Confianza en la política y voto a izquierda o derecha

Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso. Twitter.
Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso. / Twitter.

A la izquierda siempre le ha costado entender por qué la gente puede votar a Díaz Ayuso o a Vox. Por ese camino, la izquierda no tiene futuro.  

Confianza en la política y voto a izquierda o derecha

Según los datos publicados por eldiario.es, el 96% de los votantes de Vox y el 77% de los del PP tiene muy poca confianza en la política, mientras que eso ocurre para el 45% de los votantes de Podemos y el 30% de los del PSOE. Este tipo de datos tienen muchas implicaciones, de las que fueron conscientes los asesores de Donald Trump, que consiguieron llevar a una persona como él a la presidencia de Estados Unidos. Veamos algunas posibles interpretaciones para el caso español, a sabiendas de que todas las explicaciones reales han de ser más complejas.

Voy a intentar visualizarlas a continuación en ejemplos simples. Uso la palabra “robar” como metáfora de la corrupción que asola al Partido Popular desde que existe, o de su defensa del Rey emérito comisionista, pero para el caso de Ciudadanos o Vox esa palabra se puede traducir como “decir barbaridades”, ya que su historial de gobierno es escaso. No digo que no pueda haber corruptos o manipuladores en la izquierda. Mi tesis, simple, pero poderosa, es que las diferencias de confianza en el sistema político entre votantes de izquierda y derecha explican muchas cosas.

el votante de Vox o del PP

Al no confiar en la política, el votante de Vox o del PP se informa menos de la política, y solo sigue medios fieles de información: no le interesa la política y su voto es más emocional.

Aun teniendo información, el votante del PP disculpa la corrupción de su partido: no te puedes fiar de ningún político, por lo que votas a los "tuyos". Para Vox esto es claro, por eso apuesta por un voto antisistema: cuanto más desprestigio de la política, más voto a la derecha.

El votante del PSOE o Unidas Podemos

El votante del PSOE o Unidas Podemos quiere “todo” (justicia social, ilusión, ecología, dietas equilibradas, trabajo en industrias cárnicas, sanidad...), mientras que el de Vox o el PP acepta muchas cosas con las que quizás no esté de acuerdo, o que “roben”, con tal de que le bajen algún impuesto o le insuflen espíritu patriótico.

El votante del PSOE o Podemos, al no ser un cínico político, es más sensible al desencanto o cansancio, y con mayor facilidad se va a la abstención; mientras que en el polo opuesto el voto puede oscilar entre Ciudadanos, Vox o el PP, ya que no espera mucho de ninguno de ellos. "¿Rivera es guapo y dinámico? Vale, le voto". "¿Terrazas para cañas y fastidiar al gobierno? Vale, voto a Díaz Ayuso".

El votante del PP o Vox, o una parte importante del mismo, no confía en la política, pero sí en Dios. Por eso el gobierno central del PP concedió medallas al mérito a la Virgen María. El votante pensaría: "puedes robar, pero te voto si me ayudas a llegar al cielo, o si defiendes los valores que me dice mi cura". Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho. Parecía que el votante de Ciudadanos era más laico, pero la fuga de votos hacia Vox mostró que profesaba la religión del nacionalismo español: "Puedes robar, pero bajo una bandera de España de 100 metros de grande". Por supuesto, ese es un filón que el PP tampoco se quiere perder, de ahí a que se fuese radicalizando. En cualquier caso, la derecha blanda, la liberal, frente a la conservadora, igualmente sacraliza el libre mercado, y pretende argumentar ritualmente que eso supone “libertad”, de nuevo a escala religiosa.

En realidad, como lo político no es tan importante para ellos, las distintas derechas pueden comulgar bajo una bandera española, un obispo, un Rey, y defendiendo a la familia tradicional. Incluso la derecha liberal, que se sintió muy incómoda con el bochorno que ocasionó la visita de Juan Carlos a Sansenxo, sabe acomodarse en la cama caliente de una pareja heterosexual que bautiza a sus hijos y votó Ciudadanos, ahora conocido como "Suicidados". Y con ello no critico ese perfil, solo me remito a las fotos de Díaz Ayuso llorando cual Virgen Macarena y ahora diciendo que solo faltaba que un comercial como su hermano no pudiera ganar dinero. Es decir, la derecha encuentra siempre sitio en lo conservador, como pasó con la Memoria Histórica. En cambio, el matiz programático del párrafo tercero de la declaración 25 del programa de un partido de izquierdas, por ejemplo, se convierte en capital para fragmentar la apuesta, como parodiaban en La Vida de Brian, de Monty Python. Porque la apuesta de la izquierda es total. Y eso siempre será frustrante y fragmentador.

¿Debería la izquierda sumarse al populismo del Partido Popular? A Vox le va bien así. Bueno, en los valores de la izquierda eso no encaja. Pero mi conclusión es que la izquierda debería abandonar definitivamente sus razonamientos de Guerra Fría. Es muy triste ver a tanto izquierdoso acusar de propaganda de la OTAN a cualquier análisis geopolítico que critique a Putin. Es muy lamentable ver tanta acusación de la izquierda sobre el “fascismo” de la derecha, cuando claramente eso no funciona electoralmente, ni es realista en términos del siglo XXI. El trumpismo, neofascismo, ha venido para quedarse en la era de las redes sociales y de la sociedad fluida, tratando de aprovechar cualquier fractura social. Y gran parte de la izquierda se ha quedado sin discurso ante ello. El que no se ponga las pilas pierde. @mundiario

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