La España de hoy carece de proyecto y de una identidad plural y moderna
La España de la transición tenía un proyecto común, vinculado al espacio de libertad y democracia que ganaba, a la integracvión europea y a los comunes deseos de prosperidad.
La España de la transición tenía un proyecto común, vinculado al espacio de libertad y democracia que ganaba, a la integracvión europea y a los comunes deseos de prosperidad.
La España de la transición batía récords de paro y soportaba un sistema fiscal injusto y unos equipamientos y renta "per capita" muy inferiores a la media europea. Las desigualdades eran hirientes y el acceso a los servicios públicos muy deficiente. Sin embargo, existía un proyecto común, básicamente fundamentado en el estreno de las libertades, la integración europao, la superación de la crisis económica y en el ansia común de acceso generalizado a la educación y a los demás servicios públicos. Los españoles descubrieron horizontes más anchos y recorrieron un largo trecho en lo que atañe al reconocimiento de los derechos de la mujer y de las personas homosexuales. Incluso pareció que los españoles iban a abrirse a otras culturas, empezando por las culturas nacionales catalana, vanas que y gallega con las que coexistían.
Fue éste un periodo que terminó con la crisis del 1992-1993, de la que España saldría en 5 ó 6 años con no pocos sacrificios y damnificados. Entre ellos la vinculación directa de los sectores regulados privatizados por Aznar y González a las élites político-empresariales madrileñas. La mayoría absoluta del PP representó, en lo que atañe a los valores y principios generalmente aceptados, una vuelta a la España única y cañí, teñida del engreimiento de la "España van bien".
Hoy en día, sumergida España en la Gran Recesión y en una muy honda crisis institucional, no parezcan existir mimbres para construrr un proyecto común, porque no hay ni una diagnosis común de los problemas. Incluso ni existe consenso respecto de las reformas fiscales a desarrollar o de la diagnosis sobre los efectos de las actuales desinsdustrialización y emigración de las generaciones jóvenes y preparadas.
Estos treinta y tantos años de convivencia no construyeron una identidad comùn española que trascendiera de aquella España uniforme, taurina y cañí de los años 60 del siglo pasado. Es verdad que tenemos una parte de la historia común y compartimos importantísimos vínculos sociales, económicos, culturales y familiares. Pero, ¿dónde está la identidad moderna y plural que se pueda llamar la identidad española del siglo XXI? ¿Y dónde está la identidad española pluricultural y plurilingüística, superadora de elementos que sólo son de parte, como los toros, el Real Madrid o la mentalidad de turismo de sol y playa?
La España de hoy está huérfana de proyecto y de relato. Y también de una identidad plural y moderna común.