Qué implica la llegada de la vacuna rusa contra la Covid-19 a Argentina para Latinoamérica

argentina_vacunacixn_twitter
Los cargamentos de las primeras dosis de la vacuna rusa contra la Covid-19 una vez descargadas del avión que las llevó de Moscú a Buenos Aires. / Telesur
Con el inicio de la campaña, Argentina se convierte en el cuarto país de Latinoamérica en vacunar a su población, detrás de México, Chile y Costa Rica, y el primero del mundo en usar la vacuna de Rusia.
Qué implica la llegada de la vacuna rusa contra la Covid-19 a Argentina para Latinoamérica

La vacuna de la que todo el mundo duda ya está en el continente americano. En medio de la peor crisis económica y social de su historia, el que solía ser uno de los países más prósperos de América Latina, hoy no solo enfrenta la segunda inflación más alta del mundo y una de las devaluaciones más extremas de su moneda en toda la región y en todo el hemisferio occidental, sino que también ostenta el negativo récord de ser una de las cinco naciones más afectadas en todo el continente americano por la tercera pandemia que más devastación ha traído a la humanidad en dos siglos.

Es por ello que Argentina ha iniciado este martes, 29 de noviembre, el proceso de vacunación a su población contra la Covid-19, pero con la peculiaridad de que es el primer país latinoamericano y de todo el mundo, de hecho, que usa la vacuna de Rusia para inmunizar a sus ciudadanos frente al SARS-CoV-2.


Quizás también te interese:

Argentina empieza a aplicar la vacuna Sputnik V, la opción rusa que genera dudas

Llega a México el segundo cargamento de vacunas contra la Covid-19 tras la primera inyección


Luego de mostrar cierta duda sobre cuál vacuna usar; la de la farmacéutica estadounidense Pfizer, que tiene una efectividad del 95%, o la desarrollada por el Instituto Gamaleya, propiedad del Gobierno de Rusia, cuya eficacia no se conoce por la opacidad del régimen de Vladimir Putin, el Gobierno de Argentina, presidido por Alberto Fernández, decidió comprar ambos fármacos e iniciar la inmunización con el ruso, dejando como respaldo -en caso de alguna falla inmunológica o médica de la vacuna Sputnik V- el antídoto de Pfizer-BioNTech, que es el más usado hasta ahora por varios países para inocular a sus poblaciones, tales como: Reino Unido, Canadá, España, Francia, Alemania, México, Colombia, Chile y Costa Rica.

Lo cierto es que la vacuna rusa contra la covid-19 ha llegado a América Latina. Lo hecho a través de Argentina, el país más al sur del continente y cuya posición podría ser la clave de Rusia para expandirse geopolíticamente a través de su diplomacia sanitaria en las grandes economías de la región, que tienen frontera con Argentina; Chile y Brasil. Con la aplicación de la primera dosis a una médica terapista de un hospital de la provincia de Buenos Aires, la Sputnik V, producida por el laboratorio Gamaleya, se ha metido de lleno en un territorio codiciado por los laboratorios biotecnológicos de EE UU, Europa y China.

Esto implica que al ser Argentina uno de los países de Sudamérica más abiertos a la relación multilateral con Washington, Pekín y Moscú, pese a tener un Gobierno socialista, aunque moderado, el objetivo de las tres grandes potencias mundiales en ganarse ese mercado pasa por lograr su expansión comercial, tecnológica, científica, financiera y diplomática en una nación que está urgida de alivio económico ante la crisis interna que vive desde hace tres años.

Las primeras 300.000 dosis llegaron al país sudamericano el 24 de diciembre, a bordo de un vuelo de Aerolíneas Argentina enviado especialmente a Moscú para cruzar Europa y el Atlántico con las dosis necesarias para vacunar a su personal sanitario y a los grupos de alto riesgo. Cinco días después, este martes, el Gobierno de Alberto Fernández inició la vacunación en forma simultánea en las 23 provincias del país, además de la ciudad de Buenos Aires, la capital argentina. Las dosis recibidas alcanzan para inmunizar al 76% del personal médico que combate el coronavirus desde la primera línea de fuego.

Por lo tanto, este programa de vacunación es el inicio de una era de recuperación progresiva de la estabilidad social, sanitaria y, posiblemente, económica en Argentina, pues en la medida que más personas sean inmunizadas, la confianza para el retorno a las actividades del sistema de vida cotidiano será mayor, lo cual devolverá miles de puestos de trabajo a los argentinos y podría reactivar en su plenitud el sistema de producción del país, aunque la crisis económica seguirá presente mientras el Gobierno no decida dolarizar o atacar directamente la inflación. 

Un hito en la lucha global contra la pandemia

Con el inicio de la campaña, Argentina se convierte en el cuarto país de la región en vacunar a su población, detrás de México, Chile y Costa Rica. “La idea es empezar la vacunación con los que tienen más exposición al riesgo. Es una verdadera epopeya hacer la campaña de vacunación más grande de Argentina con igualdad de acceso”, dijo el ministro de Salud, Ginés González García, quien hoy inauguró el proceso en el Hospital Posadas, un emblemático edificio que atiende a decenas de miles de pacientes en el oeste de la capital argentina. A 60 kilómetros de allí, en la ciudad de La Plata, el gobernador de la provincia Buenos Aires, Axel Kicillof, se convirtió en el primer político argentino en recibir la vacuna contra la covid-19. “Estoy orgulloso de poner el hombro”, dijo, según reseñaron periódicos locales como La Nación y Clarín.

Argentina podría ser el patrón que otros países sudamericanos sigan para adoptar la vacuna rusa en caso de que realmente funcione con efectividad en la población, pues su sospechosa aprobación en tiempo récord con la omisión de dos fases de ensayos clínicos despertó la duda y la desconfianza de la comunidad científica mundial. Sin embargo, países como Venezuela, Cuba y Nicaragua, que tienen dictaduras presionadas y sancionadas por Estados Unidos, se verán obligados a importar la vacuna rusa ante la baja probabilidad, pero no nula, de que Washington permita el envío de la vacuna de Pfizer a esas naciones con sistemas de salud muy precarios y extremas crisis económicas de larga data. 

La organización de la vacuna en el país más austral del mundo

A mediados de enero está previsto que llegue a Argentina el segundo cargamento de la vacuna rusa. En una segunda etapa, la recibirán policías y maestros, además de los mayores de 60 años. Será en ese momento cuando se vacune el presidente Alberto Fernández, que tiene 61 años, y decidió esperar su turno de acuerdo al cronograma de vacunación del país, así como el ministro de Salud, Ginés González García, de 75 años. La eficacia de la Sputnik V en mayores de 60 años fue un tema de debate hace dos semanas, cuando el Gobierno argentino se enteró de que la vacuna no estaba probada en esa franja de edad, por lo cual podría no generar la misma cantidad de anticuerpos neutralizantes de la Covid-19 como lo hace en personas jóvenes. Ese incidente fue aprovechado políticamente por la vehemente oposición al peronismo, que acusó a Fernández de “falta de transparencia con una droga que cuenta con el recelo de ciudadanos y de expertos por la velocidad de sus ensayos”.

Todo parece indicar que la prueba de fuego de la vacuna rusa, y también su campo de pruebas o de ‘conejillos de indias’, será Argentina, pues de la capacidad que ese antídoto tenga para inmunizar a la población del país austral dependerá si la Sputnik V servirá para proteger a las poblaciones de otros países latinoamericanos en medio de sus recesiones económicas y sus perennes ciclos de inestabilidad política-social, agravados por la pandemia. @mundiario

Qué implica la llegada de la vacuna rusa contra la Covid-19 a Argentina para Latinoamérica
Comentarios