El Gobierno muestra nerviosismo plegándose a sus aliados

Rey Juan Carlos I junto al príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán. / RR SS.
Rey Juan Carlos I junto al príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salmán. / Mundiario

La primera incursión de Feijóo en política territorial ha mostrado las contradicciones internas del PP mientras el PSOE abandona su propio discurso para adoptar el de quienes no le votarán.

El Gobierno muestra nerviosismo plegándose a sus aliados

El Gobierno está profundamente molesto con el espectáculo provocado por el Rey emérito y ha procurado que varias ministras así lo hagan saber, además de portavoces y diputados varios. El extrañamiento forzoso impuesto al anterior Jefe del Estado como cortafuegos mientras las instituciones, Hacienda y Fiscalía principalmente, trataban de cerrar los posibles efectos judiciales derivados de la constitución y gestión de un notable patrimonio personal, ha finalizado con un estruendoso recibimiento mediático.

Es posible que en la mente de quienes urdieron el pseudoexilio estuviese presente el ejemplo de monarcas como el Emperador Carlos I retirado en el Monasterio de Yuste o de su sucesor Felipe II, quien hizo lo propio en el monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Pero los tiempos han cambiado y la espesa religiosidad de aquellos ha dado paso a la ruidosa mundanidad de Juan Carlos I. En realidad la sorpresa es que no se hubiese previsto un lugar de retiro en suelo español, dejándolo en unas nebulosas visitas privadas que al parecer se pretendían clandestinas.

Naturalmente el debate político ha sido inmediato. PP y Vox alineados en defensa del monarca, PSOE y sus aliados en contra. Subrayemos que algunos de estos últimos han llegado al insulto personal. Ahora bien el Gobierno ha introducido un matiz que merece comentario pues según dice, el ilustre retornado debería dar explicaciones. ¿Sobre el origen de su patrimonio? ¿Sobre sus labores de intermediación? ¿Aclarar si fueron dádivas o comisiones? El asunto es más turbulento de lo que parece. Tratándose de una persona cuya vida privada está prácticamente reducida a la alcoba e incluso en esta ha participado el CNI, parece poco creíble que la acumulación de un vasto patrimonio no fuese detectada en tiempo real por los sucesivos gobiernos.

En un reciente libro (“El jefe de los espías”) sobre quien fue director del CESID, antecedente del actual CNI, los periodistas Juan Fernández Miranda y Javier Chicote, con acceso a documentación personal del general Alonso Manglano, aportan muchos datos que producen sonrojo en cualquier lector. Contemplar como una autoridad del Estado se transforma en cortesano del monarca incluso para asuntos íntimos, poniendo el aparato estatal y también los fondos reservados al servicio de intereses personales es una aberración que, insistamos en ello, no pudo hacerse de espaldas a los distintos Gobiernos. La voluntad de mirar hacia otro lado y dejar hacer se compadece mal con la actual petición de explicaciones que, de ser sinceras, arrastrarían a empresas y cargos públicos a la picota. Pues la cuestión es muy simple: en los asuntos descritos, las dádivas ¿se otorgaban a la persona privada o a la magistratura? ¿Acaso es posible discernirlas? Por citar un ejemplo, sólo en el contrato del AVE a La Meca, origen al parecer de una cuantiosa donación de la monarquía saudí, participaron una veintena de empresas españolas además de la propia Administración. Es difícil creer que nadie fuese consciente de los intereses en juego.

El Gobierno debería distanciarse de sus turbulentos aliados al menos en las cuestiones que afectan a las instituciones. Rebajar la dignidad de la Presidencia del Gobierno acudiendo al lenguaje coloquial para calificar de mangantes a sus opositores o de piolines a los agentes policiales, le puede granjear el aplauso de sus socios pero difícilmente el de los electores. Además de despreciar a los cuerpos policiales, como estos recordaron con abucheos al Ministro de Interior, tras la truculenta sustitución en el CNI. Y aún haciéndole la campaña victimista a Vox mediante el torticero recurso de la denegación del empadronamiento violentando el artículo 19 de la Constitución (“Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por todo el territorio nacional”).

Son errores que indican nerviosismo electoral. Aunque el PP intenta que la agenda política esté presidida por la situación económica, en la confianza de que si continúa el deterioro provocado por el alza de precios los españoles votarán con la cartera, su posición dista de ser sólida. En su primera incursión en la política territorial, Feijóo se ha encontrado con la crítica encendida de algunos medios del espacio conservador y ha debido rectificar a su principal cargo orgánico además de escuchar a Ayuso con un discurso muy diferente. Un ejemplo de la complejidad de la agenda que, como es sabido, no la eligen los Gobiernos ni la oposición.

Con la guerra de Ucrania relegada informativamente a un asunto cotidiano, sin esperanzas de una pronta solución, los problemas domésticos retoman el protagonismo mediático. El Gobierno mantiene todavía el suficiente control de muchos asuntos como para poder fijar el discurso político en torno a asuntos más relevantes y en los que la oposición tendrá dificultades para mantener posturas coherentes. Las andanzas del Rey emérito no son uno de ellos. @mundiario

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