El Apóstol fue invocado en las guerras entre moros y cristianos en la Iberia medieval

Santiago Apóstol. / Juan Ramón Baliñas

En junio de 1140, un ejército cruzado que integraban caballeros ultramontanos de Francia, Alemania, Aquitania e Inglaterra, peregrinó a Compostela para agradecer al Apóstol que les librara de la muerte.

Santiago se identificó en su día con el adalid de una cristiandad hispana, necesitada de protección celestial, convirtiéndose su invocación en un grito de guerra identificador de un propósito de unidad, engastado en toda la cristiandad europea por el cordón umbilical, que es el Camino de Santiago.

Al margen del relato legendario que sitúa al Apóstol Santiago en la batalla de Clavijo, dando origen a una de sus imágenes más conocidas, el Santiago Matamoros, el Apóstol es invocado constantemente en las guerras entre moros y cristianos en la Iberia medieval. En este sentido, dice El Cantar del Mío Cid: “Los moros llaman   ¡Mafomat!  y los cristianos ¡Santi Yagüe!.

Camoes, en su Luisiadas, obra maestra de la literatura en portugués, al relatar la importante batalla de Río Salado, dice: 

“Eis as lanzas e espadas  reteniam.

Por cima dos arneses (bravo estrago).

Chamam, segundo as Leis que alí seguían,

Uns Mafamede e os outros Sant Iago”.

En junio de 1140, un ejército cruzado que integraban caballeros ultramontanos de Francia, Alemania, Aquitania e Inglaterra, peregrinó a Compostela para agradecer al Apóstol que les librara de la muerte, tras afrontar sus naves una gran tempestad mientras se dirigían a Jerusalén.

Y ya en el siglo XVI, cuando las peregrinaciones languidecían y la figura de Santiago se introduce en la conquista de América, Fray Luis de León, con referencia misional al nuevo mundo, dice: 

“De tu virtud divina

La fama que resuena en toda parte,

Siquiera sea vecina,

Siquiera más se aparte,

A la gente conduce a visitarte.     

El áspero camino

Vence con devoción, y al fin te adora

El franco, el peregrino

Que libia descolora, 

El que en poniente, en el levante mora”.

La plasmación física del Camino de Santiago, es fruto del discurrir de los peregrinos por tierra desde los innumerables puntos departida en la Europa Medieval hacia la tumba del Apóstol.

Ya en el siglo XII, el Códice Calixtino, en su libro V, llamado Guía del Peregrino, describe los cuatro itinerarios principales a lo largo de Europa y su confluencia en uno solo, en el lugar de Puente la Reina, para, desde allí, discurrir, de este a oeste, por el norte de la Península Ibérica, originando el Camino de Santiago por antonomasia, el llamado “Camino Francés”, al que luego se irán sumando otras rutas con diversos puntos de partida en la Península Ibérica, entre ellos, el Camino Portugués en su itinerario costero y por el interior el de Braga.

Pero, el peregrinar es también una fuente de desarrollo económico, técnico y cultural, y como tal, merece también la atención de los Reyes que dotan el Camino de infraestructuras, apoyo humano y protección.

Se conforma el Camino de Santiago, dotado de sus propios Estatutos, con organizaciones asistenciales y policiales autónomas, que a su vez favorecían esas influencias colaterales e impulsaban un fructífero intercambio entre las diferentes regiones de Europa, precisamente en el momento en que se ponía en marcha esa recomposición del fragmentado espacio de occidente.

Aparece así una red estable constituida por puentes, iglesias, monasterios, hospitales, albergues donde refugiarse y recibir apoyo humano, sanitario, y de seguridad y protección, dando al Camino y al peregrinaje una mayor seguridad y comodidad, favoreciendo así su consolidación y crecimiento, y creando un  espacio de arte que contribuye decididamente a la expansión del románico, estilo arquitectónico que hoy es parte fundamental del patrimonio monumental europeo, y, por lo tanto, una de sus señas de identidad.

Pero junto a las infraestructuras, los poderes públicos, tanto laicos como religiosos, complementaron la seguridad de los caminantes con una adecuada legislación, muchos de cuyos  principios han estado presentes en todas las disposiciones legislativas de los pueblos de Europa, contribuyendo eficazmente al desarrollo del derecho de gentes y del derecho internacional. @mundiario