Feijóo el ambiguo y la sumisión de los comunes

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso del partido de Madrid. / @IDiazAyuso
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso del partido de Madrid. / @IDiazAyuso
Si un vicepresidente fascista desprecia a una procuradora en sede parlamentaria, pues Feijóo declara que no tiene datos o que son declaraciones sorprendentes; pero lo realmente sorprendente es su falta de compromiso con la diputada agredida.
Feijóo el ambiguo y la sumisión de los comunes

¿Quiénes son los comunes? Son las clases trabajadoras y medias, aquellos cuya mayor parte de sus posesiones son compartidas con el resto de los ciudadanos. Los comunes son los que atesoran sus haberes en lo común, bienes que gestiona el Estado en nombre y beneficio de todos. Los comunes viven en lo público porque construyen con su trabajo lo público. Los peores enemigos de los comunes son los parásitos que viven de lo estatal. No me refiero a los millones de funcionarios que se dejan el pellejo todos los días para prestarnos los innumerables servicios que hacen nuestras vidas cotidianas cómodas y seguras.

Estoy harto de esos que solo saben abominar de los trabajadores públicos. Las ideologías populistas que desprecian sistemáticamente a los funcionarios son enemigos de los comunes. Estos enemigos de lo público, de boquilla, luego son muy amigos de lo ajeno y se dedican impunemente a saquear lo que es de todos, como los comisionistas de las mascarillas de Madrid, o los que entregan contratos del Estado a hermanos y sobrinos. Todos estos ladrones nos cuestan a los comunes un porcentaje tal que alcanzaría para erradicar la pobreza de nuestra nación.

¿Recuerdan? Alberto Núñez Feijóo etiquetó a los criminales de las mascarillas como pillos. ¿Pillos son los que saquean lo común en mitad de la gran pandemia del siglo? Pero no nos pongamos trágicos, intentemos comprender a don Alberto y pongamos las cosas en la medida de quien juzga: quizá, a lo mejor, para Feijóo, Marcial Dorado, el narcotraficante que le hace compañía en la famosa foto del yate de lujo, no pase de ser un niño travieso. Casi nos da pena: Pobriño narco, obligado a vender fariña a esa chusma de drogadictos degenerados. ¿Este es el nivel moral? No sé por qué, pero me viene ahora a la cabeza la naturalidad con la que Feijóo pactó con la ultraderecha en Castilla León. ¿Serán para él buena gente, muy trabajadora y defensora de la democracia, la Constitución y los derechos de las minorías, la mujer y la clase obrera? Si un vicepresidente fascista desprecia a una procuradora en sede parlamentaria, pues Feijóo declara que no tiene datos o que son declaraciones sorprendentes; pero lo realmente sorprendente es su falta de compromiso con la diputada agredida. Van aviados en España con las mil capas y dos caras de mi compadre. Los gallegos somos incorregiblemente ambiguos. Bueno, hasta que dejamos de serlo: recuerden ustedes la que lio Franco. Aunque es mejor no darle ideas a la derechita cobarde, que a los gallinas los carga el diablo.

Pues todo esto viene a cuento de lo trágico que resulta contemplar a estos españoles del común que viendo los actos de saqueo, blanqueo y pactos entre la derecha pillavana y la ultraderecha traviesa, van y les votan. Los Madriles son paradigma de la enajenación colectiva de los comunes. Que sí, que están en su derecho. Faltaría, cada cual se deja oprimir por quien quiera. Así nos fue en España los últimos quinientos años. Galopamos, galopamos, pero no hacia nuestra libertad, como el caballo cuatralbo de Alberti que cantó Paco Ibáñez, sino en búsqueda de nuestro destino de sumisión y alienación perpetua.

¡Que ya llevamos muchos años de democracia! Esto hay que joderlo de alguna forma. ¡Vivan las caenas!, gritaban en 1823 los sumisos a Fernando VII. Ahora los vasallos de la IDA gritan, ¡vivan las cañas! Cambian las caras, pero los tontos siempre somos los mismos. @mundiario

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