Venezuela: ¿cómo se viven la pandemia y la crisis económica en el occidente del país?

americadigital-mercado-las-pulgas-en-maracaibo-venezuela-efe-1140x570
El comercio informal es el método de subsistencia económica con el que cuenta al menos el 70% de la población en Venezuela, especialmente en el estado Zulia, ubicado al noroeste del país / cronicauno.com
La crisis detonada por el coronavirus ha creado un cóctel explosivo de tensión social, pobreza de ingresos, desempleo y desigualdad, que subordina al país en una espiral de deterioro donde la pandemia es ahora un arma política para el régimen de Maduro.
Venezuela: ¿cómo se viven la pandemia y la crisis económica en el occidente del país?

La humanidad ha entrado en una fase subsistencia y de lucha por la supervivencia diaria como nunca antes se había visto en el siglo XXI. Pero existen lugares del planeta donde la vida es mucho más hostil, y por ende, el complejo y multidimensional sistema de vida se torna más restrictivo y limitado para las sociedades donde existen problemas económicos y sociales estructurales, sobre todo en las dos regiones donde es más dura la vida para la gran mayoría de la población: África subsahariana y América Latina.

Sin embargo, dentro de la convulsa Latinoamérica, en el país más inestable de la zona, Venezuela, la pandemia de coronavirus ha creado una tormenta perfecta donde la norma es sobrevivir a la crisis económica que sacude a la nación desde hace siete años, y ahora, a todas las consecuencias que eso ha generado junto con la crisis sanitaria por la Covid-19.


Quizás también te interese:

Donald Trump: “Algo va a pasar con Venezuela y Estados Unidos estará muy involucrado”


A pesar de que Venezuela es, según las cifras del Gobierno, uno de los países con menos contagios y muertes por coronavirus en la región y en el mundo, el deterioro del tejido socioeconómico deja hoy a los venezolanos es una posición de precariedad similar a la que habría si ese país fuese el epicentro de la pandemia en Latinoamérica. 

Una crisis poco convencional

En el territorio venezolano la crisis económica no es totalmente homogénea. Los precios, la calidad del empleo, la oferta de trabajo, la calidad o existencia de los servicios públicos y las condiciones de vida en general varían según el estado o ciudad donde se resida. No es lo mismo trabajar para una empresa privada en el área metropolitana de la capital, Caracas, que laborar como vendedor ambulante en un mercado popular de Guasdualito, una zona rural del estado de Apure (ubicado en el suroeste del país, específicamente en los famosos y extensos llanos venezolanos).

Precisamente, es en el occidente venezolano donde la crisis económica y el alto costo de la vida han generado desde 2017 la mayor fuga y desangramiento de población en la historia del país, pues al menos el 60% de los habitantes que han salido de Venezuela rumbo a otras naciones de Sudamérica para buscar oportunidades y una mejor calidad de vida, son oriundos de la entidad más poblada de Venezuela; el estado de Zulia, especialmente de la segunda ciudad más importante del país, Maracaibo, la capital de esa región. 

Por su estrecha unión geográfica con la frontera occidental entre Venezuela y Colombia, en Zulia se perciben con mayor repercusión los embates de la inflación, la devaluación de la moneda, y la carestía de los alimentos, las medicinas y los bienes esenciales debido a los enormes flujos de contrabando que durante años crearon una economía paralela, subrepticia, ilícita y anárquica donde el precio de mercado de cada rubro era determinado por los costos de traslado, logística y compra de las mercancías en territorio colombiano y su traspaso ilegal por la frontera hacia territorio venezolano, cuya entrada son los municipios rurales de Zulia en ruta directa hacia su concurrida capital, Maracaibo.

Fue esa dinámica de movilidad económica, comercial y social totalmente al margen del control del Estado y del Gobierno, la que importó y exacerbó los contagios de coronavirus que hoy acumulan en la entidad occidental más de 2.000 de los casi 10.000 casos de Covid-19 que hay actualmente en Venezuela. El foco de la pandemia en el país caribeño se ubica en el estado de Zulia, situado en el extremo norte de Venezuela. El principal brote de coronavirus en toda la nación y la entidad, está en Maracaibo, específicamente en un histórico mercado popular de su casco central, llamado Las Pulgas, que concentra a los principales comerciantes de la ciudad cuya actividad económica depende del contrabando normalizado de mercancías (alimentos, ropa, medicinas, cigarros, pesos colombianos en efectivo, etc.) desde la vecina Colombia.

Esta situación ha llevado al gobierno (de facto) de Nicolás Maduro a imponer un estricto confinamiento en todo el estado, una medida que no ha mitigado la propagación del virus en esa región por una simple razón: los ciudadanos no pueden permanecer en cuarentena en sus casas porque eso implica morir de hambre y mengua. La regla es vivir al día y al límite en un estado que solía ser el principal yacimiento y productor de petróleo de la otrora ‘Venezuela Saudita’, que hasta 2012 registró uno de los mejores índices de vida en América Latina.

Según un estudio de la ONG británica Oxfam, se estima que en Venezuela hay 9,3 millones de personas que pasan hambre, del total de 29 millones de habitantes que tiene el país (más de 3 millones emigraron a Chile, Perú, Argentina, Colombia, Brasil, España y Estados Unidos).

Y según un instrumento de medición socioeconómica denominado ‘Encuesta de Condiciones de Vida’ (ENCOVI), realizado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), en Caracas, esa cifra equivale a que el 33% de los hogares venezolanos se encuentran en una situación de inseguridad alimentaria severa, un contexto de miseria que se agravó en un 10% en comparación con julio de 2018. Es decir que, lamentablemente, existe un 10% más de hambre en las familias venezolanas en 2020.

Sobrevivir en el principal brote de coronavirus de Venezuela

De los 9,3 millones de venezolanos sumidos en el hambre y la pobreza de ingresos, más de 2 millones habitan en el estado de Zulia (occidente del país), de los cuales entre 800.000 y 1 millón también viven en situación de miseria alimentaria, económica y laboral. Esto implica que la supervivencia es el nuevo modo de vida de la población venezolana, sobre todo en la región (Zulia) donde la pandemia ha causado más estragos con un promedio de entre 80 y 200 contagios diarios y un registro de al menos el 40% de los fallecimientos por coronavirus que tiene el país.

El estudio de la prestigiosa UCAB -la universidad donde se graduó de ingeniero industrial el actual líder de la oposición y reconocido por 55 países como presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó- detalla que menos de uno de cada 10 hogares del país (7%) está “completamente libre de inseguridad alimentaria, una cifra que podría reducirse al 3% como resultado de la pandemia”.

Es por esta realidad tan precaria que los más de 9 de cada 10 integrantes de familia con suficiente energía y salud (a pesar del hambre) deben salir del confinamiento a buscarse la vida en medio de la pandemia para llevar alimentos a sus casas y evitar que la mengua nutricional, la pobreza extrema y los conflictos socio-familiares generen una espiral socioeconómica destructiva en sus núcleos. 

Un desgaste socioeconómico que ya estaba antes de la pandemia

La Encuesta de Condiciones de Vida de la UCAB estima que nueve de cada 10 hogares venezolanos (un 96%) presenta pobreza de ingreso, producto de la hiperinflación inducida por el excesivo gasto público en bonos y subsidios con el que el Gobierno de Maduro saturó la economía venezolana de bolívares (la moneda nacional) sin valor y sin producción real de bienes y servicios con una aguda contracción de la oferta, es decir, en una situación donde la producción industrial y empresarial general del país se ha desplomado un 80%. Por lo tanto, con mucho dinero sin valor real y nada de producción, los precios estallaron y se destruyó el poder adquisitivo y el valor del trabajo de los venezolanos.

Ese estudio también precisa que la pobreza multidimensional que es la relacionada con indicadores como educación, estándar de vida, empleo, servicios públicos y vivienda, ya arropa al 64,8% de los hogares venezolanos, lo que representa un aumento del 13,8% entre 2018 y 2019.

Mientras tanto, en Zulia, la inflación y el costo de la vida registra un diferencial de entre 20% y 30% en comparación con el resto del país, incluso un poco más que en la propia capital, Caracas. Esta situación se ha convertido en un cóctel explosivo que combina un 70% de informalidad económica en la población de Maracaibo y del estado, más de 40 focos de contagio por Covid-19 en la capital de Zulia, una cuarentena similar a un toque de queda militarizado y una dolarización de facto a la que solo tiene acceso el 15% de la población local, mientras que el 85% restante debe ingeniárselas para sobrevivir al virus del hambre (provocado por la inflación y la pobreza de ingresos) y al coronavirus. @mundiario

Comentarios