Alerta hosteleros: peligran los fritos

Croquetas de marisco.
Croquetas de marisco. / RR SS.

Por si el consumidor de a pie no sabe, le ilustraré informándole de que en las estanterías de los supermercados comienzan a escasear y, en otros casos, a racionalizar el aceite de semillas de girasol.

Alerta hosteleros: peligran los fritos

En el supermercado Mercadona no te dejan llevar más de 5 litros de éste tipo de aceite, y esto no es más que un ejemplo, ya que está ocurriendo lo mismo en más de una cadena de supermercados.

Si bien es verdad que el ama de casa española no suele usar este aceite de poco sabor y de calidad inferior al aceite de oliva, más que para elaborar mayonesa casera, magdalenas o bizcochos, los bares y restaurantes suelen usarlo en gran cantidad, sobre todo para fritos.

La hostelería, en su gran mayoría, usa aceite de girasol (o alto oleico); pocos aceite de orujo (oliva); y menos son los que usan aceite de oliva para sus fritos. Casi un 95% de las freidoras que utiliza la hostelería utiliza aceites de girasol.

Croquetas, San Jacobo, flamenquines, patatas, pavía, lagrimitas, pescaditos fritos… tan comunes en las cartas y menús de nuestros bares, en su gran mayoría son fritos en freidoras industriales (10, 20 o 25 litros) con aceite de girasol (o a veces alto oleico).

El aceite de girasol y la guerra de Ucrania 

Aunque a la mayoría de los consumidores les extrañe, y aun viviendo en España, cuna del aceite de oliva, el aceite de girasol (por más girasoles que veamos en las carreteras en verano), proviene de los países del este, más concretamente de Ucrania.

El problema que se puede plantear a la hostelería es que a causa de la guerra de Ucrania, gran proveedor de éste tipo de aceite, es no encontrar en el mercado suficiente cantidad de éste aceite para cubrir la demanda de nuestros hosteleros. Esto, a su vez, va a suponer a muchos del empresario del sector un gran problema económico, ya que en la carta de la mayoría de los establecimientos “abusan” de los fritos. Por cierto, fritos, demandados requeridos y adorados por la gran mayoría de españoles, dicho sea de paso.

¿Qué sería de nuestra restauración sin el pescado frito? ¿Qué local en nuestro país no elabora y fríe sus croquetas?, lo queramos o no, el frito es nuestra seña de identidad. Le duela a quien le duela en la nueva moda de la hostelería española que emplea alimentos desestructurados o cocina de fusión de los llamados gastrobares actuales.

De todo tiene que haber, y la variedad es un plus en nuestras ciudades. Hay que avanzar y hay que diversificar en la cocina, pero el frito es el frito. En nuestra tierra, ¿quién renuncia a un huevo frito con patatas y chorizo? ¿a unos boquerones fritos? ¿a unas croquetas de jamón?...

incremento de los costes

A partir de ahora, con la reducción del suministro de aceite de girasol, las cosas se van a poner más difícil, o mejor dicho, más caras. El restaurador tendrá que recurrir al aceite de oliva (ni extra ni virgen), en muchos casos para llenar sus freidoras, con el consiguiente aumento de precio.

No es raro que en pocas fechas veamos incrementados los costes de los fritos, ya que el cambio de girasol a oliva puede suponer hasta de un 50% más de aumento en el precio del elaborado.

También la ganadería teme que el pienso con el que engordar a su ganado, mayoritariamente comprado a Ucrania, deje de llegar y tengan que abastecerse con pienso argentino, con el consiguiente aumento de precio.

Otra razón de más para implorar que se termine este asedio injustificado a Ucrania y que las cosas vuelvan a su origen y a sus precios. @mundiario

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