Mar: adiós a Sánchez Bustamente

Mar Chile y Bolivia. periodMico.unal.edu.co
Mar Chile y Bolivia. / periodMico.unal.edu.co
En Bolivia seguimos aferrados al lugar cómodo desde el que reclamamos conmiseración a la comunidad internacional, sin que ésta —salvo en 1979— nos haya prestado nunca mucha atención…
Mar: adiós a Sánchez Bustamente

«Mientras Bolivia exista como nación no cejará nunca en demandar a Chile una salida soberana al océano Pacífico» es una de las frases más recordadas de don Daniel Sánchez Bustamante por los diplomáticos y estadistas cultos bolivianos de antaño y todavía del presente. Sin embargo, yo creo que debe ser superada y olvidada por todos quienes queremos progreso y desarrollo y miramos al futuro con sentido de oportunidad.

La pronunció en 1910 con no poco patriotismo (habían pasado recién treinta años de una de las mayores heridas de la historia boliviana), y los que la recuerdan lo hacen con no menos fervor y nostalgia que el patricio paceño. La tesis de la frase desarrollada in extenso está en su libro Bolivia: Su estructura y sus derechos en el Pacífico (1919). Sánchez Bustamante fue un notable político y educador boliviano, de esos intelectuales que existen muy pocos. Se desenvolvía en los temas jurídicos y políticos tan bien como lo hacía en los literarios y artísticos. Además, fue un reputado catedrático en San Andrés, y, según cuenta Albarracín Millán en unos de sus libros, introdujo en las aulas universitarias y en los cenáculos intelectuales de comienzos del siglo XX las nuevas corrientes del positivismo en la sociología y las ciencias jurídicas. Sin embargo, no por ese prestigio y esa trayectoria se deben tomar como irrefutables todos y cada uno de sus postulados, y menos uno como ése que hace referencia al mar, que es tan subjetivo y poco científico.

La citada frase tiene, pues, una carga sentimental muy alta; poco objetiva por tanto. Si se la analiza detenidamente, uno encuentra en ella algunos anacronismos politológicos sociológicos que vale la pena desbrozar y poner en cuestión. Primero, el concepto de nación. Ya nadie (como no sean los señores de elevada edad del MNR, que aún suspiran con la idea del nacionalismo) habla de una Bolivia Nacional, como la propuso el MNR de los años 50. Hablar, por tanto, de una “aspiración nacional”, como Sánchez Bustamante, es pretender que el conglomerado boliviano en su conjunto tiene una aspiración común, y ello, aunque suena muy bien en el discurso, no es cierto. Lo cierto es que el Estado boliviano y la sociedad que en él vive tienen intereses materiales que pasan indefectiblemente por el problema de la mediterraneidad.

Seguir tomando al pie de la letra la frase de Daniel Sánchez Bustamante y asumirla como compás incuestionable de nuestra política exterior en lo relativo a la mediterraneidad, es quedarnos en un barrizal que, como cuando uno se enfanga en el coche y las llantas van ahondando más y más la tierra mojada, nos seguirá postergando en el concierto internacional de los Estados, mientras otros países, como el mismo Chile, miran el futuro con un sentido mucho más frío que patriotero, y avanzan. Es, además, un signo de la poca creatividad de nuestros diplomáticos y académicos que se dedican a las cuestiones internacionales de Bolivia. Es el lugar cómodo desde el que reclamamos conmiseración a la comunidad internacional, sin que ésta —salvo en 1979— nos haya prestado nunca mucha atención… Es quedarnos en el papel de mártires ante el extranjero (el cual ya no debe ser tomado como enemigo) y, por tanto, seguir mirando el pasado con ojos nostálgicos, como hacen los indigenistas u otros grupos minoritarios o históricamente marginados, que destruyen el patrimonio cultural sin un sentido práctico y postulan teorías políticas poco factibles y poco claras. Quienes siguen tomando esa chovinista frase de Sánchez Bustamante de manera chovinista le hacen un gran daño no solo a las nuevas oportunidades que en política exterior hay que comenzar a trabajar y pergeñar, sino también a las oxidadas mentalidades colectivas de la sociedad boliviana, que se van formando la idea —unívoca y poco crítica— de que hay que volver al litoral otrora boliviano soberanamente, sí o sí, y si no, nada…

La historia es una y el tiempo no marcha hacia atrás (como en cierta medida propone la cosmovisión andina). La historia avanza adelante y es lineal. La historia puede ser injusta —lo es; ejemplos abundan—, pero hay que abrazarla y aceptarla así. En ella hay ganadores y perdedores. Es un juego de suma cero: uno gana y el otro pierde. En política internacional, pocas veces se llega a consensos o a soluciones salomónicas. ¿Qué la guerra y el despojo del litoral fueron injustos? Claro que sí lo fueron; Alcides Arguedas la llamó “guerra injusta” en su libro de historia. Pero —para mal de muchos y bien de unos cuantos— en política internacional más vale la fuerza que el derecho (la diplomacia es como el término medio). La crónica universal del pasado lo evidencia. El derecho internacional público puede ser eficiente para resolver controversias menores, pero la resolución de este conflicto, sobre todo si tiene que ver con la cesión de territorio, no será jurídica; además, esto ya se ha comprobado en el fracaso de La Haya, el cual, además de acabar con la ilusión de muchos ingenuos —incluidos, obviamente, los delegados bolivianos que se hicieron cargo del litigio— que pensaban que la CIJ obligaría a Chile a ceder soberanía a Bolivia, ingresándose así en el examen del Tratado de 1904, ha significado tanto dinero perdido para el país…

Sánchez Bustamante hablaba de no cejar, no retroceder en demandar a Chile soberanía para Bolivia en el Pacífico; esa demanda puede ser interpretada en dos sentidos: el jurídico y el emocional. Ambos han sido desestimados por el tiempo y la historia. ¡Bolivia debe dar un paso a atrás en esa petición irreductible para avanzar diez!

Yo no me adhiero a la frase emotivista de Sánchez Bustamante porque me aletarga, me posterga, me hace un mediocre y me impide ver el futuro con sentido de oportunidad. Y creo que el boliviano debe dejar de invocarla. Los diplomáticos de mañana, con una mirada fresca, diferente, deben ser creativos y replantear la política exterior en torno a la mediterraneidad, ya que aspirar a pisar nuestros territorios usurpados en 1880, aunque duela a muchos, es utopía, ilusión, algo que no se alcanzará, pues Chile es un país serio, fuerte, con instituciones y con una política exterior firme. Entonces lo que se debe hacer es reestablecer relaciones diplomáticas con el país vecino, pues en el marco de ellas hay muchas ventajas que Bolivia podría obtener en el mediano y largo plazos: convenios educativos, flujos migratorios, cooperación internacional, facilidades para el transporte de mercancías por su territorio, etc.

Puede ser que lo que está escrito en esta página no sea nada popular, algo no fácil de digerir, o que sean verdades incómodas para el boliviano promedio —el cual es poco crítico y propenso a mirar con nostalgia martirizante sus heridas del pasado—. Pero creo que es necesario comenzar a decirlo cada vez más frecuentemente. @mundiario

 

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