La energía, el motivo de las guerras en Siria y Ucrania, en un conflicto global

Detrás de los conflictos hay grandes intereses económicos.

¿Está viviendo el mundo una nueva Guerra Mundial? ¿Qué intereses vinculan a Israel con los patrocinadores del fundamentalismo? Moscú juega en el conflicto su futuro estratégico.

¿Está viviendo el mundo una nueva Guerra Mundial? ¿Qué intereses vinculan a Israel con los patrocinadores del fundamentalismo? Moscú juega en el conflicto su futuro estratégico.

La independencia europea del gas ruso se manifiesta en Ucrania y en la guerra de Siria para bloquear el ingreso de Irán como jugador fundamental en la economía global. ¿El mundo está viviendo una nueva Guerra Mundial? ¿Qué intereses vinculan a Israel con los patrocinadores del fundamentalismo?

El proyecto del gasoducto South Stream, que desde Rusia abastecería a Europa conectándose a Bulgaria por debajo del Mar Negro, fue cancelado. Washington adjudica el hecho a las presiones contra Moscú, que acordó con Ankara el desarrollo de un nueva conexión gasífera entre Gazprom y y la turca Botas.

El presidente ruso Vladimir Putin anunció el 1 de diciembre la cancelación definitiva del proyecto South Stream. El mismo día, Gazprom y Botas firmaron un memorando para la construcción de un gasoducto capaz de transportar 63.000 metros cúbicos anuales hacia Turquía, desde donde se distribuye hacia Europa. También se ampliará el ducto Blue Stream en 3.000 metros cúbicos y alcanzar así los 19.000 por año.

En Washington, el Consejo de Seguridad Nacional adjudicó la cancelación del South Stream a las sanciones que el gobierno de Obama impone contra Moscú, que resiste al avance de la OTAN hacia sus fronteras. El gasoducto había sido planificado por Gazprom para abastecer a Europa sin pasar por Ucrania. Originalmente el proyecto se realizaría por Rusia, Alemania, Francia e Italia, y estaría completamente operativo en 2018.

Además del apoyo logístico, militar, de inteligencia y político al gobierno de Poroshenko en Ucrania, Estados Unidos lanzó una guerra campal en el frente económico contra Rusia, tal como sucediera en la etapa final de la Guerra Fría (en su primera edición), que de prosperar, se podría plantear el fin de la era de Vladimir Putin en el Kremlin. Esto, en las ilusiones de la Casa Blanca.

La principal herramienta del complejo petrolero y militar-industrial contra Rusia fue utilizar a Arabia Saudí para desplomar el precio internacional del barril brent apenas por encima de los 60 dólares, cuando Rusia tiene un presupuesto estabilizando el barril de crudo en 100 dólares, lo que provocará un ajuste del 30%.

El fin del proyecto South Steam, además del perjuicio económico, Rusia debió reorientar la exportación hacia Turquía, un miembro de la OTAN que se enfrenta a Moscú en la guerra de Siria, apoyando a las fuerzas que buscan derrocar a Bashar al-Assad, que cuenta con el apoyo de Putin, artífice de que Estados Unidos y la OTAN no hayan invadido abiertamente.

La guerra en Siria tiene un gasoducto como trasfondo de la guerra global por el control de los recursos energéticos. Si bien el anuncio se hizo el 25 de julio de 2013, y el movimiento armado de la oposición a Bashar al-Assad, al que se sumaron rápidamente los mercenarios terroristas del Ejército Libre Sirio, Al Nusra (Al Qaeda) y el ISIS, había comenzado dos años antes, el proyecto tripartito entre Irán, Irak y Siria se venía negociando desde 2010.

El proyecto demandaría una inversión de 10.000 millones de dólares y transportaría gas desde Irán hasta Grecia, y desde allí al resto de Europa, con la participación de Irak y Siria, transportando 110 millones de metros cúbicos. Este es el real motivo de la guerra contra al-Assad y no las ínfimas reservas de gas y petróleo de Siria, que apenas implican el 0.1% de las existentes en el mundo. El proyecto avanza por etapas, pero depende enteramente de la evolución en el terreno de las operaciones militares en Siria, que por su salida al Mediterráneo lo hace socio estratégico. En segunda instancia, las potencias occidentales se enfrentan a Irán, que tiene en Damasco a un aliado estratégico, al tiempo que se vale para su defensa de la asistencia del movimiento de resistencia islámico Hezbollah. Y a Rusia, que además de ser aliada histórica de Siria, tiene en Tartus una base naval crucial para que su flota pueda operar en el Mar Mediterráneo, que se origina en Crimea. En Siria y Ucrania, Estados Unidos buscó cerrar el Mediterráneo a la potente marina rusa.

Por tanto, si bien sostener una guerra es caro, los miles de millones de dólares que Qatar y Arabia invierten en el ISIS, Al Nusra y el ELS, sigue estando lejos del beneficio que obtiene Qatar por obturar el gasoducto Irán-Irak-Siria, ya que desde sus arenas parte su propio gasoducto , que atraviesa a Arabia, Jordania y Turquía.

No solamente el transporte está en disputa sino la misma reserva de gas del Golfo Pérsico: el gas qatarí se extrae de Campo Norte, lindante a la reserva de Pars, al sur de Irán.

Este proyecto tiene como actor decisivo a Israel, que negocia incluirse para transportar el gas desde el puerto de Haifa. Esto juega un rol fundamental a la hora de un potencial ataque de Israel al sur del Líbano, anunciado permanentemente por Tel Aviv.

Junto al económico, también hay un interés común estratégico entre el autoproclamado Estado Judío (Israel, según el proyecto de Benjamin Netanyahu), el Estado Islámico (Daesh, a.k.a. ISIS) y el wahhabismo de Arabia Saudí y Qatar: evitar que Irán ingrese como jugador determinante en el mercado mundial del gas.

A través de Irán, también se integra el gas que alimenta a China, la segunda economía del mundo. Bagdad también recibe su castigo por su sociedad con Teherán y Damasco. La presencia del ISIS en el norte iraquí resta ingentes recursos gasíferos y petroleros al gobierno central, que además tiene que negociar ingresos por esas exportaciones con los autonomistas kurdos, respaldados por Israel y Occidente, que se traduce públicamente en la cobertura exclusiva que las grandes cadenas.

Y en el telón de fondo, el proyecto qatarí implicaría la independencia energética de la Unión Europea en relación al gas ruso. Así es la guerra geopolítica entre Estados Unidos, la OTAN y sus aliados en Oriente Medio (Israel, Arabia, Jordania y Turquía), por un lado; y Rusia e Irán por el otro, en una auténtica III Guerra Mundial, que también ve recalentar sus tensiones en la región del Pacífico.