¡Que tiemble la telebasura!: ya llega la televisión de corte y confección

Escena de la serie 'El tiempo entre costuras' en Antena 3

El éxito de El tiempo entre costuras dobla las ventas de máquinas de coser en España. ¿Tiene razón Belén Esteban cuando dice que aquí lo que hay es mucha droga?

Desde que se emite en Antena 3 la versión televisiva del best seller "El tiempo entre costuras", la sección de electrodomésticos de Amazon ha duplicado las ventas de máquinas de coser. El pico de consumo tiene lugar los lunes por la noche, cuando se emite el capítulo correspondiente de la serie, según los datos que maneja el portal Vertele. En estos momentos, es el producto más demandado entre los ochenta mil artículos de hogar que ofrece la compañía de comercio electrónico estadounidense.

Es lo que se conoce como simultaneidad de soportes audiovisuales: ves el capítulo en tu plasma a la vez que tuiteas sobre Sira la modista a la vez que te compras una Singer por internet. Aquí el negocio bueno sería vender pañales para adultos, porque, a esa hora, no hay Dios que se levante a orinar ni quedan manos para ayudarse.

Dado que parte de la acción de la serie transcurre en Tánger, yo me pregunto si habrá subido lo mismo el consumo de hachís y de té moruno, por poner dos ejemplos.

A ver. Suena lógico que en estos tiempos de crisis (pero menos, Montoro dixit) nos riamos de la DGT porque nos anima a que cambiemos de coche; y me parece de cajón que los centros comerciales se llenen de paseantes y se vacíen de compradores; y me dan lástima (pero poca) los anunciantes que nos piden de rodillas que nos olvidemos de las marcas blancas. Y en esa línea de lo más lógica y coherente con lo que pasa, hasta me parece fenomenal que en todos los hogares españoles haya una máquina de coser para zurcir, remendar y reformar la ropa que, en otras circunstancias, no nos hubiese durado ni una temporada.

Pero esa decisión tan sabia ya deberíamos haberla tomado hace seis años, cuando empezó todo este lío; salvo que las máquinas de coser, como las bombillas y las baterías de los portátiles, estén sometidas a obsolescencia planeada y hayan palmado sin llegar a viejas. Si es así, lo que necesitamos, pero ya, es un PIVE de corte y confección.

Como me huelo que nada de esto último responde a la realidad, me enfrento a un dilema: ¿Tanta compra compulsiva de máquinas de coser lleva el sello del bobo de Coria o, como dice Belén Esteban en su libro recién salido del horno, aquí lo que hay es mucha droga?