Arranca la campaña electoral en Brasil: la presidencia se juega entre dos polos opuestos

Luiz Inácio da Silva, expresidente de Brasil. / RR.SS.
Luiz Inácio da Silva, expresidente de Brasil. / RR.SS.

El actual mandatario, el ultraderechista Bolsonaro, comienza a mostrar signos de poder recortar las grandes distancias que le separan del expresidente obrero Lula da Silva.

Arranca la campaña electoral en Brasil: la presidencia se juega entre dos polos opuestos

Una batalla de alto voltaje ha arrancado en Brasil, con el inicio de la campaña electoral de las elecciones generales que están previstas para el 2 de octubre. Dos polos opuestos se disputan la presidencia de la mayor economía de América Latina, en un enfrentamiento de legados entre el ultraderechista Jair Bolsonaro, actualmente en el cargo, contra el expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva.

Estos veteranos se han visto las caras por primera vez en un acto en la capital, Brasilia, en medio de la toma de posesión de Alexandre de Moraes, el nuevo presidente del Tribunal Supremo Electoral, que será el árbitro de estos comicios que pintan desde ya unos 45 días llenos de desinformación, con una sociedad polarizada entre ambos mandatarios.

A partir de ahora ambos candidatos podrán hacer propaganda a través de medios de comunicación, Internet y las redes sociales, que jugarán un rol crucial, quizás más que nunca debido a la desinformación y a que la mayoría de los brasileños se informa principalmente gracias a las redes sociales.

Desde hace rato Bolsonaro ha venido sembrando dudas en la transparencia del proceso electoral. El TSE, integrado por miembros del Supremo, ha estado bajo la lupa del presidente, por lo que el escrutinio sobre las urnas electrónicas será más riguroso que nunca, con riesgo a que las Fuerzas Armadas estén implicadas incluso en el reconteo, a petición expresa del ultra.

Los candidatos tienen sus mítines simbólicos

Cada uno ha empezado la campaña con significativos actos cargados de simbolismo. El expresidente obrero, que recuperó sus derechos políticos tras las acusaciones de corrupción en su contra, ha decidido pronunciar un discurso a las puertas de la fábrica de Volkswagen en São Bernardo do Campo, al sur de São Paulo, en recuerdo a las luchas laboristas que le catapultaron a lo más alto de la política brasileña en la ciudad más importante del país.

Por su parte, Bolsonaro ha decidido patear las calles de Juiz da Fora, la ciudad del sureño estado de Minas Gerais en la que hace cuatro años fue apuñalado cuando estaba siendo alzado en brazos de sus seguidores. En esa oportunidad, en 2018, fue ingresado en urgencias con una hemorragia interna, tres perforaciones en el intestino delgado y una de mayor gravedad en el grueso.

“Brasil estaba al borde del colapso, con problemas éticos, morales y económicos, y marchaba a grandes pasos hacia el socialismo”, ha pronunciado el mandatario desde esa ciudad. Bolsonaro ha descrito la contienda como una lucha “entre el bien y el mal” y que el retorno de Lula al poder significaría la llegada “del comunismo” en el país.

En el otro extremo del espectro está Lula, que espera aprovecharse del descontento social contra Bolsonaro, quien utiliza el miedo a su favor, apelando a la inflación y el alto nivel del desempleo.

Desde que comenzaron los sondeos antes del arranque de la campaña electoral el dirigente izquierdista se ha mantenido a la cabeza, con un holgado margen. Aunque Lula permanezca en la delantera con el 44 % de la intención de voto, según una encuesta publicada por el instituto Ipec, el actual presidente le recorta escalones llegando al 32 % de los sufragios, una diferencia de 12 puntos, cuando la anterior era un estimado de 15 puntos porcentuales como brecha. @mundiario

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