dicen que todavía les queda un largo camino.

Se despiden de la hospitalaria familia, mientras, sin que se enteren los mayores le dan una atractiva propina a los pequeños. La abuela se despide con un beso. No se conocían de nada y sin embargo ambos grupos se han sentido satisfechos.

El bordón, la larga vara, ayuda al peregrino a apoyarse y seguir con buen ritmo por un agradable paisaje hacia el valle, el caminar se hace más llevadero. La ruta Jacobea sigue un camino sombrío, con árboles a ambos lados, un camino refrescante  y profundo en la bajada entre castaños. Uno  grande, está integrado en un muro de piedra.

Ramil

Un pueblo que año tras año ve pasar por el milenario camino a los peregrinos. Lugar de castaños y nogales centena­rios. En el centro del pueblo, un gigantesco castaño con enorme tronco en la base, se desgaja después en varias ramas, El castaño de Ramil. El valle ofrece un hermoso paisaje, muy luminoso. La luz brilla en el camino estelar, sendero de peregrinos, casi ya en el fondo del valle después de bajar desde los 1.377 metros a 650.

(Continuará)