La educación de las infantas o cómo explicar a una niña que nació para reina

Las infantas españolas.

Dos nurses cuidan a las infantas, una de las cuales les habla solo en inglés, idioma con el que se entienden con su abuela Sofía, que no habla otra cosa cuando está en la Zarzuela.

Dos nurses cuidan a las infantas, una de las cuales les habla solo en inglés, idioma con el que se entienden con su abuela Sofía, que no habla otra cosa cuando está en la Zarzuela.

Dice Gugliano Ferrero que en nuestro es sencillamente inconcebible que en algunos países, como ocurre en el nuestro, la jefatura del Estado se puede heredar como si fuera una finca. Y añade que no se puede entender que un mero accidente biológico o la pura casualidad (ser hijo de otro y haber nacido antes que otros hermanos) determine, al margen de su capacidad, vocación e idoneidad, el porvenir de una persona.

Con ocasión de la proclamación de Felipe VI, algunos cronistas de cámara que se encargaron de comentar los actos por televisión se deshicieron en elogios sobre el ejemplar comportamiento de las infantas. Alabaron su formalidad, cómo la menor cedía el paso a la mayor con todo respeto y otros aspectos de la ceremonia. Ciertamente las niñas se portaron bien, pero me dieron pena. Sobre todo la segundona, a la que habrá que explicar por qué ella es distinta de su hermana, por qué la tratan o la nombran de modo diferente. Son niñas, son hermanas, y en la lógica convivencia se pelearán y se comportarán como corresponde a sus edades.

A mí me parece monstruoso que esa predestinación marque la vida de una persona a la que se priva, desde la infancia, de elegir sus propias opciones. Las infantas son biznietas de un taxista, como cualesquiera otras. Y su padre, desciende de un capitán del Arma de Ingenieros valenciano, llamado Enrique Puigmoltó, que fue uno de los amantes de turno de su tatatabuela.

Escriben los cronistas de cámara, con su habitual babosería que Letizia “lucha sin cesar porque ella y su familia tengan un espacio sin focos que les permita llevar una vida lo más normal posible”. Pero es que esa es su función en la vida: estas bajo los focos.

El asunto de la formación militar

De las muchas sandeces que se han dicho sobre la primogénita de los Bourbón-Ortiz destaca la del ministro de Defensa, Pedro Moreñés, quien afirmó que "recibirá su formación militar" para que en su día, cuando Dios quiera, sea jefa suprema de las Fuerzas Armadas como capitán general de las mismas". El señor Moreñés procede de la industria del armamento y en su curriculum hay una sombra que la Humanidad ha condenado: Fue consejero de “Instalaza, S.A”, la principal fabricante española de bombas de racimo. Entre los clientes de esta empresa destacaba El Gadafi, quien empleó estos terribles artefactos contra la población civil. El dato es el dato.

Ya hemos comentado en otras ocasiones que para ser jefe supremo de las fuerzas armadas, un jefe de Estado no precisa necesariamente formación militar, sino haber sido elegido por sus conciudadanos y disponer de los adecuados asesores, como ocurre en los Estados Unidos o Francia. Lo del “Rey soldado” que tantas confusiones constitucionales ha provocado, lo inventó Cánovas para Alfonso XII, a fin de conseguir la adhesión personal de los espadones al hijo del capitán Puigmoltó. Alfonso III, que no fue a academia militar alguna, se lo tomó tal a pie de la letra que quería reservarse para él todas las decisiones de carácter militar y el propio conde de Romanones hubo de corregirle y aclararle que son competencias del Gobierno, no de un rey constitucional. Aunque estaba previsto que Juan Carlos estudiara Sociología en Lovaina, el conde de Barcelona se plegó al diseño de carrera que Franco diseñó para su sucesor, y el mismo sistema se aplicó a ahorra llamado Felipe VI. Y lo peor es que en la actual monarquía constitucional se he perfeccionado el equívoco. No deja de ser llamativo que antes de presentarse ante las Cortes de la Nación para jurar su cargo, el nuevo rey recibiera la faja de capitán general y recibiera a la cúpula de los Ejércitos, la Armada y la Guardia Civil, haber pasado antes por el Parlamento. Por no decir que en un acto civil se presentara vestido de general.

Un colegio privado y no uno público

También debería sorprender, por cierto, que el primer empleado del Estado, que debe confiar en el sistema nacional de Educación, envié a sus hijas a un colegio privado. Todo un ejemplo de coherencia. Los Rosales es una escuela privada que se levanta sobre una parcela de 22.000 metros cuadrados. Imparte todos los niveles de estudios: bachillerato, educación secundaria, educación primaria y educación infantil. Es laico, aunque ofrece formación religiosa, que la infanta sigue. Lógico, es hija de Su Majestad Católica.

Desde que las niñas estudian allí se han reforzado las medidas de seguridad del colegio, elevado los muros y los blindajes. El centro cuenta con un resguardo permanente de seguridad que pagamos los contribuyentes las 24 horas del día. En otras monarquías, como la sueca, cualquiera puede tomar una foto cuando los hijos de los reyes salen a la calle, los de Dinamarca acuden a los parques públicos y en Holanda acompañan a sus padres a muchos actos con toda naturalidad.

Inglés, todo en inglés...

Por lo visto Letizia también les habla en inglés, idioma en que ya son muy hábiles. Además estudian francés y mandarín.

Dicen los cronistas de cámara que la más difícil misión de Letizia Ortiz es explicar a sus hijas por qué son diferentes, y hacerles ver su papel en la vida. Cómo hacer ver a Leonor que quieren educarla para ser reina como papá y a Sofía que a ella le toca ser como sus tías, Elena y Cristina. Bueno, digo yo que como ésta no.