Occidente se redefine ante el desafío del ascenso de China y su cooperación con Rusia

Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN. / RR SS
Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN. / RR SS

Afronta un gran esfuerzo para proteger a los más vulnerables de la crisis, incluyendo personas y países. / Análisis de las perspectivas políticas y económicas después del verano.

Occidente se redefine ante el desafío del ascenso de China y su cooperación con Rusia

Estamos en una época de turbulencias, de confrontación y de polarización global. Así lo definió la OTAN en su reunión de (Madrid, junio 2022). Tal definición fue el pórtico del denominado nuevo concepto estratégico. Éste último se fundamentó en el desafío sistémico que supone el ascenso del gigante chino en el mundo y su cooperación con Rusia. Por ello se acordó reforzar de manera significada su capacidad de defensa y disuasión. Se asume que los cambios son de profundo calado, que poseen un carácter territorial, que exigen nuevas operativas, que modifican conceptualmente las anteriores bases doctrinales, y que requieren de posicionamientos estratégicos innovadores. 

Cerciorados por una creciente tensión y con amplias acusaciones directas e indirectas entre los líderes, la actual coyuntura está preñada de una mayor incertidumbre y siendo alimentada por una elevada tensión sin precedentes en los últimos decenios. Así, hay líderes, como el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que utilizan sin rubor palabras como adversario en relación a quién no está a su favor o contra el que le plantea nuevos desafíos. Incluso también es común escuchar o leer frases como “intenta subvertir el orden mundial multilateral de normas e instituciones” o “cómo erosionar a la democracia”

En lo que atañe a la polarización territorial pasamos a visualizar nuevas alianzas políticas y de dimensión geográfica. Hay nuevos estrechamientos bilaterales entre socios del Pacífico, tanto entre sí como entrecruzados con otros países de diferentes continentes. Suponen, pues, formar áreas y círculos de concertación más heterogéneos que permiten una mayor integración en áreas económicas o simplemente territoriales con el fin de reducir costes de transacción, de reforzar lazos económicos-comerciales y de evitar disfunciones en las cadenas globales de suministro. Se presume que pueda desembocar en la formación de bloques monetarios regionales, a fin de sortear el creciente poderío del dólar frente al euro y otras monedas. 

En lo que concierne al concepto estratégico se apela tanto al reconocimiento del concepto de defensa, de integridad y de soberanía, por un lado; como a las nuevas tareas de prevención y disuasión, por el otro. Se busca que los efectos de cualquier acción o decisión no puedan llegar a afectar a un territorio y a su ciudadanía; de la misma manera que se debe disponer de mecanismos de respuesta a los efectos de acción/reacción.

Los integrantes de la OTAN han decidido aumentar sus políticas de defensa y ampliar sus flancos territoriales de cara a poseer mayores niveles de garantía de seguridad

En lo que hace referencia a los términos operativos, no hay duda de que los países del planeta están reaccionando de manera diversa a los desafíos mundiales. Es preciso, en consecuencia, armonizar y coordinar políticas y acciones. Los integrantes de la OTAN han decidido aumentar sus políticas de defensa y ampliar sus flancos territoriales de cara a poseer mayores niveles de garantía de seguridad a través de un mayor e intenso despliegue e inter-operatividad táctica. 

Finalmente, en lo que hace mención a la base conceptual, el nuevo marco global de actuación define los nuevos tipos de amenazas y de incertidumbre futuras. Se apuesta por desarrollar nuevas capacidades para poder contrarrestar las amenazas híbridas, esas que combinan elementos tradicionales con aquellos rasgos no-típicas. Es decir, ahora se utilizan proxies (actores o variables intermedias) que sirven para conseguir o mejorar un compromiso estratégico.

Fase de riesgos 

Las consecuencias económicas también entran en una fase de riesgos. De entrada, casi todos los expertos y las instituciones económicas más representativas (Fondo Monetario Internacional, OCDE, Reserva Federal Americana y Banco Central Europeo) niegan una repetición de las crisis de los años 1970 y 1980.  Pero, sin embargo,  también ven cada vez más difícil evitar una recesión, como afirma Powell. El propio presidente de la FED advirtió tanto en la cumbre de bancos centrales, celebrada en Sintra (junio) como en la reunión de Jackson Hole (agosto) que es posible mantener el empleo fuerte y devolver la inflación al objetivo, pero el objetivo es una tarea cada vez más difícil; para continuar afirmando, ante las subidas de los precios en EE UU y en el mundo, que “pasarse de frenada es una posibilidad”, al referirse a las consecuencias en la adopción de medidas. De ahí, su insistencia en el temor de una desaceleración económica y la complejidad de lograr un equilibrio que permita evitar un proceso doloroso en términos de empleo, ingresos y endeudamiento.  

Claro está que, ante esta problemática, la determinación de actuar es mejor que la de cautela. Y hay que hacer un gran esfuerzo para proteger a los más vulnerables de la crisis. Y ello no solo incluye a personas, sino también a países. Por eso, conviene llamar la atención en torno a la necesidad de un más elevado nivel de cooperación internacional. No existe un vademécum a dónde acudir, pero si pautas a seguir. Y aquí está la esencia de la política y de los políticos. Es ahora cuando tienen que demostrar su condición. @mundiario

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