La barbarie y el horror

Tiroteo en una escuela en Texas. / Twitter
Tiroteo en una escuela en Texas. / Twitter
En Estados Unidos lo que prima es el negocio por encima de todo y el gran negocio de armas es el de la muerte por mucho que lo disfracen de vida... y prevalecerá.
La barbarie y el horror

Diecinueve niños y dos profesoras es el balance de asesinados el martes pasado hacia las 11:30 de la mañana en Estados Unidos. Estaban en el colegio para formarse y afrontar con buenas bases el porvenir, que llega muy pronto, ya que el tiempo transcurre a marchas forzadas. El futuro se interrumpió para ellos el día 24 de mayo, un martes fatídico.

Sucedió en el pueblo de Uvalde (Texas), donde vivían tan felices como solo se puede vivir, siendo niños de nueve y diez años. Los mató un joven de dieciocho, Salvador Ramos, que acababa de adquirir armas como regalo de cumpleaños. No tenía que haberlos cumplido, porque su nueva responsabilidad no se lo permitía, pero la vida es así de generosa.

¿Cuál ha sido la causa? Parece que tartamudeaba un poco y los compañeros se burlaban de él, como siempre pasa. ¿Complejo? ¿Algo mental? ¿Venganza? ¿Quién no tiene contratiempos en su vida? Todo esto acaba superándose mejor o peor, de acuerdo con el ingenio o la habilidad de cada uno. Se trata de efectos sin causa grave. Siempre ha habido rebeldes sin causa.

libre acceso a la compra de armas

Lo que ha provocado su reacción es el libre acceso a la compra de armas. ¿Para qué se adquieren estas? ¿Por qué la segunda enmienda de su Constitución garantiza el derecho a llevar armas? Estas se disponen para disparar, cuando sea necesario. Todos tienen derecho a defenderse y por extensión a eliminar a cualquier persona, si pensamos que somos atacados por ella.

Creemos, suponemos, parece, nos imaginamos, no nos gusta cómo nos mira. La apariencia no es la realidad, pero es algo que la anticipa y nos hace reaccionar. Todavía respondemos con los puños, aunque hay veces que también lo hacemos con las pistolas. Y así vamos elevando grados en la respuesta. Mientras que los puños, generalmente, conducen a una paliza, que puede alcanzar gravedad, las pistolas matan y lo hacen sin remisión. Muerto de un tiro en la sien.

“Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres”, escribió Dámaso Alonso en 1944 (Hijos de la ira). ¿Cuántos han muerto ya, o han sido heridos, por tiroteos indiscriminados en los Estados Unidos? Sin razón ninguna, solo porque alguien tiene un arma y le da por usarla para que no se endurezca y cumpla su función. Ahora le ha tocado a Texas y todavía no sabemos quién caerá mañana, porque estos actos producen seguidores, a quienes impulsan sus deseos dormidos. Las estadísticas confirman que ante uno de estos sucesos la gente se compra todavía más armas, en lugar de horrorizarse y rechazarlas.

Tan acostumbrados están a las armas los estadounidenses que su reacción es siempre abatir al asesino. No tratan de desarmarle, de detenerle, de respetarle, de parar el golpe de cualquier otra forma, o emplear los recursos adecuados. Simplemente le abaten a tiros. Muerto el perro, se acabó la rabia. ¿Para qué pensar en otros remedios?

debate entre republicanos y demócratas

En este asunto debaten republicanos y demócratas, llevando la mayor carga los primeros. Ted Cruz, senador republicano, tiene la solución: la seguridad se garantiza con más hombres armados en los campus e incluso el profesorado en sus aulas. Qué barbaridad. Se han desatado las armas, pues necesitamos mayor número para acallarlas. Solo queda dolor, lágrimas y oraciones. ¿A quién rezará el que esté convencido de que más allá de aquí no hay nada? Lo que nadie piensa es en reducirlas o, al menos, en establecer más controles sobre las mismas. El Papa sí rechaza el tráfico de armas indiscriminado, pero en Estados Unidos, a pesar de ser tan religiosos, nadie le hace caso.

Desde que nacieron y se establecieron en aquellas tierras, su cultura les ha enseñado que tienen que saber auto defenderse y no confiar para ello en los Estados. Es un individualismo exacerbado, que quizás funcionó en otra época, pero no tiene sentido en un mundo global, como el que estamos.

Sin embargo, hay una industria de armas muy poderosa, la Asociación Nacional del Rifle. Se reúne anualmente y cuenta con cincuenta mil asistentes. Este año se celebra el viernes veintisiete de mayo en Dallas con la participación de Donald Trump, nada menos, que es también un defensor de las armas. En Estados Unidos lo que prima es el negocio por encima de todo y el gran negocio de armas es el de la muerte por mucho que lo disfracen de vida... y prevalecerá.

Asociación Nacional del Arma en España

A España también ha llegado, bajo la denominación de Alarma (Asociación Nacional del Arma), que de la mano de Vox promueve que podamos tener armas. Abascal defiende que “los españoles de bien” necesitan armas para su autodefensa y usarlas en casa sin tener que enfrentarse “a un infierno judicial”. De lo contrario se producirán muchas injusticias.

Distinguiendo entre españoles honrados y españoles criminales, desarmados y delincuentes, lo que busca Abascal es que los delincuentes sean retirados por manos privadas, sin que intervenga el juez.

Parece que en Estados Unidos circulan más de trescientos millones de armas libremente, siendo más que las personas. Someterlas a un mayor control o establecer su reducción es imposible, no ya porque tengan su base en la Constitución, sino porque los senadores demócratas carecen de votos suficientes para establecerlo. Después de una masacre todo se queda en declaraciones y protestas firmes de mentes ilusas, porque políticamente no pueden conseguirlo, al estar muy divididos.

La democracia en América está muy degradada. Que Dios nos proteja antes de asistir a la masacre siguiente. Mientras siga el tráfico de armas de manera libre y de forma incontrolada, todo puede ocurrir. @mundiario

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