Las 5 harinas sin gluten que tienes que conocer

Harina. RR SS
Harina. RR SS

La cuarentena nos dejó a todos decenas de recetas para hacer pan de manera sencilla, pero echamos en falta recetas sin gluten

Las 5 harinas sin gluten que tienes que conocer

Las harinas de trigo convencionales y algunos otros tipos no pueden ser consumidas por un porcentaje de la población que es alérgica o intolerante al gluten que contienen los cereales de los que se extraen. Existen otras muchas opciones perfectas con las que no solo pueden hacer pan sino cualquier otra receta que utilice harina de trigo. Al cambiar la composición habrá que hacer algún ajuste, pero el resultado en cuanto a sabor y textura puede ser igual de bueno. El gran estigma con el que conviven los celiacos es que sus comidas son adaptaciones de la receta real cuando en realidad hay muchos platos que de por sí se elaboran con la de garbanzo, arroz u otras. El uso de una harina particular en vez de la de trigo, que en nuestra alimentación es casi una especie de "multiusos"

Cada vez es más fácil encontrar este tipo de harinas. Solían poder comprarse en establecimientos especializados, pero todas las variedades que vamos a mencionar se pueden adquirir ya en supermercados. Antes de nada, cabe recordar que aunque el producto del que se extraiga la harina no contenga gluten, sólo podemos cerciorarnos de que es un producto apto para celíacos si así lo indica el envase. Muchas veces se producen o envasan en espacios que trabajan con algún otro elemento que sí contiene gluten y la harina que compremos podría contener trazas.

La primera que vamos a mencionar es todo un clásico, los intolerantes al gluten ya lo saben, pero quizás tú no, y no conozcas su potencial. Se trata de la harina de maíz, y es una de las más usadas en todo el mundo junto con la de trigo y otra que mencionaremos más adelante. Tiene un sabor tirando a dulce, pues al fin y al cabo procede del maíz, por eso se usa tanto en repostería. Un derivado de esta harina que quizás ya hayas probado es la maicena (también llamada harina de almidón de maíz), que es mucho más fina y además del uso normal de la harina de la que se extrae, también es especialmente buena como espesante para salsas o caldos. La pega de la maicena, sin embargo, es su alto contenido calórico respecto a otras opciones.

La siguiente opción es la harina de mijo, extraída como su propio nombre indica del mijo y procedente de Etiopía. Esta es más nutritiva en general que la de maíz y sus derivadas, y a mayores cuenta con un alto contenido en hierro. Por esto, es particularmente buena si uno tiene anemia o el hierro bajo en general. Cuenta con una alta carga vitamínica y es rica en fibra, igual que el propio mijo. En cuanto a sabor, tiende a lo dulce, igual que la de maíz, por lo que, una vez más, entre sus muchos usos destaca el de la repostería.

En tercer lugar tenemos la que se obtiene del garbanzo. Esta es particularmente popular en regiones como la India o Pakistán, y por eso es mucho más fácil de encontrar en países Asiáticos que en los occidentales. Sin embargo, esta harina leguminosa, que no procede de un cereal como acostumbra a pasar con las más usadas en Europa, empieza a verse de manera regular en España. Su uso ya no se limita a restaurantes exclusivos, sino que se puede obtener en casi cualquier supermercado. A medida que platos de otros países y continentes se introducen en nuestro día a día, se abre también la oferta de harinas nuevas en nuestro mercado y hace nuestra dieta más variada. Cada opción cuenta con unas ventajas gracias a sus componentes nutritivos, y en el caso de la de garbanzo, aunque siempre se puede usar para hacer pan, también es una buena excusa para ampliar nuestro libro de recetas.

La harina de arroz, cuarta de las cinco de las que hablaremos, destaca sobre las demás por su alto aporte en fibra que ayuda al tránsito intestinal y al cuidado de la piel. Al igual que la de garbanzo, se usa sobre todo en el continente asiático, y para algunas culturas es incuso la base de su alimentación.  Entre las muchas recetas para las que se puede usar, como la elaboración de fideos, también es un muy buen espesante.

Y para terminar, la harina de patata. Es probablemente la que menos te suene, pero al igual que la patata en sí, es rica en fibra y proteínas. Se extrae de la patata deshidratada y tiene consistencia de polvo; es tan buen espesante que en ciertas elaboraciones puede sustituir a la xantana. Como pasaba con la de maíz, también hay otra derivada llamada harina de almidón de patata, que apenas tiene sabor, proteínas o grasas.

La mejor parte de saber que se cuenta con todas estas opciones en cuanto a harinas es saber que no hace falta ser intolerante a la de trigo para usarlas. No son alternativas para quienes no pueden ingerir la "normal", sino un ingrediente más que puede mejorar el plato y enriquecer nuestra dieta. @mundiario

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