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MUNDIARIO

Oportunidad y desafío para el Partido Popular

Las circunstancias propician una oportunidad inmejorable para afrontar un proceso de renovación del que salir fortalecidos.

 

Oportunidad y desafío para el Partido Popular
Mariano Rajoy durante un mitín del Partido Popular.
Mariano Rajoy durante un mitín del Partido Popular.

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Milagros Lara Coira

Milagros Lara Coira

Licenciada en Geografía e Historia, especialidad Biblioteconomía y Archivística, por la USC. Miembro de la Asociación de Comunicación Política de España (ACOP). Postgrado en gestión de información y community management por Asociación Española de Responsables de Comunidades Online y Social Media. Ha trabajado en medios digitales y en departamentos de comunicación y ahora ejerce como consultora y es colaboradora de MUNDIARIO.

Frente a la visión apocalíptica de algunos, esta es una oportunidad inmejorable para el Partido Popular como en su día lo fue la dimisión de Manuel Fraga tras los malos resultados en las elecciones del 86. De aquella crisis surgió la refundación del partido de la que los populares salieron reforzados. Como entonces, la situación en la que se encuentran ahora supone un punto de inflexión del que también saldrá fortalecido si se encaran adecuadamente los retos a los que se enfrentan.

La moción de censura que catapultó a la presidencia del gobierno al resiliente Pedro Sánchez supuso, más que el principio de una crisis, el comienzo del fin. Paradójicamente, el mismo hecho que supuso la salida del Partido Popular del gobierno desactivó la deslegitimación a la que sometían diariamente al PP unos y otros. Sumado a esto, la decisión de Mariano Rajoy de dar un paso atrás en la dirección del partido, no hizo más que anular los argumentos de quienes se retroalimentaban del PP y sacaban ventaja de los zarandeos a los que interesadamente contribuían los de Albert Rivera sin prever que se les podría volver en contra. Paradójicamente también, la moción de censura y la decisión de Rajoy puso el foco de forma positiva en el Partido Popular y les devolvió un ilusionante protagonismo. Dejar fuera de combate a Ciudadanos fue un daño colateral sobrevenido.

Durante un tiempo las discrepancias que hay en todo partido fueron sordas, sabedoras de que los difíciles momentos por los que pasaba el país requería unidad frente a problemas tan graves como el empleo, la crisis económica o el pulso independentista. Sin embargo, cuando las amenazas externas llegaron de la mano de la corrupción y de sondeos que alertaban del retroceso del PP, las voces internas que pedían cambios subieron su tono. Reclamaban, no tanto sustituir al líder, que también, cuanto un cambio de políticas del partido. No sólo lo pedían históricos sino caras jóvenes aunque su óptica fuese diferente.

La dimisión de Mariano Rajoy como presidente del Partido Popular genera la situación propicia para completar una regeneración que él mismo inició al acceder a la presidencia del partido, apartando con una mano a los miembros que escandalizaban dentro y fuera por su corrupción y con otra a los aznaristas. Las circunstancias han proporcionado una oportunidad inmejorable para reestructurar el partido, lejos de las tareas de gobierno y a poco más de un año de las citas electorales. Es el momento de consumar el proceso del que uno de sus exponentes fue la reforma estatutaria de hace un año. Hacer la transición de uno a otro líder manteniendo la unidad durante esta etapa es ineludible, pero reconstruir un partido al que se ha desatendido es prioritario para lograr la proyección externa y recuperar espacio político.

El desafío pasa por renovar el modelo conservando la esencia del PP, sus valores y principios. Pasa también por reconocer las propias debilidades y consolidar las fortalezas. El nuevo modelo debe surgir de una renovación en el fondo y en las formas, que necesariamente deben dejar de ignorar el peso de las emociones en las adhesiones políticas y en la aceptación o rechazo de las decisiones adoptadas. Sobrevalorar los argumentos racionales frente al factor emocional ha sido casi tan perjudicial para los Populares como las amenazas externas. Porque al fin, despreciar el componente emocional supone olvidar la verdadera naturaleza de la persona en la que razón y corazón coexisten.

De cómo se afronten los retos dependerá el futuro del partido y su fortaleza para recuperar terreno de cara a las próximas elecciones. En el proceso de renovación al que se enfrentarán en el próximo congreso se deben superar amenazas como la tentación de deriva ideológica que haría recaer el origen del problema en el lugar equivocado. Coexisten distintas sensibilidades dentro del Partido Popular y sería un error renunciar a seguir integrando en él todos los matices del centro derecha. La transformación debe concernir más bien al modelo de partido, diseñando una estructura sólida que permita articular la defensa de los principios y valores propios de forma incuestionable. Es imprescindible dedicar el tiempo necesario a la reconstrucción interna para recuperar la confianza de la sociedad, asumiendo que la crisis supone una oportunidad y un desafío del que salir reforzados. @mundiario