Levantándonos sin los políticos

Literatura y periodismo. / RR SS.
Literatura y periodismo. / RR SS.
Bajo el cielo cetrino de la política boliviana, también están brotando ciertas flores. El periodismo, la cultura y la educación están desarrollándose sin los políticos.
Levantándonos sin los políticos

Últimamente advierto una saludable ola de periodismo, cultura y educación en Bolivia. Ninguna de las iniciativas proviene del Poder Público, sino de decisiones e ímpetus privados y autónomos. En algún texto anterior dije que, a carencia de iniciativas provenientes de la esfera política (hay un Ministerio de Culturas que no hace nada por los artistas o los cultures del arte y una Academia Diplomática que desde hace varios años no abre su maestría de Diplomacia y Relaciones Internacionales para la formación nuevos servidores públicos), el progreso de la sociedad tendría que apoyarse en las iniciativas privadas. Ahora hablaré de los avances que estoy viendo en los campos del periodismo, la cultura y la educación en Bolivia. Pues no todo es tan lúgubre como a veces nos parece.

El periodismo (sobre todo el impreso), luego de la pandemia, lucha denodadamente por salir a flote. ¡Qué difícil debe ser sostener un medio impreso en un mundo que cada vez lee más en tabletas o celulares…! Pero sigo pensando que quienes quieren leer una extensa crónica, una reseña literaria, una entrevista amplia o un largo reportaje y, sobre todo, quienes aman la lectura en general, prefieren pagar por un periódico impreso que leerlo gratuitamente desde una pantalla. (Normalmente, los que abren periódicos desde sus dispositivos móviles lo hacen para leer noticias cortas o incluso titulares solamente). Y siempre habrá minorías selectas que prefieran un periódico impreso antes que una pantalla, o un disco de Mozart antes que un playlist en Spotify.

Ahora deseo referirme a los medios impresos que conservan sus espacios y  suplementos literarios y culturales. (Muchos de estos, tristemente, han muerto con la crisis económica que resultó de la pandemia). Yo creo que uno de los grandes baluartes culturales que tiene hoy Bolivia es, por ejemplo, el suplemento LetraSiete de Página Siete, comparable al memorable Presencia Literaria, del también memorable periódico Presencia, o a la revista Kollasuyo. El decano de la prensa nacional, El Diario, también ha impulsado últimamente sus páginas dedicadas a la cultura, con entrevistas a artistas y cultores del arte y alguno que otro cuento o narración breve publicada. Los periodistas que apadrinan y sostienen estos suplementos y espacios deben persistir contra viento y marea, pues deben saber que sus páginas constituirán mañana la memoria física del pensamiento y la cultura que hoy Bolivia está produciendo, y serán seguramente mucho más apreciables que las que contienen politiquería o trivialidades de la farándula cotidiana.

Por otra parte, noto también una relativa mejoría en el columnismo de los periódicos, que es —o debería ser— desde hace mucho tiempo uno de los principales —si no el principal— fortines del debate intelectual. Hasta antes de las últimas elecciones presidenciales, advertía en él monotonía, trivialidad y hasta vulgaridad. Por fortuna, luego de los eventos de 2019 muchos de quienes escribían textos sin mucho valor crítico y propositivo han dejado de escribir, y en su lugar han ingresado notables personas de pensamiento crítico e intelecto, como, por ejemplo, la señora Sayuri Loza, en quien se advierte tanto erudición en asuntos interesantes como ingenio para elaborar ideas. El columnismo, pues, debe ser siempre un espacio para académicos o pensadores, ya que para la diatriba, el chisme y la prosa vulgar se tienen ya los libelos de redes sociales y los reflectores y micrófonos de la televisión. Dicho sea de paso que en lo que se necesita trabajar aún mucho es en espacios culturales y de reflexión radiofónicos y televisivos.

El otro de los campos que están saliendo adelante esforzadamente y de manera independiente es el de la cultura. Y lo está haciendo sin la ayuda de las autoridades públicas. Claro: un Ministerio de Culturas que hace a toda hora politiquería populista y una Secretaría Municipal de Cultura inactiva y negligente no son los que están sacando adelante el movimiento editorial de las principales casas editoriales de Bolivia ni los que están llevando adelante emprendimientos culturales tan ambiciosos como los de Norma Campos Vera (en la investigación y difusión del arte colonial) o Ana María Vera (en la creación de espacios de enseñanza musical y artística en general). Por fortuna, lejos de matarlo, la pandemia ha reavivado el espíritu de la cultura, y no solo en Bolivia sino en todo el mundo. La lectura se ha intensificado, así como el consumo de libros en papel. Los escritores y artistas en general, resilientes por naturaleza, han buscado maneras de seguir creando y dando a conocer su arte, mediante, por ejemplo, conciertos, conferencias o coloquios virtuales. Hace unos meses asistí a una exposición de Guiomar de Mesa, y la gestión en la promoción de las pinturas, además de la calidad de las obras, era notable. Pienso, pues, que ahora es un buen momento para ser escritor, pintor o músico. Además, creo que en un mundo tan agitado y problemático hay mucho material para escribir, pintar y componer.

El último de los campos que están progresando y del cual quiero hablar es el de la educación. La educación boliviana actual, frente a lo que comúnmente se cree, no es tan deplorable. Los progresos los advierto, sobre todo, en la educación universitaria. Las universidades paceñas han despegado en ciertos aspectos como la actualización de las mallas curriculares de sus carreras o la firma de convenios para intercambios y becas. Tal vez se necesita aún trabajar en desbaratar el modelo escolástico-memorístico que todavía impera en las aulas, pero tengo fe en que se llegará a ello. Por otro lado, la pandemia ha obligado a simplificar y digitalizar ciertos trámites y gestiones que antes eran enmarañados y odiosos, pues estaban signados por las filas, el papel, el sello seco y las grapas.

La Universidad Mayor de San Andrés ha lanzado una cátedra importante para el pensamiento político crítico, la Nelson Mandela, que tiene un enfoque liberal y abierto. La Universidad Católica Boliviana, por su parte, ha estrenado la carrera de Filosofía y Letras a nivel nacional, que tiene la misión de formar profesionales con un alto sentido humano y ético (con enfoque cristiano, obviamente), lo cual hace mucha falta en el mundo de hoy. Son dos propuestas importantes, sobre todo si se tiene en cuenta que la mentalidad boliviana es reacia a la introducción de proyectos que tienen que ver con la lectura, la ciencia, el libro y la academia y, en general, que es reacia a los cambios. A esos dos notables ejemplos, hay que añadir los programas de posgrado que se siguen diseñando e introduciendo gracias a los académicos bolivianos que trabajan esforzadamente. Espero que cosas similares estén ocurriendo en las principales universidades del interior del país.

La virtualidad tiene muchas desventajas en cuanto a la transmisión de conocimientos se refiere, pero también posee muchas ventajas para quien la sabe utilizar. Al menos yo he podido darme cuenta de que la educación a distancia puede potenciar ciertas aptitudes investigativas del estudiante, sobre todo en niveles de posgrado. En el mundo de mañana, cuando se haya superado la emergencia sanitaria, habrá que combinar las modalidades a distancia y presencial para optimizar más el aprendizaje.

He querido hacer notar al lector que, bajo el cielo cetrino de la política boliviana, también están brotando ciertas flores. El periodismo, la cultura y la educación están desarrollándose sin los políticos, y ello debe alentarnos a los artistas, escritores y académicos a seguir trabajando no solamente para elevar la calidad moral e intelectual de nuestra sociedad, sino para crear fuentes de empleo para nuestros propios colegas. @mundiario

 

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