¿Es consciente Sánchez del efecto de sus cesiones a Bildu con respecto a ETA?

Pedro Sánchez y el entorno abertzale. / RR SS
Lastra, Otegui y Sánchez
Según Bildu,la nueva ley reconoce a los etarras “por su lucha por la consolidación de los valores democráticos”.
¿Es consciente Sánchez del efecto de sus cesiones a Bildu con respecto a ETA?

Resulta particularmente insólito que el mismo sujeto que afirmaba desde la tribuna del Congreso que su vida pública estaba regida por sus principios, y luego, con relación a entenderse con Bildu que “no es no y nunca es nunca”, idea remachada por su compañera Carmen Calvo, en el sentido que pactar con los herederos de ETA era una línea roja intraspasable, y añadir “y los socialistas somos de fiar”, digo que repugna sobremanera que aquel mismo personaje, en materia tan delicada como la ley de la Memoria democrática haya cedido a las pretensiones de los citados de suerte que se trata de articular el modo de blanquear a ETA y justificar, como ya se ha manifestado, que sus acciones fueron útiles, necesarias y pertinentes para traer la democracia a este país. ¿Valora Sánchez las repercusiones que suponen sus cesiones a Bildu y los efectos de las mismas?

Me pregunto qué pensaría hoy aquel hombre decente que, tras pasar gran parte de su vida en la cárcel, fue uno de los animadores y más destacados defensores de poner a cero el contador de los odios entre españoles y por lo tanto de la ley de amnistía. Me refiero a Marcelino Camacho. Y en ese sentido, es necesario dejar en claro que una cosa es la recuperación, devolución a las familias y dignificación de sus restos de las personas que yacían en las cunetas y en los montes y que era, sin duda, una cuestión pendiente que no se debía dejar pasar, y otra los efectos de una y otra ley sobre la perspectiva general de un asunto que creíamos superado. En el fondo, primero con la ley de la Memoria histórica y ahora con la de la Memoria democrática, se trata no ya de recuperar dignamente a esas otras víctimas olvidadas de la guerra civil y sus consecuencias, sino cuestionar y dejar sin efecto, al menos moralmente, una pieza esencial de la transición, que parece que es de lo que se trata. Y, sobre todo, pese a los discursos lo que subyace es haber cedido propósito de los administradores de la herencia de ETA de reconocer, como siempre pretendieron, que los terroristas eran en realidad unos soldados que, en el fondo, prestaron un servicio a la causa de la democracia. Y por si tenemos dudas, ahí están las palabras de la portavoz de EH Bildu en la Comisión Constitucional del Congreso, Bel Pozueta, que ha dicho que la nueva ley reconoce a los terroristas “por su lucha por la consolidación de los valores democráticos”.

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El mundo de ETA sale reforzado con la nueva ley

ETA y su mundo obtienen una nueva victoria gracias a los votos de Bildu que tan necesarios son a Pedro Sánchez. Su estrategia durante la actual etapa de Gobierno de progreso ha sido realmente inteligente. Primero, suavizaron el discurso y se redujo al ruido escénico de los homenajes a sus pistoleros que, sin embargo, siguieron siendo recibidos como héroes al recobrar la libertad. Y en ese contexto, se negociaba con los emisarios del PSOE, como Adriana Lastra, entre otros. El objetivo era, y ahora lo va a hacer posible la ley de la memoria democrática, convertir a los etarras en víctimas, perseguidas por una policía que, en plena transición, era la misma que en tiempos de Franco.  Y lograron lo que querían: acercamiento de presos, transferencia de las prisiones al gobierno vasco, régimen carcelario especial y excarcelaciones a cambio de realizar, entre otros, cursos de jardinería. Y ahora el remate.

Los 358 crímenes impunes de ETA

Ya no importa que ETA haya dejado el balance de 829 asesinatos, de los cuales más de tres de cada cuatro se perpetraron durante la transición. Y de esos crímenes, 358 quedaron y están impunes. Durante su siniestro historial, secuestró a más 80 personas y fueron miles los empresarios extorsionados a lo largo de su siniestra trayectoria, desde su primer atentado mortal el 7 de junio de 1968 hasta el 16 de marzo de 2010 en que asesinó a n gendarme francés. Pero han conseguido que la ley de la memoria democrática se ahorme al objetivo de convertir a los terroristas y su mundo en víctimas en la lucha por la libertad, de modo que alargan hasta 1983 el cuadro dentro del que quieren dibujar su epopeya. Pero es que, además, el Gobierno había manifestado que nunca se aceptaría esta pretensión, en la que los que van a ser juzgados no serán los etarras sino quienes los combatieron.

Hace unos años, en que coincidí con el ministro del Interior, en unas jornada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Vigo, el entonces magistrado en ejercicio, Marlaska, me contó que cada vez que interrogaba a un etarra declaraba haber sido torturado por la policía o la guardia civil, como indicaba el guion que la banda facilitaba a sus miembros, dentro del prontuario de lo que debía declarar al ser detenidos.

Volviendo al asunto de la amnistía, se debe recordar que La gran virtud que tuvo en su momento es que enmarcó la transición fue que sentó las bases, o eso creíamos, para la reconciliación de los españoles. Y de aquella medida de gracia se beneficiaron desde terroristas de ETA que, por cierto, volverían a matar, a policías torturadores, del franquismo, cierto, pero también se trató de cerrar todas las heridas y borrar para siempre las secuelas de la guerra civil y del franquismo. Pero llegó Zapatero y con él un izquierdismo de salón, del que es continuador Sánchez, dispuesto a revisar la historia y volver a colocar a los españoles en uno u otro bando de lo que creíamos haber dejado ya en los libros de la historia. Y no conviene olvidar que, por ahora, los únicos consocios de Sánchez, que se han abstenido en la comisión constitucional de aprobar el proyecto de ley ha sido ERC. Para ellos, la ley se queda corta y pretenden que se deroga sin más la ley de la amnistía. Así de claro.

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