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Chile: una nueva Constitución para una nueva sociedad

No se trata solo de cambiar un texto, columna vertebral jurídica de un país; se trata de cambiar la vida de millones de personas a través de nuevas garantías constitucionales que se tienen que materializar. La Constitución lleva todavía las marcas de Pinochet. El país sigue inundado por el neoliberalismo y la Constitución es como el soporte del modelo económico hoy desafiado. Cambiar el uno, supone cambiar el otro. 

Chile: una nueva Constitución para una nueva sociedad
A caballo sobre la lucha social. / RR SS.
A caballo sobre la lucha social. / RR SS.

Todo empezó en contra del aumento de la tarifa del metro en octubre 2019; luego una protesta llevó a otra, y resulta que nada se podía resolver con un sencillo ajuste. Parece que no era solo una tarifa; eran todos los pilares de la sociedad que había que desarmar. La ira colectiva obligó al poder a proponer cambios que no sean superficiales así que, se convocó a un referéndum (que debía ser el 26 de abril) que finalmente será realizado este mes de octubre 2020 en razón de la pandemia. Con el referéndum es el mito de la democracia más estable y próspera de América Latina que se va volando. Ya no se quiere seguir en esta “estabilidad”, se quiere cambio.

“Es muy urgente que todos aquellos candados y barreras Constitucionales que impiden mayor protección a la gente, que impiden más justicia, que impiden más libertad y más democracia en nuestro país, sean derribados a la brevedad, porque la crisis económica y social que estamos enfrentando y que vamos a seguir enfrentando, requiere un Estado comprometido y para ello, necesitamos una nueva Constitución”. Así cuenta Ana Bell, consejera nacional de la CUT (Central Unitaria de Trabajadores) y coordinadora de esta instancia.

Para ella como para algunos miembros del movimiento social se trata de una importancia capital: con el referéndum se abre la posibilidad de derribar estas barreras constitucionales que mantuvieron el statu quo neoliberal. Lo que es el primer paso para luego ir hacia otra cosa, otra organización social que sea más beneficiosa para la mayoría. Con el cambio de la Constitución se espera ir en contra de la violencia social, de los despedidos, de la explotación y de la precariedad que poco a poco van dominando el mundo laboral en Chile. Cuando hablamos de precariedad laboral nos referimos a un empleo inestable, con salario bajo o insuficiente, limitada protección social (seguridad social), donde los términos del empleo se negocian individualmente, con limitada capacidad para ejercer derechos laborales (como vacaciones y licencias médicas). El mito explotó como lo hemos dicho. La verdad es que en Chile hay mucha precariedad y malestar. 

En su investigación, “La epidemia del empleo precario: causas y posibles salidas”, Alejandra Vives, Roxana Valdebenito y Fernando Baeza precisan que: “En cuanto a la inestabilidad del empleo, que depende en gran medida de la facilidad para contratar y despedir y que está al centro de la precariedad del empleo, vale la pena mirar dos datos: por una parte, la proporción de empleos temporales fluctúa entre el 26% y el 30% (ENE), la más alta de la OCDE; por otra, que según datos de la ENCLA 2014, la mitad de los contratos indefinidos duran apenas 3 años o menos.”¹ Además de la precariedad, la desigualdad fue creciente en Chile. El país fue el más desigual del OCDE en 2018: 1% de la población concentra para ella sola 26% de las riquezas.

Del cambio constitucional hasta la edificación de un nuevo modelo social

No se trata solo de cambiar un texto, columna vertebral jurídica de un país; se trata de cambiar la vida de millones de personas a través de nuevas garantías constitucionales que se tienen que materializar. La Constitución lleva todavía las marcas de Pinochet. El país sigue inundado por el neoliberalismo y la Constitución es como el soporte del modelo económico hoy desafiado.  Cambiar el uno, supone cambiar el otro. 

La lucha por un nuevo modelo social es la lucha por la dignidad.

La lucha por un nuevo modelo social es la lucha por la dignidad. / Mundiario.

 

Modelo social y Constitución

“La Constitución deberá incluir la obligación por parte del Estado de garantizar un sistema de seguridad social’’, precisa el diputado Gael Yeomans de la coalición izquierda alternativa “Frente amplio”. Entonces la batalla por la Constitución es la batalla por la seguridad social. En efecto, la Constitución no es neutral: como explica Miriam Henríquez, constitucionalista de la Universidad Alberto Hurtado, “la Constitución chilena promueve un Estado subsidiario que por principio considera como servicios provistos por particulares aquello que se quiere transformar en “derechos sociales.” De momento hay una incompatibilidad entre la actual Constitución y las demandas sociales del movimiento social. El ejemplo dado por Emmanelle Barozet, profesora de sociología de la Universidad de Chile es el sistema de jubilación. Está marcado en la Constitución de tal forma que para deshacerse de su enfoque individual hay que cambiar la Constitución.

Como lo precisó al periódico francés Libération este sistema fue impuesto en plena dictadura del general Pinochet (1973-1990), siguiendo las teorías neoliberales según las cuales cada asalariado cotiza a título individual y obligatoria (hoy 10% del valor del sueldo) a fondo de pensión privados y muy lucrativos que servirá para la especulación en la bolsa financiera. Sin embargo, precisa la profesora, “cuarenta años después, las jubilaciones son inferiores a lo que fue prometido, en particular para las mujeres.” Los límites del sistema de jubilación son los límites de la Constitución que dio este rumbo y esta cultura “de cada quién por sí solo” a todo el país. Hoy, es este rumbo y esta cultura que se quiere cambiar.

Aunque el texto constitucional ha sido sometido a diversos cambios, la Constitución de 1980 es, para muchos, uno de los obstáculos para dar respuesta a las demandas ciudadanas de mayor igualdad y presencia del Estado en servicios básicos, como la educación, la salud y las pensiones a los jubilados.

 

Lucha por la seguridad social

Está claro entonces que en Chile el debate no es solo jurídico, a través de la Constitución el debate es de saber en qué país se quiere vivir; en un país donde cada quién asegura su sobrevivencia y se protege por su cuenta de los accidentes de la vida o en una sociedad distinta dónde se podría socializar muchos recursos para no dejar a nadie excluido de la educación o de la salud por falta de dinero. Sin embargo, un voto no lo hará todo, y una nueva constitución no lo hará todo tampoco. Tal vez esta ficción amenaza a Chile. Se va a necesitar más que un voto; luchas de gran amplitud para llegar de una errónea estabilidad económica a una verdadera estabilidad social para que la gente pueda vivir bien en vez de sufrir por la inestabilidad permanente por falta de recursos o en razón de la precariedad laboral. 

Manifestaciones en Chile.

Manifestaciones en Chile. / RR SS. 

 

Malestar: desempleo o precariedad

Desde los años 30 científicos mostraron la relación entre el desempleo y la salud, especialmente como el desempleo afecta la salud mental.

Sergi Raventos, trabajador social en una fundación de Salud mental y doctor en sociología precisa por ejemplo que “el suicidio es una de las formas de muerte más extendida en el mundo superando los muertos por accidente de tráfico, terrorismo y violencia machista. (...) Cada año se suicidan en el Reino de España más de 3.000 personas, pero en los últimos años se han realizado varios estudios que corroboran la relación entre crisis económicas y suicidios. (...) Algunas investigaciones han intentado cuantificar el incremento de los suicidios derivados exclusivamente de la crisis. Por ejemplo, en Estados Unidos entre el 2007 y el 2010 se estima que ha habido más de 4.750 muertes por suicidio; en el caso de Inglaterra llegaron a ser unos 846 adicionales entre los años 2008 y 2010. (...) Según diversas investigaciones existe una relación muy directa entre las crisis económicas, el desempleo y el empeoramiento de la salud mental. Un dato ilustrativo: la media de personas con problemas psicológicos entre los desempleados es del 34%; en cambio, entre las personas con empleo es del 16%.”

De igual forma sabemos que la precariedad tiene su repercusión sobre el estado mental y sobre la salud en general. Si el desempleo es un gran problema se hace evidente que el trabajo precario no es la solución.  “A su vez, a partir de los 80 se ha acumulado evidencia epidemiológica que muestra que también el empleo precario tiene efectos negativos sobre la salud. (...) Desde la salud pública, la gran cantidad de personas expuestas a los efectos tóxicos de la precariedad laboral en Chile nos pone frente a una epidemia social urgente, que exige mirar íntegramente al empleo y la seguridad social.”

 

Una posibilidad a construir

Ambroise Croizat, Ministro comunista del Trabajo en Francia (1945-1947) y padre fundador de la seguridad social decía que no hay que hablar de adquiridos sociales pero de conquistados sociales porque los empresarios nunca se rinden. Si el viento sopla al revés en Chile podría ser fugaz y fácilmente esta brisa de esperanza se podría acabar mientras se quiere cambios verdaderos y perdurables. No hay que gritar victoria antes de la victoria y hay que mantenerse despierto porque como lo hemos subrayado, un voto o una nueva constitución no lo harán todo por sí solos. Sabemos por ejemplo que en Francia, la seguridad social establecida después de la segunda guerra mundial padeció muchos ataques lo que la debilitó bastante, y al año 2018 viene un nuevo ataque, directo esta vez. Se consideró adecuado por la mayoría “neoliberal” quitar el término de la Constitución. Finalmente, no se hizo nada gracias al rechazo general de las organizaciones sindicales. Ahora, más bien, es esta mayoría “En Marche” que muchos quieren quitar del poder. En Chile, igual, la posibilidad puede florecer o marchitarse. Nada se gana o se pierde por adelantado: es un proceso a construir (y a defender) y si no avanzamos en eso, retrocedemos.

En definitiva, se entiende que se quiere cambiar la Constitución para llegar a la justicia, a una mejor sociedad sin tanta violencia social, sin embargo, si es una etapa obligada para muchos, como profesores y activistas del movimiento social, no lo hará todo de cambiar la Constitución, aunque sea necesario.  Sabemos por ejemplo que a pesar de la Constitución Bolivariana que tiene varias virtudes vivimos en una sociedad llena de vicios. A pesar de la Constitución muchos derechos como los de las mujeres, de los trabajadores, de los pueblos indígenas, y más generalmente, los derechos humanos no son cumplidos. Esta batalla es desde luego compleja y una declaración o una Constitución no lo resuelve todo, pero vale la pena lanzar esta batalla. Vale la pena porque finalmente se trata a través de la seguridad social y de su aplicación cambiar la vida de millones de personas.

En Chile, al nombre de los que cayeron bajo los tanques del neoliberalismo; en favor de las generaciones siguientes que tienen que vivir en un mundo habitable donde todavía la justicia social tenga sentido: para ellos, del pasado, del futuro, los que sufren en el presente de la precariedad laboral y de las desigualdades; vale la pena luchar. Maxime Motard en @mundiario