La espada en la palabra

La necesidad de un liberalismo político

Protestas en Bolivia. / Twitter.
Protestas en Bolivia. / Twitter.
Con sus varias sombras, el liberalismo primitivo de las primeras décadas del siglo XX significó para Bolivia una de las épocas políticas de mayor brillo.
La necesidad de un liberalismo político

Actualmente existen dos fenómenos que están minando la moral y el progreso de la mayor parte de las sociedades latinoamericanas: el populismo político y la cultura de masas. Ambos están dejando a su paso ruina no solo económica, sino también moral. Ambos se deben a la falta de una apertura educativa y de una clase política y dirigente visionaria, inteligente y responsable. Y ambos son fenómenos colectivistas, que tienen al ciudadano como un ente adherido a las costumbres perniciosas, las viejas taras, los convencionalismos ideológicos, los gustos plebeyos y el desdén por el aprendizaje.

En este escenario, hay solamente una línea político-ideológica que podría sacar adelante a las sociedades latinas de esta postración: el liberalismo. El liberalismo ha sido muy pocas veces practicado en los países de Latinoamérica. En Bolivia, solamente se ha llevado a la praxis un par de veces: la primera, desde 1899 hasta 1920; la segunda, desde 1985 hasta 1989. Fuera de esos periodos, no ha habido jamás una política de espíritu liberal en Bolivia.

Con sus varias sombras, el liberalismo primitivo de las primeras décadas del siglo XX significó para Bolivia una de las épocas políticas de mayor brillo. No hablemos ya de la política económica ni de las obras públicas (como el telégrafo, el adoquinado de las calles o el tranvía) que los liberales emprendieron, sino del espíritu que imperaba en aquella época: el liberalismo fue un bálsamo derramado sobre el tradicionalismo oxidado que se había mantenido intacto desde 1825. El mismo hecho de la misión belga Rouma es una prueba de este aserto. Luego, en 1985, y bajo el patrocinio del MNR, el liberalismo abrió la economía, puso a Bolivia visible en el concierto internacional y la apegó al Estado de Derecho y la racionalidad política. He ahí dos pruebas de que el liberalismo fue muy saludable en el devenir histórico de este país.

El viejo Partido Liberal, nacido con Eliodoro Camacho, se fue reinventando hasta fines de los 70 del siglo pasado, aunque cada vez con menos peso en el sistema de partidos y la consciencia popular. Probablemente ese declive se deba a que aquí los partidos nacen solo para una época en concreto y después mueren, o a que la cultura de masas, en auge justamente por la irrupción de la TV y la radio, no permitió la vigencia práctica de un racionalismo liberal. Hoy, hablar de liberalismo puede causar irritación en aquéllos que piensan ingenuamente que es sinónimo de colonización, explotación de las masas y gobierno de los ricos, pero también puede ser una esperanza para aquéllos que realmente saben qué supone. Yo, humildemente, me cuento entre estos últimos.

Pero, me pregunto: ¿Será factible la creación de un nuevo Partido Liberal (no una reedición del viejo, sino de uno realmente nuevo), aquí donde la sociedad parecería no entenderlo ni estar preparada para él? La respuesta es que la sociedad no necesita esperar a estar preparada para él, pues su obra se hace más justa y necesaria exactamente ahí donde campean la improvisación, la vulgaridad, el desorden y la irracionalidad políticos. Pero se presenta el obstáculo de que el tal partido, por los tiempos que se viven de populismo, podría ser muy impopular y no captar las simpatías de la población. Un nuevo liberalismo, de esa manera, podría apuntar a meter en el Congreso algunos diputados y senadores, pero no a alcanzar el poder, al menos no por lo pronto. De todas formas, la necesidad de un partido liberal racional es perentoria, so pena de hundirse Bolivia en un fango de propuestas políticas simplonas y populistas.

Para ello, se necesita trabajar con tiempo en un cuerpo teórico e ideológico que reinterprete Bolivia, no ya desde las matrices doctrinarias del movimientismo o del masismo, sino desde una visión fresca de nuevas juventudes intelectuales vinculadas con la economía social de mercado, el amor por la cultura universal y el Estado de Derecho y las instituciones. @mundiario 

 

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