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EE UU está en suspenso por un nuevo paquete de ayudas económicas a dos semanas de las elecciones

Sin duda, esta es una semana decisiva para el futuro económico de los estadounidenses en cuanto a sus necesidades más esenciales en medio de la crisis del coronavirus y la recesión más grande que EE UU haya vivido desde 2008.
EE UU está en suspenso por un nuevo paquete de ayudas económicas a dos semanas de las elecciones
Un billete de 100 dólares estadounidenses con un diseño muy peculiar en vista del segundo paquete de rescate socioeconómico que necesita el país ante la crisis de la pandemia / ABC News.
Un billete de 100 dólares estadounidenses con un diseño muy peculiar en vista del segundo paquete de rescate socioeconómico que necesita el país ante la crisis de la pandemia / ABC News.

Esta semana es particularmente especial e importante para los Estados Unidos de América. El país más poderoso del mundo, que tiene la economía más grande del planeta y que actualmente es también el epicentro global de la pandemia de Covid-19, necesita alivio socioeconómico interno. Un tanto paradójico si se considera que el Gobierno de Donald Trump es el que más dinero ha gastado en el rescate de la economía nacional cuando estalló la crisis del coronavirus; 2 billones de dólares en ayudas, pero esa ingente cantidad de dinero, envidiable incluso para grandes potencias europeas, no fue suficiente para la nación que concentra al 4% de la población mundial con 328 millones 200.000 habitantes. 

Pero no solo por eso. EE UU está a exactamente dos semanas de las elecciones que definirán su futuro económico, social y político doméstico, así como también su rol en el mundo como una potencia que, si bien no está en decadencia, sí está en una franca turbulencia. 


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Las familias están al límite, especialmente las de origen migrante. El poco dinero que circula en los flujos de rentas básicas está destinado al consumo esencial para la subsistencia de los ciudadanos que quedaron sin empleo a raíz de la pandemia, los que ya no pueden recibir más beneficios estatales por copar todas las ayudas y aquellos que necesitan alivio socioeconómico, pero aún no logran conseguirlo, pues no es fácil para un Estado gestionar la ayuda de emergencia en una población tan extensa.  

Entonces, para evitar un colapso civil que genere focos de crisis socioeconómica con un potencial aumento de la pobreza de ingresos, la pobreza general y el desempleo, dado el sistema de profundas desigualdades estructurales en EE UU en materia de consumo, salarios, empleos, impuestos, tarifas y servicios públicos, el Gobierno de Trump debe lanzar el salvavidas antes de que la presión del clima de austeridad que se vive en el país más enfermo del mundo por la Covid-19, ocasione un daño social irreversible. 

Y es que en medio de la tensión electoral, los demócratas y los republicanos se acercan a la fecha límite para aprobar un nuevo paquete económico de ayudas antes de las elecciones del 3 de noviembre para atender la pandemia. El problema es que no se ve un acuerdo cercano. El bipartidismo y la polarización ideológica se sigue sobreponiendo a la necesidad humanitaria de evitar la mengua en una gran parte del tejido socioeconómico estadounidense. La soberbia financiera de Trump y la reticencia del Congreso, controlado por una demócrata en su Cámara Baja, a darle al Gobierno demasiada liquidez que el presidente pueda derrochar, tiene el juego totalmente cerrado en una especie de partida de ajedrez donde ningún bando quiere ceder piezas.

La presidenta de la Cámara de los Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, había fijado para este martes la fecha límite en pro de dar luz verde a un conjunto de medidas de estímulo económico con los republicanos. Sin embargo, las conversaciones entre los delegados de ambos partidos con el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, no han dado el resultado esperado, pues Trump insiste en que se supere la cifra de 2,4 billones de dólares y los demócratas buscan darle solo ese presupuesto o incluso menos. El sector alineado con la candidatura de Joe Biden quiere actuar como contrapeso para evitar una expoliación o dilapidación financiera de los recursos públicos estadounidenses en algún tipo de medida fiscal de Trump que beneficie a la cúpula empresarial del país, como por ejemplo, con más recortes de impuestos subsidiados a través de fondos de ese rescate billonario (trillion, como se le dice en inglés).

Mientras que el presidente Donald Trump ha dicho la mañana de este martes que tiene confianza en que los republicanos apoyen un importante paquete y ha asegurado que quiere gastar más de los 2,4 billones de dólares que Pelosi ha propuesto en las negociaciones. Desde el punto de vista del presidente de EE UU, es necesario un rescate cercano o fijado en los 3 billones de dólares, el doble de lo aprobado en marzo cuando estalló la pandemia, pues ahora que la economía norteamericana se ha reactivado progresivamente, es momento para reanimar aun más el consumo en aras de recuperar los empleos perdidos. 

Pelosi apoya la idea de que en lugar de proveer un alivio real, Trump propone un paquete de estímulos que excluye la expansión de fondos para los impuestos de ingresos acumulados en créditos y el impuesto a los créditos para niños.

“Lo correcto y lo mejor que se puede hacer por una economía es, para nosotros, ayudar primero a los más necesitados”, dijo en una entrevista este martes a la cadena ABC News.

Además, la presidenta del Congreso insiste en que el alivio debe estar enfocado también en las comunidades afroamericanas, que son las más afectadas socioeconómicamente por la pandemia de coronavirus. 

Si Trump no logra la aprobación de este paquete de estímulo esta semana, justo cuando el próximo jueves 22 de octubre será el último debate presidencial, podría perder una importante base de apoyo en el segmento de la clase media blanca no profesional y de los inmigrantes republicanos, pues son sectores que dependen de las ayudas del Estado en emergencias económicas de gran escala. 

Un revés presupuestario del presidente supondría una ventaja política para los demócratas al obstaculizar la gestión financiera de Trump sobre la pandemia, que no ha sido particularmente eficaz más allá del primer estímulo al consumo que ejecutó con el envío de cheques por 1.200 y 2.400 dólares a las familias y a los desempleados. Esto se debe a que si un sector de la base radical que está alineada con el mandatario ve algún atisbo de debilidad en sus negociaciones por el estímulo a la economía y a la subsistencia de la población, entonces ese segmento se reduciría en un 2% o 5%, lo cual se traduciría posiblemente en votos castigo trasladados a Joe Biden. 

Sin duda, esta es una semana decisiva para el futuro económico de los estadounidenses en cuanto a sus necesidades más esenciales en medio de la crisis del coronavirus y de la recesión más grande que EE UU haya vivido desde el crack financiero de 2008. @mundiario