Programas sociales en la mira de aspirantes a la presidencia de EE UU
Nikki Haley, ex gobernadora republicana de Carolina del Sur, quiere elevar la edad de la jubilación.
Se teme que los fondos del Seguro Social de Estados Unidos se agoten en el año 2034. El Seguro Social es la entidad gubernamental que paga las pensiones de las personas jubiladas y otras prestaciones. Entretanto, el sistema de salud para personas de la tercera edad conocido como Medicare podría quedarse sin fondos en 2031.
Desde hace años se viene pronosticando el temido naufragio de estos programas sociales, sin que los políticos hasta ahora hayan encontrado una fórmula salvadora. ¿Qué ocurrirá cuando el Seguro Social y el Medicare agoten sus reservas monetarias? Una catástrofe que lanzaría a millones de personas al abismo de la pobreza extrema y a la falta de atención médica.
Muertes por falta de seguro médico
Se ha calculado que unos 45.000 norteamericanos mueren cada año por no tener seguro médico. Es una cifra espantosa que podría compararse a las consecuencias de una guerra brutal, en este caso, una guerra de un sistema despiadado contra los pobres.
Una aspirante republicana a la presidencia de la nación, Nikki Haley, ex gobernadora de Carolina del Sur, ha abordado el tema políticamente delicado de los programas sociales.
Haley, que también fue embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, quiere reformar el Seguro Social y el Medicare. Ya ha propuesto varios cambios, entre ellos, elevar la edad en la cual los trabajadores jóvenes de hoy serían elegibles para recibir prestaciones del Seguro Social. Actualmente, un trabajador se puede jubilar a los 62 años, pero solo recibiendo una parte de la pensión que le correspondería. Si se jubila a los 65 años, recibiría la pensión completa y todos los beneficios, incluida la atención médica a través del Medicare. La ex gobernadora quiere que la gente trabaje más tiempo todavía, quizá hasta los 70 años, antes de poder jubilarse.
Haley también propone limitar el aumento de los beneficios que los ricos ya reciben, gracias a medidas fiscales favorables para ellos que han tomado diversos gobiernos, notablemente el de Donald Trump. Bajo la administración del mandatario republicano, el Congreso aprobó una reducción del 35 al 21 por ciento del impuesto que pagan las empresas, y una reducción del impuesto a los hogares con más ingresos, del 39,6 al 37 por ciento. La disminución de la recaudación fiscal causada por estas medidas ha puesto en peligro la solvencia de los programas sociales.
La solución definitiva sería crear un sistema de salud universal, estatal, no privado, que cubra a todos los estadounidenses y que se costearía con los impuestos, en lugar del sistema actual, basado en aseguradoras privadas que muchas veces niegan tratamientos y que excluye a los que no pueden pagar las primas. Pero esa solución se ve muy lejos en el horizonte, debido a la influencia política de los poderosos intereses particulares del sector privado de la salud. Y también a que muchos norteamericanos, bombardeados por la propaganda, piensan que un sistema de salud pública sería deficiente, cuando en realidad debería ser mucho mejor, y desde luego más humano, que el privado.
No tocar los programas sociales
Entretanto, lo que la mayoría quiere es que no se toquen los programas sociales. Una encuesta realizada el pasado marzo entre republicanos e independientes halló que para el 59 por ciento de los encuestados, es “esencial” que el nominado a la presidencia por el Partido Republicano prometa mantener el Seguro Social y el Medicare como están actualmente. Y en otro sondeo llevado a cabo en octubre, solo el 7 por ciento de los republicanos dijo que el gobierno estaba gastando demasiado en el Seguro Social.
Haciéndose eco de estas opiniones, Trump no deja de repetir que hay que dejar esos programas sociales como están, a pesar de que en el pasado se manifestó a favor de hacer grandes cambios, como privatizar el Seguro Social y elevar la edad de la jubilación a los 70 años. Ahora, de repente, el aspirante a un segundo período en la Casa Blanca se presenta como un adalid de los beneficios sociales, mientras Haley comete el error de proponer grandes cambios que la mayoría de los norteamericanos no desea. Gracias a esa habilidad de saber tomarle el pulso al electorado, Trump sigue aventajando con creces a todos sus rivales republicanos en las encuestas de intención de voto. @mundiario
Los invito a leer mi novela La espada macedonia y mi ensayo Biden y el legado de Trump, publicados por Mundiediciones.