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La ONU propone una ayuda económica mensual para 520 millones de latinoamericanos ante la pandemia

El club de las naciones del planeta aboga por la creación de un puente económico humanitario global que alivie las crisis de las poblaciones más pobres del mundo ante el shock del coronavirus.
La ONU propone una ayuda económica mensual para 520 millones de latinoamericanos ante la pandemia
Ciudadanos aglomerados en la calle de un mercado popular en Río de Janeiro, Brasil, el país más grande de América Latina / eluniverso.com
Ciudadanos aglomerados en la calle de un mercado popular en Río de Janeiro, Brasil, el país más grande de América Latina / eluniverso.com

Una buena parte de la humanidad hoy existe solo para sobrevivir. El accidente histórico que representa la pandemia de coronavirus no solo confinó y aisló a 3.800 millones de personas en todo el planeta, sino que también dejó a las principales franjas socioeconómicas de la población mundial en un estado de sumisión y precariedad que no se veía desde el impacto de la pandemia de la gripe española en 1918 y la devastación causada por la Segunda Guerra Mundial en 1945.

La peor crisis del siglo XXI tiene su epicentro mundial en la región donde la vida económica y social es más hostil en todo el planeta: América Latina. La lupa está puesta sobre una zona que registra elevados y alarmantes índices de pobreza (30%), un desempleo que llega al 13% y un nivel de informalidad que abarca al 50% de la población latinoamericana, donde la falta de acceso a la educación, los patrones culturales y la escasez de oportunidades de desarrollo hacia la estabilidad socioeconómica personal empujan a cientos de millones de personas a la subsistencia diaria en el agitado mundo del comercio informal o las ventas de calle en busca del sustento alimentario ante una situación donde el impacto económico de la pandemia hundirá a más de 210 millones de personas en el umbral del hambre a nivel mundial.


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Latinoamérica: una zona en alerta roja

Latinoamérica es hoy uno de los epicentros de la pandemia de Covid-19, que sigue en rápida expansión y coloca en jaque al sistema sanitario los países de esa región, cuyos gobiernos, en su mayoría, no han invertido los ingentes flujos de capitales que han captado del boom de sus exportaciones de materias primas en la optimización de los sistemas sanitarios, que hoy están colapsados por el exponencial incremento de casos en unos cientos de miles contagios más por encima de los 4 millones de casos que registra Estados Unidos, el país epicentro de la pandemia, aunque el foco global ahora se ha trasladado al conjunto de países situados en el ‘patio trasero’ del país norteamericano, denominado así por Washington.

Los Gobiernos del continente, como en el resto del mundo, han decretado medidas de cuarentena más o menos estrictas para frenar la circulación del virus, pero parte de su población no puede quedarse confinada en casa: si no sale se queda sin ingresos. Es la norma en el complejo y absolutamente distinto sistema de vida en América Latina, donde la misma informalidad e improvisación de la economía ha generado una masa socioeconómica que, por naturaleza instintiva de supervivencia y obligación, debe agolparse a las calles y a todo el entramado urbano de las grandes metrópolis centrales y sus zonas periféricas para buscarse la vida. 

Es por esta brusca realidad que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) -adscrito a la Organización de Naciones Unidas (ONU)- se suma ahora a otros organismos, como la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), al proponer una renta básica temporal durante la pandemia que garantice ingresos suficientes para que la población de esa región pueda permanecer en casa y se frene la expansión del coronavirus. 

Millones de dólares para aliviar a millones de personas

De ponerse en marcha, entre 378 y 521 millones de latinoamericanos se verían beneficiados por la medida, por lo cual podrían llegar a recibir una ayuda económica, subsidio o manutención parcial por la vía de donaciones humanitarias agrupadas en un fondo con transferencias directas desde la matriz del organismo en Nueva York (EE UU) a las sedes del PNUD en los 193 países que forman parte de las Naciones Unidas. 

“A nivel global hemos llegado a más de 14,5 millones de casos esta semana. En tres meses se contó un millón de víctimas, pero luego se ha aumentado a razón de un millón a la semana, y últimamente, un millón cada cuatro o cinco días”, advierte George Gray Molina, jefe de política estratégica y economista del PNUD, sobre la importancia de “actuar con rapidez”. 

Esto implica que la nueva política global que prevé aplicar la ONU en coordinación con todos los Gobiernos del planeta se basa en crear un puente económico humanitario para que el fondo mundial del organismo, compuesto por sus excedentes presupuestarios, los aportes de cada país integrante -sobre todo de Estados Unidos- y las donaciones adicionales, se configure en un sistema de transferencias multilateral que conecte esos recursos financieros con cada nación y así se inyecte liquidez segmentada en ayudas o subsidios para las 520 millones de personas que conforman la población de Latinoamérica.

En América Latina la cifra de infectados supera los cuatro millones y las víctimas mortales se acercan a 170.000, sin tener en cuenta el subregistro que se da en muchos países por negligencia administrativa, intereses políticos o precariedad en sus bases de datos estadísticos. “La curva se está acelerando porque el virus está afectando a algunos de los países más poblados y pobres del mundo”, agregó durante un encuentro virtual con periodistas para presentar el informe Ingreso básico temporal: protección de personas pobres y vulnerables en países en desarrollo, publicado este jueves.

Por lo tanto, el estado actual del ciclo biológico que tiene en retracción a la humanidad consiste en una expansión epidemiológica donde la misma organización social y geográfica de las poblaciones más pobres del planeta genera un caldo de cultivo perfecto para que el coronavirus se instale en los segmentos demográficos más hacinados, aglomerados y populosos de regiones con altos índices de precariedad y hostilidad en el sistema de vida, como América Latina, el África subsahariana, el sudeste de Asia y los países del Medio Oriente sumidos en la guerra y el terrorismo.

¿Cómo llegará y de cuánto puede ser esa ayuda?

El PNUD sostiene que “los países con economías menos desarrolladas pueden garantizar esta renta básica temporal, que impida que nadie tenga ingresos por debajo de la línea de pobreza, ya sea completando los recursos que perciben o transfiriendo una suma fija de unos 5,50 dólares al día”. Este subsidio, si se configura de esa manera, podría totalizar unos 165 dólares al mes, lo que representa un poco más del 50% del salario mínimo promedio de Latinoamérica, estimado en unos 300 dólares mensuales.

La ONU detalló que dependiendo de una u otra opción, aumenta el número de personas beneficiadas y el costo. El informe apunta a tres posibles fuentes de financiación: fondos que iban a ser destinados al pago de la deuda, subsidios a los combustibles fósiles e impuestos internos. 

Es decir, el dinero con el cual los países miembros prevén financiar ese fondo de ayuda económica humanitaria podría salir de un desvío parcial o total de los flujos de capitales de los pagos de deuda externa (a los mercados financieros internacionales) de cada nación latinoamericana, los presupuestos estatales que los Gobiernos aprueban para subsidiar o cubrir los elevados precios de la gasolina, como sucede en Venezuela, Ecuador, Perú, etc., y las partidas presupuestarias que se crean derivadas de los excedentes o acumulados en la recaudación de impuestos, entre esos, el IVA, los impuestos a los grandes patrimonios y los impuestos de los comercios.

Una acción global ante la emergencia económica mundial

El G20 -el club de los 20 países más poderosos e industrializados del mundo- ha concedido a los 77 países más pobres del planeta una moratoria (extensión o prórroga) del pago de su deuda en 2020, pero la ONU quiere que se extienda también a los países de ingresos medios, lo que liberaría 3,1 billones de dólares en total, suficientes para cubrir parcial o totalmente —según la opción— la renta básica temporal propuesta para unas 3.000 millones de personas en todo el mundo.

Es decir, la propuesta de Naciones Unidas se basa en que los 20 países que agrupan el 40% de la riqueza mundial, tanto financiera como energética, les permitan a los países pobres y a los de clase media, por usar alguna expresión, pagar sus deudas con un mayor plazo para así garantizar que los Gobiernos de esas naciones dispongan de más fondos que puedan destinar a la creación del fondo humanitario económico global en pro de aliviar las crisis socioeconómicas muy marcadas que se viven en América Latina, África, Asia, e incluso en Estados Unidos, que es junto a Alemania, China, Japón y Canadá uno de los principales países que concentran la mayor parte de la deuda de las naciones pobres y de ingresos medios del planeta.

“No es más del 1% del PIB una transferencia única por tres meses, se duplica si son seis meses. Fiscalmente no es una cantidad imposible”, asegura el director general del PNUD para la región, Luis Felipe López-Calva. En su opinión, “el continente cuenta con la ventaja de una tradición de casi dos décadas en la transferencia de ingresos que se ha visto reflejada en el rápido fortalecimiento de los programas sociales ya existentes en una veintena de países. Entre quienes han concedido ayudas extraordinarias está Argentina, con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), Colombia con el Ingreso solidario o Brasil. Al igual que propone el PNUD, en los subsidios aprobados son temporales y no a largo plazo”.

En resumidas cuentas, la ONU plantea la urgencia de que se destine el 1% del producto interno bruto global, es decir, la riqueza y el valor del dinero acumulado en un año por la generación de la actividad económica mundial, equivalente a unos 800.000 millones de dólares (el PIB global es de $80 billones -80 millones de millones de dólares), para que la humanidad y los grupos mundiales de poder puedan mitigar el efecto de precariedad, involución, subsistencia y retroceso de los niveles de desarrollo que nuestra civilización ha ganado durante siglos de historia, pero que esta pandemia ha quebrado progresivamente. @mundiario