Alimentación para ricos y pobres en la historia del Camino de Santiago

Peregrino en el Camino de Santiago. / FrAn LaREo para Mundiario
Peregrino en el Camino de Santiago. / FrAn LaREo para Mundiario
Tanto en el caso de hospitalidad como alimentación, la disparidad y plural atención estaba en función del potencial económico de la institución que albergaba y ofrecía dieta alimentaria a los peregrinos.
Alimentación para ricos y pobres en la historia del Camino de Santiago

La alimentación en el Camino de Santiago se atenía en buena medida al dicho popular de que con pan y vino se anda el camino. Pan y vino eran elementos indispensables de la dieta del peregrino y solo en algunos casos, el vino se sustituía por sidra. Era frecuente que, en las primeras jornadas, el peregrino se alimentara con lo que portaba en su zurrón al salir del domicilio.

En los mesones de las villas y ventas de los caminos, los peregrinos con posibles podían comprar alimentos o comer en el propio establecimiento a mesa puesta; pero  los peregrinos pobres, para alimentarse, no tenían más remedio que acudir a la caridad de las instituciones eclesiásticas, iglesias, catedrales y monasterios.

Si además se alojaban en sus hospederías, recibían también la denominada ración completa, hoy pensión completa. Otros solo recibían a las puertas de iglesias y monasterios una hogaza de pan.

En una de las donaciones de Sacho VII de Navarra a Santa María de Roncesvalles se establece que tiene por objeto dar alimentos a diez mil pobres, entre ellos, a los peregrinos a Santiago que acudían al hospital. Con esta ayuda se les debía dar de comer, el día de Todos los Santos y todos los domingos, martes, jueves y sábados de todo el año. La ración era un pan y una media de vino o sidra, y carne, los días que estuviera permitido su consumo, y si no, queso y otros condimentos en equivalencia de la carne.

Criterios en el siglo XIII

Con esta dotación, el mencionado hospital, adquirió un importante patrimonio que permitía una gran atención a los peregrinos  pobres, sin ninguna  distinción. Como ejemplo de fraternidad, en la fachada de dicho hospital, en el siglo XIII, podía leerse:

- “La puerta se abre a todos, enfermos y sanos.

- No solo a católicos, sino aun a paganos, judíos, herejes, ociosos y vanos.

-Y más brevemente a buenos y profanos”.

En 1496, Alfonso Carrillo de Albornoz  visita el hospital por orden de los Reyes Católicos, y dice que cada peregrino debía recibir: 

- Dos panes, 575 gramos.

- Dos vasos de vino, 1 litro.

- Un plato de legumbres y hortalizas.

- Un pedazo de carne de 300 gramos por persona.

El Hospital del Rey de Burgos, con muchos medios, otorgaba diariamente 200 raciones, más otras 150 destinadas a la enfermería y a los oficiales del hospital, cantidad insuficiente para la afluencia de peregrinos en este lugar.

Era frecuente que en pequeños hospitales apareciera el número 12 como cantidad de raciones, en referencia a los comensales de la última cena.

En el caso de peregrinos enfermos, la situación cambiaba. Se trataba de curarlos con alimentos concretos, más suaves y pertinentes.

Se puede afirmar que la base de la ración era siempre el pan y el vino, a la que se añadían otros alimentos o no, en función de la disponibilidad del propio hospital, de su patrimonio o de las donaciones que recibía.

El Hospital de San Marcelo de León añadía al pan y vino, verduras y legumbres, más media libra de aceite o media de manteca. Frecuentemente, la cantidad y calidad estaban en relación, también, con la producción autóctona del lugar. Así, abunda el trigo en la meseta castellano leonesa, mientras que los vinos abundan en los hospitales bercianos.

En otros puntos de la ruta, el pan era de centeno, lo que originó, en los siglos XI y XII, una grave enfermedad que afectaba a las extremidades, originada por un alcaloide tóxico, la ergotoxina,  producida por el cornezuelo del centeno. Una enfermedad que fue curada milagrosamente por los frailes antoninos, que desconocían la causa del problema, pero daban pan de trigo a los enfermos.

En conclusión, se puede decir que tanto en el caso de hospitalidad como alimentación, la disparidad y plural atención estaba en función del potencial económico de la institución que albergaba y ofrecía dieta alimentaria a los peregrinos. Puede ir, desde la pobreza prácticamente total, hasta una dieta realmente potente, rica y saludable. @mundiario

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