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Partidarios de Donald Trump amenazan a funcionarios electorales

La secretaria de Estado de Michigan, Jocelyn Benson, sufrió una protesta de seguidores del presidente saliente, quienes la llamaron “traidora” y “criminal”.

Partidarios de Donald Trump amenazan a funcionarios electorales
Donald Trump tiene llegada dentro del sector evangelico
Donald Trump en un acto público.

La campaña del presidente saliente Donald Trump y su equipo de asesores contra la credibilidad de las elecciones tiene consecuencias nefastas.

El sábado 5 de noviembre, la secretaria de Estado de Michigan, Jocelyn Benson, a cargo de la supervisión de las elecciones en el estado, había terminado de poner los adornos navideños en el exterior de su casa, en Detroit, cuando una multitud de partidarios de Trump, algunos de ellos exhibiendo sus armas, se acercaron a la vivienda para llevar a cabo una protesta en la cual insultaron a Benson llamándola “traidora” y “criminal”.

La policía observaba la escena, sin intervenir.

“A través de amenazas de violencia, intimidación y acoso, personas armadas afuera de mi casa y sus aliados políticos buscan socavar y silenciar la voluntad y las voces de todos los votantes en este estado", expresó Benson el domingo.

No ha sido el único caso. En las últimas semanas, partidarios de Trump se han reunido frente a las oficinas de funcionarios electorales en el estado de Georgia, han organizado protestas en Arizona en las que han participado personas armadas, y han amenazado en mensajes telefónicos a supervisores de elecciones en distintas partes del país.

Esas acciones no tienen precedentes en la historia moderna de los Estados Unidos. Y hay más: este martes, 8 de diciembre, el secretario de Justicia del estado de Texas, el republicano Ken Paxton, anunció que Texas está demandando ante el Tribunal Supremo de la nación a los estados de Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, acusándolos de implementar procedimientos ilegales en las elecciones durante la pandemia de la COVID-19.

En total, los cuatro estados demandados tienen un total de 62 votos electorales. El presidente electo Joe Biden ha recibido 306 votos electorales –36 votos más de los necesarios para ganar la presidencia– y Trump ha obtenido 232. La demanda de Texas es posiblemente el último intento de los partidarios de Trump de revertir los resultados de los comicios, después que sus demandas en otros estados han sido desestimadas por falta de pruebas de fraude electoral.

La jugada está clara: Trump y sus aliados quieren llevar el caso al Tribunal Supremo, donde los jueces conservadores son mayoría gracias a nombramientos realizados por Trump, entre ellos el de la jueza Amy Coney Barrett, confirmada a la alta corte apenas un mes antes de la elección, rompiendo la tradición de no elegir a un magistrado al Tribunal Supremo tan cerca de una elección presidencial. Trump y su gente esperan que el tribunal de mayoría conservadora escuche la demanda de Texas y decida a su favor.

Pero lo más probable es que no sea así, y que la reclamación tejana se considere tan frívola como todas las demás por falta de pruebas. El propio secretario de Justicia, William Barr, nombrado por Trump, señaló el 1 de diciembre que no se había encontrado ninguna evidencia de fraude que pudiera cambiar el resultado de la elección. Y este martes 8 de diciembre, el Tribunal Supremo, pese a su mayoría conservadora de 6 a 3, rechazó la solicitud del congresista Mike Kelly, aliado de Trump, y de otros republicanos, que buscaban que se considerara ilegal la extensión de la votación por correo en Pensilvania, un estado con 20 votos electorales que ya ha certificado la victoria de Biden.

El equipo de abogados de Trump no ha presentado una sola prueba de fraude en las elecciones, sencillamente porque no hubo fraude. Pero Trump se niega a reconocer su derrota, y mantiene su campaña para quitarle credibilidad a la elección que perdió frente a Joe Biden.