La segunda muerte de Gorbachov

Mijaíl Gorbachov. / Mundiario
Mijaíl Gorbachov. / Mundiario
El fracaso del proyecto de Gorbachov fue la consecuencia lógica de la carencia de un apoyo mínimamente consistente en el cuerpo social de la URSS.
La segunda muerte de Gorbachov

La muerte de Gorbachov está sirviendo para evocar un conjunto de acontecimientos sucedidos en la última década del siglo XX que tuvieron una gran relevancia en la evolución de la historia contemporánea.

La trayectoria experimentada por el dirigente de la vieja URSS fue frenética: llegó a la cumbre del PCUS en el año 1985; tuvo que afrontar el desastre de la central nuclear de Chernóbil en 1986; conoció en primera línea la desaparición del muro de Berlín al final del año 1989 y, finalmente, se vio obligado a dejar el poder en 1991. Estos cambios tan intensos y registrados en tan poco tiempo, permiten subrayar, como mínimo, dos dimensiones analíticas: las importantes consecuencias originadas en los equilibrios geopolíticos existentes hasta aquel momento y los efectos provocados en las organizaciones políticas que se consideraban parte integrante de la cultura comunista construida a partir de la revolución soviética de 1917.

Desde el comienzo de su mandato, Gorbachov modificó gradualmente los criterios de la política exterior de la URSS para, entre otras cosas, disminuir el preocupante impacto que provocaba la carrera armamentista alimentada por Reagan en el funcionamiento de la economía soviética. El relevo de la lógica de la "guerra fría" por una dinámica de cooperación con la OTAN no fue bien interpretada por los dirigentes occidentales: en vez de considerar esta nueva situación como un punto de partida para articular una estructura diferente en las relaciones internacionales, entendieron que estaban ante una oportunidad inédita para destruir a su viejo enemigo. Las consecuencias de ese grave error estratégico aun se están pagando en la actualidad (la agresión de Putin en Ucrania tiene algún vector explicativo en aquel proceso caótico de disolución del Pacto de Varsovia).

Internamente, Gorbachov pretendía realizar un conjunto de reformas que, sin eliminar las referencias discursivas oficiales (socialismo, comunismo, partido único...), hubiesen permitido cambiar los graves defectos presentes en un Estado que había pretendido fusionar, desde su comienzo, la ideología con la política y la economía. La estructura del poder soviético padecía una gravísima fatiga de materiales: falta de transparencia, burocracia agobiante, corrupción creciente... Las dolencias estaban tan desperdigadas y tenían tal envergadura que el reformismo de la "perestroika" no fue capaz de conseguir -en los distintos círculos del poder soviético- el consenso necesario para asegurar mínimamente su viabilidad. Visto desde hoy, se puede afirmar que el fracaso del proyecto de Gorbachov fue la consecuencia lógica de la carencia de un apoyo mínimamente consistente en el cuerpo social de la URSS a los objetivos que figuraban en la hoja de ruta del máximo responsable del PCUS.

La desaparición del sistema soviético representó un verdadero terremoto en el universo de la izquierda mundial. En algunos casos -el de Cuba fue, sin duda, uno de los mas paradigmáticos- provocó serios estrangulamientos en el funcionamiento económico y daños notables en las condiciones de vida de los habitantes de esos países. En otros territorios, los impactos se localizaron en el ámbito de aquellos sectores de la izquierda social que tenían al PCUS y a la URSS como un referente básico en sus propuestas de transformación de las realidades en las que vivían. Para los grupos organizados en la tradición comunista se suscitaron cuestiones trascendentales: ¿debían revisar su ideario para adaptarlo a las nuevas circunstancias o era preferible optar por una suerte de resistencia en la ortodoxia anterior frente a los procesos de liquidación que se registraban en los países del este de Europa? Y en el caso de apostar por la refundación, ¿cuales deberían ser las nuevas líneas fundamentales de los postulados de semejantes organizaciones?

En la mayor parte de las formaciones políticas interpeladas por lo que estaba pasando en los países del llamado "socialismo real", la respuesta fue sustancialmente conservadora. Apostaron por la inhibición o por una explicación superficial que no ahondaba en las causas del colapso del sistema que pretendía ser una alternativa al capitalismo dominante en muchas partes del mundo. Este continuismo ideológico no tuvo, en todo caso, la penalización electoral que se podría esperar: dificultó, sin duda, las pretensiones de una mayor influencia política en el tejido social pero no destrozó, en el corto plazo, la dimensión anterior de los votos acumulados. Analizada esta cuestión con la perspectiva proporcionada por las tres décadas transcurridas, resulta indiscutible la profunda minoración operada en el espacio comunista en los Estados occidentales. Han surgido, ciertamente, otras fuerzas ubicadas al margen de los partidos socialistas tradicionales, con distinto nivel de representatividad y sin las hipotecas derivadas del alineamiento con el mundo soviético. Pero, con la muerte política de Gorbachov, finalizó un ciclo histórico que llenó, prácticamente, todo el siglo XX. @mundiario

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