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¿Qué implica la confirmación de Barrett como nueva juez de la Corte Suprema a 7 días de las elecciones?

La balanza del máximo órgano que determina la justicia en Estados Unidos se ha inclinado a favor de los conservadores, lo que también es una victoria para el ala conservadora de la élite política nacional.
¿Qué implica la confirmación de Barrett como nueva juez de la Corte Suprema a 7 días de las elecciones?
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a la nueva juez de la Corte Suprema, Amy Coney Barrett (der.), en su toma de juramento constitucional durante un acto realizado en la Casa Blanca la noche de este pasado lunes / BBC.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a la nueva juez de la Corte Suprema, Amy Coney Barrett (der.), en su toma de juramento constitucional durante un acto realizado en la Casa Blanca la noche de este pasado lunes / BBC.

Un nuevo hecho histórico ha ocurrido en un año emblemáticamente negativo, pero también crucial para el futuro del país más poderoso del mundo. Con una sociedad muy fragmentada y con una creciente tendencia de liberalización en la cultura, la vida civil, las relaciones sociales y la conducta pública, e incluso familiar, la balanza del máximo órgano que determina la justicia en Estados Unidos se ha inclinado a favor de los conservadores, lo que también es una victoria para el ala conservadora de la élite política nacional; los republicanos, y para el segmento conservador y ultranacionalista de todo el país, representados en la figura del presidente Donald Trump. 

Y es que la confirmación de la abogada Amy Coney Barrett este pasado lunes en el Senado como nueva magistrada de la Corte Suprema de Justicia -con 52 votos a favor y 48 en contra- significa la consolidación de una clara mayoría ideológica en el máximo tribunal que, a partir de ahora, queda integrado por seis magistrados de tendencia conservadora y tres de tendencia liberal. Es decir, de sus nueve (9) jueces, ahora solo tres podrán respaldar las sentencias y decisiones jurídicas que beneficien las demandas sociales que, desde el punto de vista de los conservadores, son una aberración humana y civil para la naturaleza de los Estados Unidos. De esos nueve, la supermayoría la tienen los jueces conservadores con seis (6).


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Pero, ¿qué impacto político y social tiene esta decisión a exactamente una semana de las que tal vez sean las elecciones presidenciales más importantes de Estados Unidos en el siglo XXI?

El nombramiento de Amy Coney Barrett podría ser utilizado por Donald Trump como una herramienta más en su discurso y retórica para animar a la base radical de seguidores que posee en los estados más conservadores del país, partiendo de la premisa de que el segmento católico y estrictamente religioso de la sociedad estadounidense es el objetivo del presidente para captar el voto católico y evangélico con la expectativa de que Barrett, al darle una mayoría de 6 contra 3 a los republicanos en la Corte Suprema, podría bloquear la aprobación de la legalización del aborto. Este sería un punto a favor para Trump, quien utilizaría el mensaje electoralista de que consiguió esa victoria por el derecho a la vida y la preservación de los valores estadounidenses.

En el caso de otro tema sensible que la Corte deberá discutir y examinar; el matrimonio homosexual, Barrett podría ser la piedra de tranca burocrática y jurídica que los republicanos y Donald Trump buscaban con el objetivo de revertir esa decisión (el matrimonio entre personas del mismo sexo o matrimonio gay fue legalizado en EE UU en 2015). Sin embargo, esa movida le costaría a Trump una presión social que se traduciría en la agitación del voto de la comunidad LGBTQ en favor de Joe Biden, quien es un demócrata progresista que apoya el matrimonio homosexual por la premisa del derecho al amor como valor humano fundamental sin distingo de género. En escenario, habría protestas de esa comunidad y movimiento cultural contra Trump, y además, posibles nuevos votos indecisos inclinados hacia Biden por parte de personas que lleguen a ver esa anulación del matrimonio homosexual como una mala jugada intencional del presidente. 

Uno de los asuntos públicos que más trastoca las sensibles fibras sociales es la Ley de Cuidados de Salud Asequibles (mejor conocida como Obamacare). Trump considera que es un programa de seguros médicos muy costoso fiscalmente para el Estado, pues cohíbe al Gobierno de recibir muchos impuestos con contrataciones de seguros de bajo costo por parte de la población; una clara visión mercantilista y capitalista de la salud pública.

De hecho, desde que en 2010 se aprobó la Ley de Cuidados de Salud Asequibles el Partido Republicano ha intentado anularla. Se trata de una clara intención política de la élite conservadora por controlar la industria médica-farmacéutica en caso de lograr mantener el poder por cuatro años más si Trump llega a ser reelegido el 3 de noviembre.

Se estima que más de 20 millones de personas lograron contar con un seguro médico en Estados Unidos gracias a esta norma, que es probablemente el mayor legado del expresidente Barack Obama tras sus ocho años de gobierno (2008-2016).

En 2016, Donald Trump fue electo con la promesa de que iba a "derogar y reemplazar" esta ley, algo que no consiguió pese a que sí logró debilitar algunos de sus pilares, como las condiciones de las primas y de las cuotas de cancelación de los seguros. ¿Podría el presidente influir sobre la Corte Suprema para que Barrett sea el factor decisivo en el debate judicial sobre la derogación o ratificación del Obamacare? Si eso ocurriera, sería una grave violación al Estado de derecho y al principio de separación de poderes por parte de Trump, aunque al republicano le importa ganar votos de electores que también apoyen el supuesto nuevo programa de salud reformado que su candidato ha prometido, pero del cual el mandatario no ha dado detalles ni ha explicado cómo lo ejecutará. 

Y en lo económico, el presidente Donald Trump se expande con fuerza dentro de un esquema de percepción en buena parte de la sociedad norteamericana, que está enfocada y convencida de que él es el factor no político que instalará una economía más liberal en el país más poderoso del mundo, con menos impuestos y menos intervención del Estado; capitalismo puro y duro en su máxima expresión. El presidente busca reducir el tamaño y la presencia del Estado, prevé recortar más impuestos y eliminar regulaciones que considera burocráticas e innecesarias para que el libre mercado y la economía fluyan en aras de la generación de prosperidad material, riqueza financiera, bienestar socioeconómico, estabilidad empresarial, creación de empleos y dinamismo en el consumo. 

La presencia de Amy Barrett en la Corte Suprema podría ser otro elemento añadido al lado conservador de la balanza judicial en busca de dar más libertad a las empresas para impedir que, si Biden llega a ser presidente, se impongan tributos muy altos a las empresas para financiar el gasto público y las demandas o subsidios sociales. 

Así van las cosas en el seno del poder institucional y democrático de los Estados Unidos a tan solo una semana de sus cruciales e históricas elecciones presidenciales, que por cierto, son las más costosas en la historia del país. @mundiario