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Obama propina un golpe devastador a la presidencia de Trump

En la Convención Nacional del Partido Demócrata, el ex presidente culpó al mandatario actual por la elevada cifra de muertes causadas por el coronavirus en los Estados Unidos.

Obama propina un golpe devastador a la presidencia de Trump
Barack Obama. / RR SS.
Barack Obama. / RR SS.

Con su ecuanimidad habitual, y a la vez con la firmeza de la convicción, el ex presidente norteamericano Barack Obama le propinó el miércoles por la noche un golpe devastador al actual ocupante de la Casa Blanca, Donald Trump.

Fue durante la Convención Nacional del Partido Demócrata, que este año, debido a las medidas de urgencia tomadas por la amenaza del coronavirus, se realizó de manera virtual, en las pantallas de televisores, computadoras y dispositivos móviles.

En un discurso pronunciado desde la ciudad de Filadelfia, cuna de la Constitución, Obama hizo añicos el desempeño de Trump en la presidencia. Primero resumió las características que debe reunir un político electo para dirigir la democracia norteamericana: “esperaríamos que un presidente tenga un sentido de la responsabilidad por la seguridad y bienestar de los 330 millones que somos, sin importar cómo nos veamos, cómo recemos, a quién amemos, cuánto dinero tengamos o por quién hayamos votado”.

Y continuó: “Pero también deberíamos esperar de un presidente que sea custodio de esta democracia. Deberíamos esperar que, sin importar el ego, la ambición o las creencias políticas, el presidente preservará, protegerá y defenderá las libertades e ideales por las que tantos estadounidenses marcharon y por los que fueron a prisión, por los que pelearon y murieron”.

Después apuntó su artillería verbal directamente a Trump:

“Nunca esperé que mi sucesor abrazaría mi visión o continuaría mis políticas. Sí esperé, por el bien del país, que Donald Trump mostraría algún interés en tomarse el trabajo en serio; que sentiría el peso del cargo y descubriría cierta reverencia por la democracia que fue puesta a su cuidado.

Pero nunca lo hizo. Por casi cuatro años ya, no ha mostrado interés en ponerse a trabajar; ningún interés en encontrar un terreno común; ningún interés en usar el increíble poder de su cargo para ayudar a cualquier persona que no sean él mismo o sus amigos; ningún interés en tratar la presidencia como cualquier otra cosa que no sea un reality show que puede usar para recibir la atención que anhela”.

Obama indicó que la labor de Trump al frente de la nación ha sido un fracaso grave. “Donald Trump no se ha adaptado al trabajo porque no puede –afirmó–. Y las consecuencias de ese fracaso son severas. 170 mil estadounidenses muertos. Millones de empleos desaparecidos, mientras que los que están arriba se llevan más que nunca.  Nuestros peores impulsos desencadenados, nuestra orgullosa reputación en el mundo mermada gravemente y nuestras instituciones democráticas amenazadas como nunca antes”.

Trump ha gobernado pensando sin cesar en su reelección y en el beneficio económico constante de su clase social. Sus políticas –secundadas por el Senado en manos republicanas– han fomentado un aumento escandaloso de las desigualdades en la sociedad norteamericana, donde el uno por ciento más rico de la población controla más de la mitad de la riqueza nacional.

Trump ha permitido que el racismo y la xenofobia asomen sin pudor su feo rostro. Ha propiciado un auge del supremacismo blanco, que es la base ideológica de movimientos extremistas como el neonazismo. Ha agravado las tensiones étnicas y ha intentado usar a la inmigración como chivo expiatorio para ocultar los males de un sistema condenado al fracaso, cuya salvación temporal solo es posible si se alivian sus inequidades intrínsecas.

Al inicio, Trump se negó a reconocer a la COVID-19 como una amenaza devastadora. Después, al aceptar la gravedad de la pandemia, su incapacidad o su falta de voluntad para trazar un plan nacional en respuesta al virus, ha causado que los Estados Unidos tengan en este momento más de la tercera parte de los casos de contagio activo en todo el mundo y más de 176.000 muertes. Esa cifra trágica es la más alta de cualquier país, incluso de naciones con una población más numerosa, como la India (más de 54.000 fallecidos) y China, con 4.634 muertes (sin ningún nuevo deceso en meses) y solamente 516 casos activos.

La gestión presidencial de Trump ha polarizado a la sociedad norteamericana, ha enajenado a aliados importantes y ha dado lugar a la peor respuesta ante la COVID-19 en todo el mundo. Como dijo Obama en la Convención Nacional Demócrata, “las consecuencias de ese fracaso son severas”. @mundiario