El Camino no deja de estar sujeto a las circunstancias vitales que se producen fuera de él

Peregrino en las Termas de Ourense. / FrAn LaREo para Mundiario
Peregrino en las Termas de Ourense. / FrAn LaREo para Mundiario

Para los peregrinos, el Camino es un lugar muy especial para poder conocer cuáles son los puntos coincidentes de la moral humana y cuáles sus divergencias.

El Camino no deja de estar sujeto a las circunstancias vitales que se producen fuera de él

Una nueva acepción de camino en el diccionario de la Academia es la de “modo de comportamiento moral”. Nuestras vidas son caminos, caminos para nosotros, cabdales, como cabdales eran algunos de los ríos a los que las compara Jorge Manrique en sus coplas a la muerte de su padre. Y siempre, a quienes hacemos ese camino, se nos supone sujetos a una moral natural, a saber distinguir entre el bien y el mal, algo a lo que ha dedicado su estudio desde hace muchos siglos una rama de la filosofía, la ética. Costumbres, creencias, valores y normas de una persona o de un grupo social, que funcionan como una guía para obrar y que nos hacer ver o vivir lo correcto y lo incorrecto.

El Camino es un lugar muy especial para poder conocer cuáles son los puntos coincidentes de la moral humana y cuáles sus divergencias. No, no me voy a referir a las normas que regulan algunos aspectos de nuestros caminos: normativas de uso de albergues, etc., sino a lo que se puede apreciar a lo largo de su recorrido, bien se vaya solo o en grupo: solidaridad, ayuda, conversación, intercambio de ideas, intercambios culturales; nada nuevo estoy inventando, todo ello es conocido desde hace tiempo. Y por qué no, también la parte negativa, los peregrinos gallofos, vagabundos sin un fin determinado, turigrinos, y ya en los casos más graves ladrones, estafadores, abusadores, y, por desgracia, homicidas. El Camino no deja de estar sujeto a las mismas circunstancias vitales que se producen fuera de él.

Y algo que no se puede ni debe obviar: la sujeción del Camino y de los caminantes a unas leyes civiles que no pueden ni deben eludirse: ordenanzas locales, autonómicas, nacionales y europeas. Sí, hay y hubo unos derechos antiguos: la paz del camino; un control de los caminantes: la santa hermandad. Pero volvamos a hoy día y todos estamos obligados a conocer esas leyes que nos garantizan nuestro camino. E igualmente ser respetuosos con otras autoridades, fundamentalmente las religiosas, ya que el Camino de Santiago en su origen está plenamente ligado a la religión, y aunque ahora se haya abierto a todos los que por él quieran discurrir, estamos obligados moralmente a respetar creencias y tradiciones que para algunos nada significan pero que para otros sí. @mundiario

El Camino no deja de estar sujeto a las circunstancias vitales que se producen fuera de él
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