La espada en la palabra

El liberalismo como respuesta a los desafíos de hoy

Bandera de Bolivia. / Archivo.
Bandera de Bolivia.

Si uno analiza todas las opciones políticas que hoy tiene Bolivia, se da cuenta de que ninguna ofrece algún tipo de liberalismo anteriormente explicado. Lo que existe es populismo, tanto de izquierda como de derecha. Todos buscan agradar a las masas (con cuotas políticas, prebendas, concesiones clientelares, etc.), alimentando, de esta forma, lo que Habermas llama en su Teoría de la acción comunicativa “sociedad tribal” (una sociedad cuyos integrantes no tienen nociones de individualidad ni, por tanto, de raciocinio autónomo; una sociedad que, en suma, actúa según lo que hace la mayoría, como la hinchada de un partido de fútbol o la fanaticada de un concierto de pop). Yo creo que a este fenómeno se suman los medios de comunicación, cuyos contenidos van embruteciendo más y más a las masas. Así, lo que se tiene es una bola de nieve rodando y creciendo.

El liberalismo como respuesta a los desafíos de hoy

Leyendo conscientemente a Popper, von Hayek, Vargas Llosa y Ortega y Gasset, uno se da cuenta de que el liberalismo no es, como muchos suponen, un conjunto de directrices eminentemente económicas, sino más bien un ideario de principios que trascienden lo económico y que llegan a los planos moral, filosófico, cultural, político y educativo. Así, un liberalismo que solo se enfoque en lo económico, si no cuenta con bases sólidas en lo institucional y cultural, no llega a buen puerto. En gran medida, es por eso que fallaron los modelos liberales latinoamericanos de las últimas décadas del siglo XX, los cuales siguieron recetas de libre mercado sin tener en cuenta los aspectos de las mentalidades colectivas.

Hay liberalismos y liberalismos, pues hay unos que proponen libertades no solo en lo económico y político, sino también en lo moral y ético (como los de los anteriores intelectuales citados), y otros que pretenden mantener ciertas pautas sociales, religiosas y éticas tradicionales (como los de Ronald Reagan o de Margaret Thatcher). En todo caso, el factor común de todo liberalismo es la tolerancia ante la crítica, el sano disenso y la apertura para el debate de ideas y propuestas.

Si uno analiza todas las opciones políticas que hoy tiene Bolivia, se da cuenta de que ninguna ofrece algún tipo de liberalismo anteriormente explicado. Lo que existe es populismo, tanto de izquierda como de derecha. Todos buscan agradar a las masas (con cuotas políticas, prebendas, concesiones clientelares, etc.), alimentando, de esta forma, lo que Habermas llama en su Teoría de la acción comunicativa “sociedad tribal” (una sociedad cuyos integrantes no tienen nociones de individualidad ni, por tanto, de raciocinio autónomo; una sociedad que, en suma, actúa según lo que hace la mayoría, como la hinchada de un partido de fútbol o la fanaticada de un concierto de pop). Yo creo que a este fenómeno se suman los medios de comunicación, cuyos contenidos van embruteciendo más y más a las masas. Así, lo que se tiene es una bola de nieve rodando y creciendo.

Hace poco la UMSA ha lanzado la Cátedra Nelson Mandela, cuyo fin es ser un espacio de debate de ideas para el encuentro entre los ciudadanos, con un enfoque liberal. Me parece una buena propuesta. Por su parte, la Universidad Católica Boliviana ha lanzado la carrera de Filosofía y Letras, cuyo objetivo, pero a largo plazo, es más o menos similar al de la antedicha cátedra. Esos dos lanzamientos parecen decir, implícitamente, algo inequívoco: dado que el Gobierno y los partidos políticos no hicieron gran cosa (o nada) por despertar el espíritu crítico de la ciudadanía, la academia y los intelectuales deben tomar la iniciativa en la construcción de espacios de pensamiento.

Gustave Le Bon y Ortega y Gasset ya lo advirtieron: las masas (en el sentido sociológico de la expresión) son perniciosas para el espíritu crítico y la democracia de cualquier país. Ahí están, para probarlo, los totalitarismos de izquierda y de derecha del siglo XX que atizaron el colectivismo social, el uno un colectivismo internacionalista y el otro uno nacionalista. Ahora bien, el colectivismo que ahora está siendo alimentado por los populismos de izquierda en América Latina no tiene características internacionalistas ni nacionalistas, pero puede igualmente socavar los resabios que quedan de democracia porque tiene como base sencilla y llanamente la estupidez.

En el caso de Bolivia, la situación es preocupante. Es por ello que son las instituciones educativas y las universidades las que tienen la misión de fomentar los principios liberales, racionales y críticos, so pena de que la sociedad boliviana siga patinando, si no hundiéndose, en la ciénaga de la puerilidad populista. Creo vehementemente que es el liberalismo la respuesta para los más grandes y profundos desafíos que presenta Bolivia, y si bien no es una doctrina política infalible (como creen algunos fanáticos liberales), es la que mayores beneficios ha dado a las sociedades de todos los tiempos. @mundiario 

 

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