Dignidad y lealtad

El Gobierno posa en la escalinata del Palacio de la Moncloa antes de una reunión del Consejo de Ministros. / @desdelamoncloa
El Gobierno posa en la escalinata del Palacio de la Moncloa antes de una reunión del Consejo de Ministros. / @desdelamoncloa

Dos conceptos desconocidos para un Gobierno hilvanado por los intereses, que busca el provecho propio y no el de España.

Cuando tenemos dudas para definir de forma exacta una situación, un hecho, una actitud o una cosa, es aconsejable recurrir al diccionario, con el fin de ser precisos y evitar errores.

Veamos. Dignidad: “Hacerse valer como persona, con respeto a uno mismo y los demás y no dejar que le humillen y degraden.” Lealtad: “Respeto y fidelidad a los compromisos establecidos y a los propios.”

Se trata de dos conceptos generalmente admitidos como sinónimos entre si, sin embargo, la dignidad tiene un matiz diferencial importante: “no admite que le humillen y degraden.”

Un tercer concepto relacionado con los anteriores es el interés, beneficio o recompensa, porque cuando aparece, se suele pisotear la dignidad y la lealtad, olvidarse del respeto a uno mismo y aceptar la humillación hasta llegar a la degradación.

Adorno del Gobierno

La indignidad y la deslealtad, en mi opinión, son dos de las características que “adornan” al Gobierno de Pedro Sánchez, porque es una coalición de intereses de hasta cuatro partidos; lo aclararé: socialistas, comunistas, podemitas y el proyecto transversal de la señora Díaz.

Empecemos por la deslealtad permanente de las tres últimas facciones indicadas, con declaraciones públicas insolidarias sobre determinados acuerdos del Gobierno del que forman parte y a cuyas reuniones asisten, no como oyentes, sino como partes del mismo: guerra en Ucrania, cumbre de la OTAN, gastos de defensa, crisis del CNI, reforma laboral, sentencias judiciales, postura ante el cambio de opinión sobre el Sahara, desplantes a la Monarquía, nacionalismo,... y otras muchas cosas que ustedes recordarán. Esto se llama deslealtad.

Pero ese desacuerdo frontal no ha tenido la lógica consecuencia de abandonar el Gobierno; y esto también tiene nombre: carencia de dignidad; con lo que han hecho realidad el refrán “llámame perro y tírame pan”.

A su vez, el Presidente del Gobierno, al no irse los desleales por sentido de la dignidad, debió levantarlos de las poltronas y abrirles la puerta de la calle para que en ella defiendan sus desacuerdos con pancartas y algaradas. No lo hizo, pese a haber sido humillado con frecuencia, porque carece de dignidad y, ante esas manifestaciones de sus socios, se limita a apretar las quijadas, adoptar una sonrisa de circunstancias y seguir velando por sus intereses.

También los miembros del Gobierno han sido ninguneados, además de por sus socios, por el propio presidente, en asunto tan grave  como el cambio de criterio sobre el Sahara; en el caso del Ministro de Asuntos Exteriores, la actitud ha sido de desprecio. Y ahí siguen todos, humillados, porque desconocen el significado de lo que es la dignidad, sin pensar en la dimisión. Dame pan y llámame tonto o ande yo caliente y ríase la gente.

El prestigio de España ante la UE, OTAN y otros organismos internaciones queda en entredicho, con las actuaciones que un gobierno formado por un puñado de personas desleales e indignas, que aceptan el vasallaje y su precio. @mundiario

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