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La gasolina iraní se agotó en Venezuela mientras la crisis económica no da tregua

El combustible ha vuelto a escasear en un país que prácticamente depende de ese recurso para sostener el sistema comercial con el que una parte de su población subsiste en medio de una crisis de varios niveles.
La gasolina iraní se agotó en Venezuela mientras la crisis económica no da tregua
Una fila para surtir combustible en San Cristóbal, estado de Táchira, situado al occidente de Venezuela / El Nacional.
Una fila para surtir combustible en San Cristóbal, estado de Táchira, situado al occidente de Venezuela / El Nacional.

La última fuente de energía que le quedaba al país con las reservas de petróleo más grandes del planeta (300.000 millones de barriles), pero que debe importarla desde el Medio Oriente, se ha acabado. El recurso que moviliza todo el sistema de transporte, comercialización y servicios logísticos de las cadenas de suministro de Venezuela vuelve a escasear en medio de una realidad que se torna una especie de tormenta perfecta: hiperinflación, desigualdad social por el fenómeno de la dolarización, falta de servicios públicos como agua, electricidad y gas, alto costo de la vida, y ahora, la pandemia de coronavirus.

En la nación que tiene el sistema socioeconómico más hostil de América y uno de los más inestables del mundo hay un verdadero cóctel explosivo, que no ha hecho implosión por el férreo sistema de control político, social, militar y territorial del régimen de Nicolás Maduro. 


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Y es que la gasolina que el Gobierno venezolano importó en junio desde Irán ya no existe. Todos los inventarios han sido consumidos, pero el trasfondo va mucho más allá, pues se ha creado todo un esquema de monopolización del combustible, que tiene a los estados y regiones periféricas del país sin gasolina, mientras la capital, Caracas, epicentro del poder financiero y militar del chavismo, todavía tiene reservas del carburante.

La falta de combustible en un país colapsado

Hace casi dos meses, el Gobierno pagó 1,5 millones de barriles de gasolina con 30.000 onzas de oro -equivalentes a 60 millones de dólares- de las arcas públicas del Banco Central de Venezuela. Es decir, en una operación opaca e ilícita, el régimen de Maduro extrajo el metal precioso de las bóvedas del BCV para usarlo como medio de pago a Irán, que accedió a venderle su combustible a Venezuela con el objetivo de captar liquidez y recursos que le permitan resolver su crisis económica interna, exacerbada por las sanciones comerciales, energéticas y financieras con las que Estados Unidos busca desestabilizar y generar una ruptura en el régimen islamista radical de ese país árabe, así como también planea hacerlo con su presión financiera a la cúpula de poder de Maduro.

La asfixia energética de Venezuela es tan aguda, que tan solo quedan 15.000 barriles de gasolina para todo el país, que cuenta con un parque automotor de más de 3 millones de vehículos y más de 28 millones de habitantes justo en medio de una grave crisis sanitaria marcada por más de 21.000 contagios y 202 muertes por Covid-19.

¿Por qué no hay gasolina?

Lo que el régimen de Maduro no ha confirmado, ni planea hacerlo, es lo que ya denunció el sindicato de la industria petrolera venezolana -actualmente en quiebra con más de 5.000 millones de dólares en pérdidas solo este año-: no hay gasolina. Así lo dijo el director ejecutivo de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv), Eudis Girot, quien insistió en que “la escasez de combustible en el país se debe a que la gasolina de Irán se acabó y las refinerías continúan inoperativas”. El dirigente aseveró que la “única esperanza es un barco de gasolina importada”, dijo esta semana en una entrevista radial.

El mes pasado, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, manifestó que estaría dispuesto a vender gasolina a Venezuela. Sin embargo, no se ha concretado ningún acercamiento o negociación de ese país con el Gobierno de Maduro para finiquitar algún envío de combustible, pues una acción comercial de ese tipo sería interpretada por Estados Unidos -el principal aliado comercial y económico de México- como una violación al sistema de sanciones y de presión financiera de Washington contra el régimen comunista-militar que gobierna Venezuela.

Girot reiteró que “la producción nacional está paralizada, y que las refinerías ya no producen gasolina porque sus tanques están totalmente vacíos”. Actualmente, solo una de las 10 refinerías que tenía PDVSA se encuentra en funcionamiento y lo hace solo al 10% de su capacidad. La gasolina que solía importar Venezuela provenía de Estados Unidos con envíos de 20.000 barriles diarios generados por su filial en Texas, Citgo Petroleum, pero esa compañía le fue confiscada a Maduro por las sanciones de la Casa Blanca y cedida bajo control temporal a la administración del llamado ‘Gobierno interino’ del líder opositor Juan Guaidó (respaldado por Washington como presidente encargado de Venezuela).

Por su parte, el diputado de la Asamblea Nacional venezolana (Parlamento) Omar González Moreno afirmó en una entrevista con el medio estadounidense Diario Las Américas que “ocho de cada diez estaciones de servicio en Venezuela ya no cuentan con la gasolina que envío Irán en mayo” y que “la existencia que se encuentra en los tanques de PDVSA se distribuye solo a los vinculados al régimen o es enviada a Cuba”. El régimen cubano es el aliado clave de la cúpula de poder de Maduro, quien le provee gasolina y petróleo a cambio de los servicios del sofisticado sistema de inteligencia militar que el Gobierno comunista de la isla envía a Venezuela para contribuir en sostener al chavismo en el poder. @mundiario