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MUNDIARIO

El drama de Venezuela a través del testimonio directo de la vida cotidiana

El desabastecimiento de productos básicos afecta a 6 de cada 10 de los esenciales en la bolsa de la compra. ¿Causas? Acoso a productores, nacionalizaciones sin sentido y caos organizativo.

El drama de Venezuela a través del testimonio directo de la vida cotidiana
Estanterías en Venezuela.
Estanterías en Venezuela.

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Periodista. Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Técnico de Radiodifusión y Televisión. Profesor jubilado de Derecho y Deontología de la Comunicación en la Universidad de Vigo. Profesor en la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados de Pontevedra y de los Encuentros Inter Academias en la Escuela Naval Militar. Autor de 28 libros de Derecho, Comunicación Institucional y Protocolo. Ha dirigido 20 tesis doctorales. Profesor invitado en varias universidades de Europa y América. Ejerció el periodismo 30 años en radio y los principales medios de Galicia. Fue corresponsal de la Agencia “Europa Press”, “Sábado Gráfico” y el diario “Ya”. Obtuvo el Premio del Colegio de Arquitectos de Galicia en defensa del patrimonio histórico y el Trofeo “Actualidad” por sus investigaciones sobre el contrabando y el narcotráfico. Fue presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo y obtuvo dos veces el Premio Luis Taboada a la mejor labor informativa sobre Vigo. Está en posesión de la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. @mundiario

El desabastecimiento de productos básicos afecta a 6 de cada 10 de los esenciales en la bolsa de la compra. ¿Causas? Acoso a productores, nacionalizaciones sin sentido y caos organizativo.

Cuando se habla de Venezuela y del drama que para este país representa el llamado “Socialismo del siglo XXI o bolivariano”, las cifras del caos en que se halla sumida esta nación, siendo desoladoras, no reflejan el calvario en que se ha convertido la vida diaria para la inmensa mayoría de la población. Cierto que Venezuela es el segundo país más inseguro de América, después de Honduras, y que cada año son asesinadas en tenebrosa estadística más de veinte mil personas; que alcanza la cota de inflación más elevada del mundo, que un país de feraz naturaleza, donde se podría cultivar de todo, ha de importar muchos productos básicos de los que antes se autoabastecía, y que siendo el tercer país del mundo productor de petróleo está prácticamente quebrado.

Los amigos del gobierno de Maduro, como los telepredicadores de Podemos, achacan la crisis a la bajada del precio del petróleo. En una cierta parte es así, por cuanto este país tenía dos presupuestos nacionales, el ordinario y una cuenta prácticamente equivalente que manejaba de manera discrecional el presidente y que, como hemos comprobado quienes seguíamos aquel “Aló presidente”, distribuía a su aire el teniente coronel Chávez. Muchos proyectos ahora arruinados dependían de ese flujo monetario que se ha visto reducido a la mitad de lo que se contaba cuando el barril de crudo rebasaba los 100 dólares. Pero la crisis de Venezuela tiene otras muchas causas, y todas son responsabilidad del propio Gobierno.

Hay otra perspectiva de Venezuela desde la proximidad sobre el terreno, sobre el conocimiento y la relación y la estancia entre sus gentes. Esta es la mía. NI uno solo de mis amigos, o de las personas con las que he tenido o tengo relación ha dejado de conocer en su carne el riesgo de la vida cotidiana, a veces con efectos desoladores, en el que podía y debería ser, por sus recursos, uno de los mejores lugares donde vivir del mundo. Ya decía Uslar Prieti que se debería “sembrar petróleo”, aludiendo, a la dejadez de los gobiernos que este país ha padecido –y no sólo el de ahora- por promover desarrollos alternativos a partir de la propia capacidad del país, sin depender exclusivamente de la renta petrolera.

La corrupción que no cesa

Con respecto a esta vivencia personal de la tragedia de un país al que he venido viajando con cierta frecuencia, como invitado a su Universidad de Carabobo, puedo contar que uno de mis más cercanos amigos, el vicerrector José Antonio Ferreira, padece en su familia la violencia omnipresente que asola a Venezuela: su padre, propietario de un bar, fue asesinado por unos asaltantes. El clima de impunidad es total: 9,6 de cada 10 delitos quedan impunes. Las fuerzas de seguridad son una institución corrupta e ineficaz.

Hay tres secuencias que conozco de cerca de esta realidad: Traté en Oporto a un retornado portugués que tuvo en Caracas un negocio de fotografía. Una noche fue asaltado y le llevaron parte del material. Al día siguiente, compareció la Policía y remató la faena: con el pretexto de que lo incluyera en la denuncia (a efectos del seguro) eligieron cámaras y todo tipo de objetos caros, y se las llevaron con toda naturalidad. Este robo fue peor que el anterior.

En una ocasión, una persona que había sido asaltado a la salida de un banco por un malhechor armado, se encontró en la Comisaría de Policía, a la que acudió a formular la denuncia, que el propio asaltante era un agente de servicio en la misma dependencia. Otro conocido mío fue avisado de que estaban llevándose los muebles de un apartamento que poseía en Caracas, a plena luz del día, acudió presto, y por ser hombre bragado, sacó un arma por si acaso. Los desvalijadores resultaron ser agentes de policía, que lo detuvieron por posesión ilegal de la pistola. ¡Es de locos!

A una profesora conocida, la asaltaron al salir de casa a primera hora de la mañana para robarle el teléfono móvil a punta de pistola, pero no contento con esto, el delincuente, “el malandro”, le pegó un culatazo en la cabeza. Y menos mal. La impunidad es tal, que hasta jóvenes gamberros de clases altas y medias, se comportan como delincuentes para divertirse, porque saben que nunca pasa nada.

Los asaltos promovidos por el Gobierno

¿Y qué decir de los asaltos a la propiedad que organiza y dirige el Gobierno? Una funcionaria de la Universidad de Carabobo había adquirido con su esposo una casita rústica en una de las playas próximas a la capital. Un mal día, el presidente Chávez dio la orden de ocupar por las bravas las viviendas desocupadas. Y se hizo, esta casita fue ocupada por una mujer que en poco tiempo la destrozó, pues empleó la propia madera del forro interior y los muebles como combustible. La casa no existe ya, pero mi amiga sigue pagando la hipoteca para no perder el derecho de su propiedad, en la esperanza de que Venezuela vuelva a ser un país civilizado.

Una imagen expresiva de la inseguridad jurídica del país lo dio el difundo Chávez en una de las más célebres plazas de Caracas, decretando por televisión la expropiación de cuantos bienes y negocios rodeaban la estatua de Bolívar, para crear una especie de espacio bolivariano integral.

Una cola en Caracas.

 

Desabastecimiento, caos e expropiaciones

Lo del desabastecimiento de productos básicos, que afecta a 6 de cada 10 de los esenciales en la bolsa de la compra, se debe en gran medida al acoso a los productores, nacionalizaciones sin sentido, las expropiaciones y el caos organizativo. En una de las fases más inquisidoras del gobierno Chávez contra “el capitalismo y la burguesía” y, pese a que el Estado es el primer latifundista que detenta tierras baldías, se llevó a cabo una ofensiva contra las explotaciones agropecuarias, que en el mejor de los casos, partió por la mitad tierras y ganados, para ser compartidos por el poder popular. Las expropiaciones produjeron el resultado que cabía esperar: se redujo la producción y en muchos casos desapareció, empezando por la mala gestión de la parte entregada a las comunas. Algunos propietarios de origen gallego fueron víctimas de esta política, luego de largos años contribuyendo a la creación de riqueza en Venezuela, regresaron arruinados y otros pelearon dignamente, pero sin éxito, contra el atropello.

La peor parte la situación del país a sufren las personas que deben seguir determinados tratamientos, pues aun disponiendo de medios para afrontarlos, el desabastecimiento cíclico es una espada de Damocles sobre la vida de miles de dependientes. Una empleada de la empresa Kraft que tuvo que ser operada, pudo salvar la vida porque la propia empresa proveyó al hospital de los medios precisos para poder llevar a cabo la delicada intervención. ¿Y de no haber tenido esa suerte?

Estados Unidos sigue siendo esencial

En medio de la escasez de alimentos Venezuela adquiriere cíclicamente en Estados Unidos miles de toneladas de trigo (Datos del Departamento de Agricultura de este país), lo que lugar, como dicen con amargo sentido del humor los venezolanos, “a que otra vez el imperio nos salva y refuerza la soberanía alimentaria".

Sobre la destrucción del aparato productivo venezolano, y su dependencia económica del exterior, en un país con tal riqueza, y de las importaciones, los analistas económicos subrayan la inteligente maniobra de China de comprar petróleo a futuro, además de otorgarle una gran cantidad de créditos pagables con crudo, dinero que se gastó hace tiempo en gasto corriente y en mantener a millones de desocupados mediante limosnas del Estado. Pero el Gobierno sigue pidiendo préstamos regularmente a China para satisfacer las necesidades más fundamentales y pagar una nómina abultada de empleados públicos. Por otra parte China obliga a Venezuela a emprender empresas mixtas como es el caso de PDVMARINA que opera una flota de petroleros bajo bandera de Singapur y con personal chino. En el colmo del despropósito, los armadores de estos buques no pagan impuestos en Venezuela e incluso matriculan sus buques en Panamá.

Como subrayan los empresarios independientes, los resultados están ahora mismo a la vista: escasez de divisas, devaluación de la moneda venezolana y una hiperinflación de magnitud progresiva, desabastecimiento de productos básicos, mientras Maduro intenta esconder su fracaso con una cortina de humo que llama la guerra económica, de la que culpa a los otros: Estados Unidos, la oposición, la burguesía… Pero lo más gracioso es que Venezuela sigue dependiendo en gran medida de sus relaciones comerciales con los Estados Unidos: La república bolivariana aumentó las importaciones provenientes de aquel país un 42,8 % en 2012 con relación a 2011, con compras por valor de 12.343 millones de dólares y una subida de un 440,9 % de las adquisiciones de derivados del petróleo, según la  Cámara venezolano-americana (Venamcham).