Felipe VI hizo bien, sentado ante una de las espadas de Bolívar

El Rey sentado (640x480)
El Rey sentado.
En su show “Aló presidente”, Chávez habló durante cuatro horas de las virtudes taumatúrgicas de la famosa espada.
Felipe VI hizo bien, sentado ante una de las espadas de Bolívar

Hay tantas espadas de Bolívar por el mundo, que cuesta discernir cuál es, si existe, la verdaderamente original. Chávez repartió 18 unidades durante su mandato, a dirigentes tan democráticos como Raúl Castro de Cuba o Bashar Háfez al-Ássad, de Siria, entre otros, lo que confirma el carácter ejemplar de este símbolo.

Existen fundadas sospechas de la que se guarda en Caracas es en realidad una réplica, fabricada en Taiwán. O sea, que ya ven. La que se toma por original en realidad una espada de ceñir española, cuya réplica se podía adquirir en las espaderías de Toledo y yo mismo, aficionado a estas cosas, la he tenido en la mano. Dada la historia de este acero, creo el Rey Felipe VI ha sido prudente y consecuente ante la representación teatral que tuvo lugar ante sus ojos. Y pienso que el jefe del Estado no debería ser enviado a este tipo de eventos, dado otros antecedentes, como en el caso del Perú, donde hubo que soportar ofensas a España o, cuando aún era príncipe de Asturias, que tuviera que hacer de comparsa escoltando por turno el cadáver de Hugo Chávez. Por cierto, que este personaje, cosa insólita, llevaba la espada que conserva su país en sus viajes por América.

En su show “Aló presidente”, el tal Chávez, en una ocasión, habló durante cuatro horas de las virtudes taumatúrgicas de la famosa espada. Por eso la llevaba consigo cuando viajaba a otras repúblicas hispanoamericanas. Según el fallecido presidente venezolano, la espada iba a ser como el elemento que lograría la “recuperación bolivariana de los pueblos latinoamericanos”. Tal parece que el espíritu de Chávez y la magia de la espada (la que tienen en Colombia) volvió a emerger en la toma de posesión del presidente Gustavo Petro, en medio de un lance teatral y el propio enfrentamiento con su antecesor Iván Duque.  Para Petro la espada es un símbolo de sí mismo, es además una espada peregrina. Fue robada en 1974 por el M-19, el grupo guerrillero al que perteneció el propio Petro. Luego aparece en manos de Fidel Castro, a quien se la entrega el jefe del M-19, Antonio Navarro Wolf, quien se la devolvió al entonces presidente de la República, César Gaviria.

Vista la historia de la espada y el desarrollo del acto, Felipe VI actuó de modo prudente, aunque no evitó ni la crítica a su persona y los insultos a sí mismo y a España. A este tipo de actos, visto los procedentes, no debería acudir. Si acaso que lo haga el ministro de exteriores, Albarés, o alguno de los ministros de Podemos, como la Belarra o la Montero, la Díaz o el Garzón admirador todos de Cuba y el mundo bolivariano, que estarían encantados. Por cierto,  que en medio de este vodevil,  es de destacar la digna postura del presidente saliente, con respecto a la versión colombiana de la espada que se guarda en la Casa de Nariño, el palacio presidencial, ya que Iván Duque entendió que respeto a este símbolo requería que no fuera empleado de modo arbitrario por su sucesor, de modo que no estaba previsto en el programa. Pero Petro, nuevo Chávez, quiso como hacía el venezolano tener la espada presente para pronunciar su discurso y hacer que los invitados al acto se inclinaran ante ella.

Símbolo contra España

Huelga recordar ahora que, en determinados sectores de las sociedades colombiana y venezolana, sus espadas de Bolívar son la expresión viva contra España y la propia historia española de sus países, aunque le expresen en el mismo idioma. Es más, los sectores del entorno del nuevo presidente se han cansado de repetir en redes sociales que Felipe VI, que debería haberse humillado ante la espada, recibió en este acto una lección de humildad democrática. Pero si aquel fuera un acto verdaderamente institucional sobraba tanto teatro bolivariano. Quizá para permanecer sentado, a Felipe VI se le pasó por la memoria el recuerdo de aquella frase pronunciada por el propietario de aquella espada: “Guerra a muerte a todos los españoles y canarios”. Pero ya ven, hasta Bolívar tiene monumentos y calles en España. Y era de origen canario. @mundiario

Felipe VI hizo bien, sentado ante una de las espadas de Bolívar
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