En el Año Santo Compostelano los peregrinos entran por la Puerta Santa

Puerta Santa. Catedral de Santiago. / JRB
Puerta Santa. Catedral de Santiago. / JRB

Desde el siglo XII, los peregrinos entran en la Catedral por la Puerta Santa solo abierta durante los Años Santos, en los demás años se entra por la puerta de la fachada de la Azabachería.

En el Año Santo Compostelano los peregrinos entran por la Puerta Santa

Su interior. Durante los siglos XVI y XVII delante de la puerta de la Azabachería, entrada de peregrinos, final del camino de Santiago, estaba a Cruz dos Farrapos (la cruz de los harapos) alta cruz de dos metros de cobre, en forma de trapecio, donde los peregrinos dejaban sus ropas después de asearse en el pilón de madera al lado, la Catedral entregaba otras ropas a los peregrinos. La cruz se encuentra ahora, en el tejado de la catedral.

Desde la esquina derecha de la nave crucero y la nave central se observa el Altar Mayor, las naves laterales, la altura del interior, la luz es tenue, los fieles pocos, el templo nos abarca, las altas bóvedas, los gruesos pilares, los arcos, la galería en lo alto, los capiteles, todo en una sencillez románica.

En el lateral izquierdo de la Capilla Mayor, hay una pequeña puerta por la que se baja a la Cripta, detrás y debajo del Altar Mayor, abierta al culto desde 1885, casi en el mismo lugar donde en el siglo IX se encontraron los restos del Apóstol Santiago y sus discípulos, Atanasio y Teodoro.

Es un mausoleo  que se ha hecho con las piedras de un enterramiento romano del siglo I del primitivo enterramiento del Apóstol peregrino, un lugar recogido, estrecho, sin mucho espacio, con un largo reclinatorio, delante del cual, en un hueco en la pared, está un pequeño altar con la urna encima.

La urna está sobre un altar de piedra bajo un arco apoyado sobre dos columnas clásicas, sobre ella una estrella de plata, sujeta en el techo, su frente está labrada con un cáliz sobre el que beben dos palomas, la urna resplandece en la pequeña capilla.

Los peregrinos se arrodillan y rezan una oración al Apóstol como se hace desde el siglo IX, en la urna reposan los restos de Santiago y sus discípulos, es de plata labrada de 1,25 metros de larga, en su frontal tiene las imágenes de Jesucristo, Santa María Salomé y los Apóstoles, en la tapa está el anagrama de Cristo, el Crismón, redondo con las iniciales de su nombre en griego X y P, el Alfa y Omega que son la primera y la última letra del alfabeto griego, significa que Jesucristo es principio y fin de todas las cosas, a ambos lados la vieira, símbolo del peregrino. La urna fue elaborada por Losada y Rey Martínez.

Unos soportes de hierro la separan de los fieles, detrás hay una placa conmemorativa de la visita del Papa Juan Pablo II, frente a la escalera de entrada donde esperan ya larga fila de peregrinos está la de salida a la derecha del Altar Mayor, justo al lado está la escalera para subir por detrás del Altar Mayor para cumplir otra de las tradiciones de la Catedral: dar un abrazo al Apóstol.

Se sube por detrás de las sillas del coro mientras se observa la nave central desde el Altar Mayor hasta el Pórtico de la Gloria, en lo alto de la escalera hay un pequeño altillo al que se suben los peregrinos, se está detrás de la imagen sentada de Santiago que preside el Altar Mayor, los peregri­nos apoyan las manos sobre los hombros de Santiago se le abraza oscilando la cabeza a ambos lados de su cara algunos besan la esclavina, es la estatua más abrazada del mundo, se le abraza, se le saluda a Santiago.

El recinto está iluminado con una lámpara realizada con las armas regaladas por Gonzalo de Córdoba, el gran capitán, en su visita a Santiago en 1512 por haberle preservado el Apóstol hasta entonces.

Continuará... @mundiario

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