¿Estados Unidos de nuevo frente a China?

Ejercicios militares del Ejército chino en torno a Taiwán. /Twitter
Ejercicios militares del Ejército chino en torno a Taiwán. /Twitter
Un claro enfrentamiento de Estados Unidos contra China, que se salta acuerdos reiterados y refrendados por Naciones Unidas.
¿Estados Unidos de nuevo frente a China?

Son muchos los datos que apuntan en esa dirección. El empeño de la Sra. Pelosi, de visitar la isla de Taiwán, es un signo más de este enfrentamiento, y muy significativo, tanto por su rango político, como por su inoportunidad, planteando un desafío estratégico en un momento en el que el mundo necesita acuerdos entre las grandes potencias o, al menos, respeto a los acuerdos ya establecidos.

Un claro enfrentamiento de Estados Unidos contra China, que se salta acuerdos reiterados y refrendados por Naciones Unidas. Y no es un empeño personal de la Señora Pelosi, aunque ella la ha defendido con celo digno de mejor causa:  lleva el respaldo de su gobierno y de su presidente y, desgraciadamente -lo digo como ciudadano europeo- lleva implícito o explícito- el consentimiento cómplice de la Unión Europea y de la OTAN. Aparece, pues, una vez más, como un enfrentamiento de Occidente frente a China.

La estrategia clara de Estados Unidos, sobre todo en la última década y acentuada por la Administración Biden, viene siendo la de “contener” a China; es decir, como hemos reiterado, contener su desarrollo económico, tecnológico, estratégico, político… En un paso más, o una vuelta de tuerca más: se avanza hacia una guerra frontal contra China, una nueva “guerra fría”; la del macartismo en años 50-80 del siglo XX, fue la cruzada contra el comunismo; ahora es la “guerra fría” por el hegemonismo monopolista de Estados Unidos y contra China a la que se pretende cerrar el paso, impidiendo, o dificultando, que emerja como gran potencia a la par con Estados Unidos y la Unión Europea. 

Y la excusa, ahora, es Taiwán, una isla pequeña, de 35.000 kilómetros cuadrados, en el inmenso territorio de soberanía china, de 9,5 millones de kilómetros cuadrados, con 23,5 millones de ciudadanos de los 1.340 millones de ciudadanos chinos. Una isla bajo soberanía china durante los últimos siglos del Imperio del Centro hasta 1898, cuando las tropas japonesas la ocuparon como colonia, con la complicidad de las potencias occidentales que en esa época colonizaban gran parte del territorio chino, hasta la rendición de Japón en 1945. 

¿Por qué tanto empeño de Estados Unidos por “defender” ahora esta minúscula parte de China? Es una excusa para impedir que China sea aceptada y pueda actuar como una de las tres grandes potencias mundiales. Estados Unidos no acepta competidores en su hegemonía global y para ello promueve esta nueva “guerra fría”.

La anterior “guerra fría” contra China se inició al final de la II Guerra Mundial: a la hegemonía de Estados Unidos se oponía la URSS, por una parte, y, por otra, el comunismo amenazaba con ganar la guerra civil en China, como así fue. Entonces, 1945, la pequeña isla de Taiwán se consideró un “portaaviones insumergible” frente a China y frente al comunismo, en frase del general MacArthur, entonces jefe de las fuerzas estadounidenses en Asia. Por presión de Estados Unidos la República Popular de China no fue reconocida, tras su establecimiento en 1949 hasta 1971 por Naciones Unidas y Estados Unidos todavía se resistió a reconocerla como su único gobierno legítimo hasta 1979; había recuperado su puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU, bajo la política de una sola China, que Estados Unidos también reconoció, como lo han ido reconociendo todos los países del mundo, excepto 13 pequeños Estados, entre ellos, por ejemplo, Suazilandia o el “Estado” Vaticano. La política de la ONU fue y es clara: sólo reconoce una China, la República Popular, y su soberanía sobre todo el territorio chino, incluida la isla de Taiwán, por supuesto. En consecuencia, la RPC es el único país que participa, con plena soberanía, en todos los organismos de la ONU, empezando por su Consejo de Seguridad y todos los organismos multilaterales (FMI, BM, OMC, BAD…) siguen esa misma política. Y todos los países del mundo, excepto los 13 citados.

Y Estados Unidos, desde entonces, defiende esa misma política: “una sola China” y lo acaba de reiterar en estos días, pero “sólo de palabra”; sí, porque, mientras, apoya con cientos de miles de millones, con ingente cantidad de armas sofisticadas y con respaldo político a los secesionistas de Taiwán; es decir, apoya con todos esos medios a los secesionistas en contra de la política de una sola China y a favor de la secesión de la isla de Taiwán. ¿Es, entonces, una política de doble moral, de doble vara de medir, o de hipocresía internacional?  

La señora Pelosi defiende su vista a Taiwán con el argumento “¿quién me puede negar el derecho a realizar esta visita?” Pues nadie, señora Pelosi, salvo los acuerdos firmados por su país, o las decisiones de la ONU. Y dice usted, según su criterio, que su visita a Taiwán tiene el objetivo de defender la democracia ¿es aplicable ese criterio suyo a Arabia Saudí, a la Palestina ocupada militarmente, Nigeria, y tantos otros territorios a los que podría “honrar” con su visita en defensa de la democracia?  Afirma Ud. que su visita es en apoyo a la libertad de los taiwaneses secesionistas; también, entonces, debería visitar a los secesionistas catalanes, quebequenses o escoceses en contra de sus gobiernos centrales.

En las Cumbres entre el presidente Biden y el presidente Xi Qin Ping éste le viene advirtiendo de que cumpla sus compromisos, que no cambien de política, que no juegue con fuego, que abandone la ambigüedad y la doble moral. Para China esta visita significas un ataque directo a su soberanía ¿Se puede entender de otra manera? O ¿pretende Estados Unidos ofender la inteligencia de los ciudadanos globales afirmando que esta crisis “la provoca China”? 

Esta visita es un ataque frontal de Estados Unidos y de Occidente a la soberanía de China y a las resoluciones de Naciones Unidas: lo están expresando en sus redes sociales las voces de cientos de millones de ciudadanos chinos, que Occidente no quiere escuchar, recordando, además, explícitamente, aquel siglo de agresión que infringió Occidente a China de 1840 a 1949 y de casi 20 años de guerra, terrible, de Japón. Se ha reabierto una herida histórica que es urgente restañar y que se está expresando en la ira de los ciudadanos chinos por esta agresión y de bloqueo marítimo y aéreo del gobierno chino, reacción bien advertida por China con antelación.

Estamos a tiempo de restañar esa herida antes de que se infecte: respetemos, como Occidente civilizado, los acuerdos internacionales y nuestros acuerdos entre países y abandonemos toda ambigüedad: la política de una sola China que nació con toda la autoridad de la ONU y el respaldo de más de 190 países  debe prevalecer sobre toda otra estrategia de “contener” a China, o de ignorarla como gran potencia imprescindible en la gobernanza global, y respetada en sus soberanía plena, como cualquier otro país soberano que no puede aceptar secesionismos y defiende su territorio y sus fronteras. 

Este mundo nuestro, tan mal globalizado, ganará mucho, ganaremos mucho todos los ciudadanos globales, el día que Occidente se baje de su pedestal de hegemonismo dominante y acepte y reconozca que China ha vuelto para quedarse ¡y se queda! @mundiario

¿Estados Unidos de nuevo frente a China?
Comentarios