Un obispo y un cura que se atreven a dictar normas morales a la sociedad civil

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Dos tonsurados, contra historia y tradiciones

¿Quiénes son el obispo de Tui-Vigo y el cura de As Neves para juzgar la vida personal de una mujer?

Un obispo y un cura que se atreven a dictar normas morales a la sociedad civil

Hace unos años, siendo un niño, recuerdo una historia que nos contaron en unos ejercicios espirituales para mostrar el alcance infinito de la misericordia de Dios con los pecadores. Fuera leyenda o realidad siempre me ha impresionado: Resulta que los familiares de uno que se había suicidado arrojándose desde un puente acudieron a Santa Teresa para pedirle que intercediera por él, cosa a la que ésta se negó, explicando que quitarse la vida era uno de los más graves pecados sin perdón posible. Pero cuando, desolados, se marcharon, se le apareció Cristo quien le dijo: “¡Teresa, Teresa, si entre el puente y el río estaba yo!”  En Lucas Lucas 7, 36-50, Jesús perdona delante de un fariseo a una mujer de mala vida y fama, mostrando de nuevo el aspecto más ilustrativo de su misericordia, ahora por lo visto escasa entre los funcionarios tonsurados. Especialmente la primera historia es consoladora para los familiares de los suicidas. Hace unos años, el obispo de Ourense, Angel Temiño, negó enterrar en sagrado ni admitirlo en la Iglesia a un joven que se quitó la vida tras un drama familiar que conmovió a la ciudad; pero sus amigos forzaron la puerta de una Iglesia, introdujeron el ataúd y un cura arriesgado rezó por él. ¿Quiénes son ellos para juzgar a los hombres o para juzgar a Dios? ¡Dónde quedó la misericordia y el consuelo a las familias! ¿Qué sabían ellos si entre el puente y el río estaba Jesucristo?

La sociedad gallega está conmovida estos días por otro episodio que vuelve a escandalizar y que, de momento, deja sin bautizar a una criatura. Como se sabe, el Obispado de Tui-Vigo, que ocupa Luis Quinteiro Fiuza, ha respaldado este martes la decisión del párroco de As Neves (Pontevedra), Francisco Javier de Romero, quien el pasado sábado se negó a aceptar como madrina de una niña a una mujer que cohabita con su pareja sin estar casados, defendiendo que "el párroco debe actuar con la necesaria fortaleza para rechazar un padrino que podría causar escándalo entre los fieles". Pero el escándalo lo causan ellos con su intolerancia. Pero lo más insólito es la nota del comunicado eclesial que se permite calificar un modo de convivencia perfectamente legítimo en nuestros días, pues dice "el hecho de que determinadas conductas públicas e inmorales estén muy extendidas entre los fieles no hace que estos puedan ser admitidos como padrinos". “¿Inmoral?”. ¿Según qué código? Inmorales son los curas pederastas.

Pero es que llueve sobre mojado, porque el actual párroco das Neves, se atreve a intervenir en la historia y las tradiciones de Galicia, con grave disgusto a sus feligreses, pues ha prohibido la famosa procesión de los ataúdes que se venía celebrando cada 29 de julio durante las fiestas de Santa Marta de Ribarteme.  Que no vaya si no le gusta, porque la llamada “Procesión dos cadaleitos” es algo más que una fiesta de interés cultural de Galicia, sino una prueba de fe sencilla de las gentes que de este modo agradecen a Dios haber salvado la vida en trance de perderla. Su origen nos retrotrae al siglo XII, e incluso se cree que era una tradición pagana que la Iglesia absorbió. Los fieles se ofrecen a Santa Martas y son llevados en ataúdes, sostenidos por amigos y familiares para agradecer haber superado la muerte. También en este caso el prelado de Tui-Vigo respaldo al cura en cuestión.

Otra vez en evidencia

Pero ahora, de nuevo, estos administradores eclesiásticos vuelven a ponerse en evidencia, no sólo por las decisiones que toman, sino por las notas que evacúan, como cuando el obispado dice que: "Ningún padre, o ningún bautizado adulto, se debe extrañar si el párroco rechaza un padrino que lleva un estilo de vida incompatible con las enseñanzas de la Iglesia Católica, pues es obligación del párroco actuar así”. Pero si la feliz convivencia en pareja es un acto de amor, legal y constitucionalmente protegido sin más requisito. El párroco de As Neves será un buen pastor para el obispo, pero es un entrometido vecino, lo mismo que su ilustrísima, al consignar que a la persona elegida por los padres como madrina “es obligado exigirle "una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir, lo que parece no coincidir con el hecho de convivir sin que medie matrimonio”. ¿Pero quién es él para exigirle a una ciudadana nada? Nótese la hipocresía, si la Iglesia que cuando casa dice aquello que "lo que Dios ha unido no lo separe el hombre", anula matrimonios con hijos por razones pintorescas, sobre todo de gentes de la farándula, que se vuelven a casar sacramentadamente las veces que quieran. Hipócritas, sepulcros blanqueados, que diría Cristo.

Un obispo y un cura que se atreven a dictar normas morales a la sociedad civil
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