La irrupción del FBI en la mansión de Trump desató una tormenta política

Donald Trump, expresidente de EE UU. / IG
Donald Trump, expresidente de EE UU. / IG

El expresidente, acusado de mal manejo de documentos clasificados, dijo que eran “tiempos oscuros” para Estados Unidos.

La irrupción del FBI en la mansión de Trump desató una tormenta política

La irrupción de agentes del FBI en la opulenta mansión del ex presidente Donald Trump en la Florida ha causado un revuelo político en la nación.

Indignado, el propio Trump –que no se encontraba en su palacio de 126 habitaciones en Palm Beach– dijo mientras ocurría el allanamiento que “estos son tiempos oscuros para nuestra nación, cuando mi bella casa, Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida, está actualmente bajo sitio, allanada y ocupada por un gran grupo de agentes del FBI. Nada como esto ha ocurrido nunca antes a un presidente de EE UU”.

En busca de documentos secretos

El allanamiento se llevó a cabo con la intención de encontrar documentos secretos que Trump se habría llevado de la Casa Blanca al concluir su período presidencial. Los presidentes de Estados Unidos están obligados por ley, cuando finaliza su mandato, a entregar a los Archivos Nacionales todos los documentos y mensajes (en papel o electrónicos) que hayan producido durante su presidencia. Trump ha sido acusado de incumplir esa obligación.

Inmediatamente, sus numerosos seguidores del Partido Republicano realizaron protestas y difundieron en las redes sociales mensajes de condena a la acción del FBI, sin tener en cuenta las acusaciones contra el exmandatario.

Los más enardecidos partidarios de Trump publicaron mensajes agresivos en línea. Entre ellos, la frase en inglés “lock and load”, que significa “poner un cargador y montar” (el fusil) y en sentido figurado, prepararse para un evento inminente. Aseguraron que el país está sufriendo una “guerra civil fría”. Un usuario de las redes escribió que el secretario de Justicia, Merrick Garland, debe “ser asesinado. Así de simple”. Otro pidió matar a los federales.

Entre los que publicaron esos mensajes muy inquietantes se encontraba uno de los que invadieron el Capitolio el 6 de enero de 2021, Tyler Welsh Slaeker, quien fue denunciado por sus propios suegros por irrumpir ese día en el Congreso y que recibirá su sentencia el próximo noviembre.

Daniel J. Jones, exinvestigador del Senado estadounidense que ahora dirige la organización sin fines de lucro Advance Democracy, dedicada a investigaciones de interés público, dijo que “estamos viendo una retórica conspirativa de funcionarios electos, líderes políticos y artistas políticos que está alimentando los llamados a la violencia en el mundo real”. Esa retórica, aseguró, “continúa socavando nuestras instituciones y la democracia a un ritmo alarmante”.

Una nación dividida

Los repetidos llamados a una guerra civil en Twitter y otras redes sociales son una señal de alarma. La nación está muy dividida. Los seguidores más fieles de Trump nunca aceptaron su derrota en las urnas frente a Joe Biden y todavía se creen las mentiras sobre un supuesto fraude electoral que el propio Trump se encargó de inventar y de difundir.

Esas mentiras dieron pie a la invasión del Capitolio por una turba armada, representante de un sector numeroso de la población estadounidense que cree que las minorías y los izquierdistas les están robando el país.

El país, sí, ha cambiado y está cambiando, pero no de la manera que los extremistas piensan. Está cambiando gradualmente para bien, para ser una nación más inclusiva, donde no se discrimine a nadie por el color de su piel, por su etnia, por su nacionalidad, por su religión o su ateísmo, donde no haya discriminación contra las mujeres ni discriminación por la preferencia sexual de cada persona.

Pero los extremistas tienen ideas y prejuicios arraigados y se oponen al cambio social. Ven a Trump como su adalid y quieren su regreso a la Casa Blanca en 2024, a pesar de los delitos de los que se le acusa. Los mensajes de incitación a la violencia tras el allanamiento de la mansión del ex presidente indican que no se puede subestimar el riesgo que corre la democracia y que el gobierno y la sociedad no deben bajar la guardia frente a los que conjuran el espectro de una guerra civil en un país donde hay más armas que habitantes. @mundiario

Pueden leer mi novela La espada macedonia y mi ensayo Biden y el legado de Trump, publicados por Mundiediciones

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