La estrategia ambivalente de Capriles contra el régimen de Maduro agita las dudas en Venezuela

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El dirigente opositor venezolano Henrique Capriles en una manifestación contra el Gobierno en 2012 en Caracas / El Nacional.
¿Podrían llegar a unirse la estrategia de presión financiera-diplomática de Guaidó con la recuperación del apoyo de la mayoría de Capriles? El chavismo busca consolidar su dominio mientras la crisis se estanca sin final a la vista. 
La estrategia ambivalente de Capriles contra el régimen de Maduro agita las dudas en Venezuela

Lograr un cambio de sistema en Venezuela, uno de los países más inestables del mundo y, de lejos, el más inestable de América, no es tarea fácil. Implica desmontar las bases de una estructura de poder que se ha extendido a todos los espacios y elementos del Estado. Entonces, la crisis de esa otrora potencia petrolera es multisistémica, pues todos los aspectos de la vida nacional están condicionados por el férreo control del régimen de Nicolás Maduro y en un precario estado de desgaste que arrastra inminentemente a la población. 

Y es que el exlíder de la oposición y excandidato presidencial venezolano Henrique Capriles Radonski ha dado un viraje en su política de lucha contra el chavismo al reafirmar la estrategia electoral, pero contradiciendo el llamado al voto, paradójicamente. El dirigente reiteró el pasado jueves su llamado a “luchar por condiciones para las elecciones parlamentarias a realizarse el 6 de diciembre” asegurando que él no está llamando a votar, sino a “luchar para que haya condiciones”.


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Esto implica que la agenda de Capriles se basa en ejercer presión institucional mediante la diplomacia de la Unión Europea con el objetivo de forzar al régimen de Maduro a abrir canales de rendición de cuentas y auditorías sobre un sistema electoral cuestionado y distorsionado a favor de los circuitos políticos-sociales donde el chavismo tiene más influencia y dominio territorial. 

De acuerdo con la politóloga Ana Milagros Parra, “Capriles ha disminuido ese discurso o narrativa a favor del voto y lo está enfocando en lograr condiciones electorales, porque él sabe y ha dicho explícitamente que las elecciones parlamentarias son una farsa y que no se trata de votar o no votar, sino de lograr condiciones para volver a tener el voto como herramienta”, explicó en una entrevista concedida al diario local Primicia.

Los cabos sueltos en la agenda de Capriles

Sin embargo, el problema de esta estrategia radica en que para lograr esas condiciones debe reformarse todo el sistema institucional que avala las elecciones; los rectores del Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, pues las autoridades del primero responden a las directrices del régimen de Maduro, lo que les permite maniobrar y configurar la distribución de mesas de votación y la administración del sistema de conteo de votos a total discreción, mientras que el segundo es el órgano que puede anular o validar unos comicios donde, según sea el caso, la oposición gane o pierda, respectivamente.

“Capriles está consciente de que si participa no va a ganar escaños o no los suficientes como para volver a tener la Asamblea Nacional, puesto que, de acuerdo con lo que explicó, su objetivo es que se utilice el evento como una manera de lucha para poder generar condiciones electorales”, precisó Parra.

Por lo tanto, la agenda electoralista del dirigente opositor es un juego de suma cero en el que apuesta el capital político que tiene para arriesgarse a entrar en un tablero diseñado a la medida del Gobierno, donde el sistema de conteo, la infraestructura de votación, las autoridades gestoras de los circuitos electorales y el aparato judicial detrás de ello están absolutamente controlados por la extensión del chavismo en el CNE y el TSJ. Entonces, si Capriles y su plataforma de apoyo llegasen a ganar asientos en el Parlamento, no sería una facción de peso para contrarrestar los decretos con los que el régimen de Maduro podría gobernar por decreto e instaurarse en el poder de forma indefinida en medio de la actual crisis económica nacional, que ya suma seis años de profunda recesión y deterioro social. 

“Capriles no ha dicho una ruta o un plan a largo plazo, a pesar de que podemos deducir que su vista es más a largo plazo, es decir, de acumular fuerzas alrededor del evento del voto”, detalló Parra.

La agenda de este segundo polo de poder dentro de la oposición es igual de imperfecta que la de Juan Guaidó, simbólico presidente interino de Venezuela, pero podría basarse también en volver a reanimar la base electoral que había en el país cuando él (Capriles) fue candidato presidencial en 2012 contra Hugo Chávez y en 2013 contra Nicolás Maduro, esto con el objetivo de sumar mayorías y un alto volumen opositor en las zonas de mayor densidad de control político del chavismo para que se cierre el margen de fraude estadístico del CNE con las máquinas y las actas de votación que saca de circuitos de población descontenta con el Gobierno para trasladarlas a zonas con amplia presencia del buró político chavista.

“El problema es que dar garantías electorales por parte del Gobierno quiere decir que ellos necesitan oxígeno, pero no van a permitir que de verdad ganen espacios importantes que signifiquen algún contrapeso para que ellos salgan del poder, y se nota ahora con el cambio del discurso en el que dice que sin garantías electorales no va a participar”, afirma la politóloga. 

¿Una estrategia doble contra el régimen de Maduro? 

Esa premisa de abstención sin garantías democráticas e imparciales para las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre, así como ocurrió con las cuestionadas presidenciales de 2018 que atornillaron a Maduro en el poder, es el mismo elemento de la retórica de Guaidó, quien también se rehúsa a que su plataforma de partidos envíe candidatos a unas elecciones diseñadas para garantizar la mayoría estadística y aritmética artificial del chavismo pese al malestar social del 80% de los venezolanos contra el Gobierno ante la magnitud de la crisis económica. ¿Podrían llegar a unirse la estrategia de presión financiera-diplomática de Guaidó con la recuperación del apoyo de la mayoría de Capriles? 

El tiempo lo dirá, aunque lejos de cualquier escenario aventurado en una utópica acción militar de Estados Unidos, el escenario potencial al cual una eventual fórmula Guaidó-Capriles pudiesen llevar al régimen de Maduro es al de una negociación final bajo mediación de la Unión Europea y bajo presión de Washington mediante un esquema de concesiones mutuas, es decir, que la oposición y el chavismo se entreguen cuotas de poder para instaurar un Gobierno de transición que contenga la crisis y, posteriormente, cambie el sistema político-económico en aras de devolver la democracia y la estabilidad a un país que solía tenerlo todo como nación próspera. @mundiario

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