EL DIVÁN

Un adiós agradecido: Alfredo López Austin (1936-2021)

De izquierda a derecha. Arriba: Boris Berenzon Gorn, Lorena Llanes, Dr. Alfredo López Austin, Laura Elena Juárez, Emilia Raggi. Abajo: Itzel Magaña Ocaña, Edgardo Bermejo Mora y Morelos Torres Aguilar en  Teotihuacan práctica de campo. / Boris Berenzon.
De izquierda a derecha. Arriba: Boris Berenzon Gorn, Lorena Llanes, Dr. Alfredo López Austin, Laura Elena Juárez, Emilia Raggi. Abajo: Itzel Magaña Ocaña, Edgardo Bermejo Mora y Morelos Torres Aguilar en Teotihuacan práctica de campo. / Boris Berenzon.
Un adiós agradecido: Alfredo López Austin (1936-2021)

Para el estudio de la tradición religiosa mesoamericana, que cuenta con 4.500 años de existencia, tenemos que recurrir a diversas disciplinas científicas, entre ellas la antropología física, la arqueología, la iconografía, la codicología, la epigrafía, la historiografía y la etnografía […] lo que hace el panorama muy complejo…

Alfredo López Austin

Su obra ha marcado un hito en la historiografía, pues cada palabra la escribió con el firme propósito de tomar en cuenta las formas de pensar del “conquistado”. Profundizó en el mundo mesoamericano desde su propia lógica y lo puso en alto a través de una obra sólida y de gran calado que constituye una de las herencias más valiosas que nos ha legado. Alfredo López Austin estudió los tres niveles educativos en la UNAM, dos licenciaturas, una en Historia y otra en Derecho. Bien merecidamente, fue nombrado Investigador Emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas. Se dedicó principalmente a la Historia, la Antropología, Filología, Etnología; además del estudio de las fuentes, religión, cosmovisión, mito y magia mesoamericanos. No es menos importante que naciese en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde rechazó como en otros sitios, un homenaje que se le quería rendir. Fue profesor invitado y conferencista en Paris en la École de Hautes Études en Sciences Culturelles y en el Institut de Hautes Études de l’Amérique Latine, al igual que en Japón.

Publicó numerosísimas obras, entre las que destacan Hombre-Dios (1973), Cuerpo humano e ideología (1980) y Los mitos del tlacuache (1990), así como Tamoanchan y Tlalocan (1994, traducido al francés como Les paradis de la brume). También destaca su obra Cuerpo Humano e Ideología. Las concepciones de los antiguos nahuas, que tiene como precedente más de veinte artículos y los libros Augurios y abusiones y Textos de Medicina Nahuatl, que fue reeditada varias veces y traducida al inglés. También publicó varios libros en coautoría y una gran cantidad de artículos en libros y revistas. Su esfuerzo y trayectoria fueron premiados con la Beca John Simon Guggenheim Memorial Foundation; el Ichiko Prize for Cultural Study del Japón, reconocido por centros de investigación, así como con el Premio Universidad.

Con la intención de rendir un mínimo homenaje a la memoria de nuestro gran pensador, quiero traer a cuento una de las obras más representativas de su pensamiento, que ha sido muy leída y reconocida en todo el mundo, se trata de Breve Historia de la Tradición Religiosa Mesoamericana. Fue publicada por primera vez en el año de 1999, como resultado del seminario sobre el desarrollo histórico de la milenaria tradición religiosa mesoamericana, impartido por el maestro en Tokio. El propósito fue generar material para estudiantes de licenciatura y antropología sobre los temas, de modo tal que se trata de un texto de divulgación, escrito en prosa y con escasas notas al pie, mismas que son más bien aclaratorias que referenciales en términos de erudición. Esto demuestra la importancia que el maestro López Austin prestó siempre a la docencia y a la formación en la historia desde la juventud, mostrando como escritor una gran versatilidad y preocupación pedagógica. Es un texto de fácil lectura que ofrece un panorama general sobre la tradición religiosa mesoamericana, sin exceptuar los contenidos teóricos y filosóficos que caracterizan la obra de López Austin y que todas las personas deberíamos de leer al menos una vez en la vida.

Al hablar de la tradición religiosa mesoamericana, López Austin no descuidó la importancia de los modelos teóricos conectados a profundidad con el pensamiento del que provenían, es decir, evitó cuanto pudo los modelos ajenos a la tradición que estudió. Su obra demuestra la existencia de una unidad geográfica, social, cultural y económica comprendida como Mesoamérica, centrándose en el hecho de que las conexiones existentes en tiempos anteriores a la conquista a lo largo de todos los rincones del vasto territorio que la comprendía fueron siempre muy estrechas, por lo que a pesar de sus particularidades el concepto daba cuenta de su afinidad. López Austin explicaba con gran maestría que, a pesar de las diferencias, uno de los rasgos de mayor cohesión era el de “la cosmovisión y la religión”.

diversas formas de conocimiento

Alfredo López Austin echaba mano de diversas formas de conocimiento, dando paso a una historia transdiciplinaria que, le proporcionaba una visión mucho más amplia filosófica y metodológicamente hablando para acercarse al estudio de los pueblos originarios. En lo que al manejo del tiempo respecta, se decantaba por la división clásica: Preclásico, Clásico y Posclásico. Su versatilidad también se reflejó en la manera en que echó mano de las grandes metodologías que le permitieran explicar la realidad sin por ello colonizar el pensamiento. Este texto es significativo por el alcance que tuvo, y no es asunto menor encontrar resabios marxistas desde un enfoque materialista. Sin embargo, nunca abandona la historicidad de los procesos, como se constata en el famoso concepto de “núcleo duro”, dirigido al pensamiento—sobre todo religioso—que se transmite enormemente en las dimensiones geográfica y temporal, al ser el conjunto de creencias difíciles de modificar y elementos adaptables a los grandes cambios políticos, sociales y culturales.

Pero este núcleo duro del que hablamos pende directamente de la vida de las sociedades mesoamericanas que satisfacían sus necesidades de subsistencia gracias a la agricultura, misma que, como explica López Austin, les proporcionaba los elementos para la temporalización y de la que manaban a todos los aspectos de la vida cotidiana; razón por la que fue posible construir una cosmovisión, es decir, modelos cósmicos capaces de regir la vida. Para el maestro “…las religiones deben entenderse como entes históricos”. Admitiendo la existencia de un “núcleo duro” era posible englobar las formas de desarrollo durante toda la época precolombina partiendo de una estructura modélica que refiere los cambios religiosos: una etapa formativa, que correspondería al Preclásico Temprano, donde se integra el núcleo duro, y una etapa de desarrollo que va del Preclásico medio a la época de conquista. A pesar de ser inevitable lo que él denominaba “la etapa de disgregación”, pueden reconocerse aún hoy día los aspectos del núcleo duro que actúa como una manera de organizar el mundo.

Breve historia de la tradición religiosa mesoamericana. Alfredo López Austin

Portada de Breve historia de la tradición religiosa mesoamericana. / Alfredo López Austin

López Austin admitía que “…buena parte de la explicación de los grandes procesos de la antigüedad tiene que suponerse de manera hipotética” y por eso dedicó buena parte de su tiempo a estudiar a profundidad diversos tipos de fuentes. Una de las reflexiones más importantes de la obra, que impacta en la concepción historiográfica de Mesoamérica y en el pensamiento de las nuevas generaciones se sitúa en la persistencia del “núcleo duro”, que al parecer de López Austin se conservó aún después de la conquista, y que al ser militar y espiritual, se impone a los añadidos impuestos por la política y los cambios sociales, conservándose en la interiorización de los pueblos indígenas en la actualidad y siendo en gran parte, la razón de interesantes sincretismos: “… lo que no pudo vencer el cristianismo fue lo más profundo de la religión , lo que liga al hombre con sus valores más íntimos y cotidianos”. Estos elementos permanecen hoy día como formas de resistencia, ante la marginación y la pobreza extrema en que siguen viviendo las poblaciones indígenas por la incomprensión hacia su cultura y creencias, dentro de un contexto globalizante que niega la diversidad.

Visto con ojo crítico, el de López Austin es también un discurso político de resistencias y tensiones, que visibiliza las formas de pensamiento mesoamericano en la vida presente, que han pervivido a pesar del tiempo y los cambios, al tiempo que denuncia la marginación y pobreza histórica en que han permanecido los grupos indígenas. Su pugna mediante el análisis de la concepción religiosa de los grupos indígenas demuestra la existencia de estructuras que no son susceptibles a los cambios de corta duración y que prevalecen en la cosmovisión como formas de resistencia y hasta cierto punto de identidad. Esas formas permean la vida cotidiana. López Austin, en esta y toda su obra, se caracterizó por la producción de un discurso encaminado a la concientización de la diversidad cultural dentro un contexto problemático tendiente a la homogeneización y la estigmatización de las diversidades, de tal suerte que el estudio del pasado indígena es un acto de reivindicación de los pueblos indígenas en el mundo actual, y la urgente necesidad de garantizar sus derechos y la preservación cultural y patrimonial de su herencia. El gran maestro ha dejado un enorme legado intelectual, que jamás se desprendió de las luchas de su entorno. @mundiario 


 Alfredo López Austin.  Breve Historia de la tradición religiosa mesoamericana. 1ª reimp. De la 1ª ed. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Antropológicas, 2002. 120 p.

 

Un adiós agradecido: Alfredo López Austin (1936-2021)
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