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Hace 40 años moría de un disparo un obrero en Vigo: la emoción del 1º de Mayo en la resistencia

Cuando el 1º de Mayo pasó a ser una fiesta autorizada, en primera fila de las manifestaciones se colocaron, a codazos, personajes irrelevantes que nunca antes habían sido vistos...

Hace 40 años moría de un disparo un obrero en Vigo: la emoción del 1º de Mayo en la resistencia
1978: Un Primero de Mayo en el recuerdo. / Mundiario
1978: Un Primero de Mayo en el recuerdo. / Mundiario

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Es doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Es profesor titular de la Universidad de Vigo y periodista. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional, es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. @mundiario

Cuando el 1º de Mayo pasó a ser una fiesta autorizada, en primera fila de las manifestaciones se colocaron, a codazos, personajes irrelevantes que nunca antes habían sido vistos...

El primero de mayo de 1975, moría en Vigo, víctima del disparo de un número de la guardia civil el trabajador de Fenosa Manuel Montenegro Simón, de 42 años, quien encontraba de servicio en la estación de El Troncal. Casualmente se asomó a la verja de cierre para contemplar los incidentes que se desarrollaban en la calle. Un año después, el tribunal de Justicia de la VIII Región Militar absolvía de toda culpa en esta muerte al guardia .de segunda Justo Arias Sanfiz, autor material del disparo, que había actuado -según la sentencia- en cumplimiento de su deber.

Fue una de las últimas ocasiones en que esta fecha adquiría un carácter simbólico de reivindicación obrera y social en los últimos días del franquismo. EI día que murió Manuel Montenegro ocurrieron muchas cosas en Vigo. Según la sentencia que exoneró al autor de su muerte, el guardia civil -que según testigos presenciales no vestía reglamentariamente, más bien parece que iba en chaqueta de pijama- salió de su domicilio al advertir la presencia en la calle de una manifestación con banderas y panfletos «subversivos», con el fin de reprimirla él solo; pero, «ante el peligro de verse arrollado», hizo dos disparos ,con su pistola del calibre 9 corto, uno de los cuales alcanzó al obrero de Fenosa, ajeno por completo a los acontecimientos.

Ese mismo día, diez personas eran detenidas en Ferrol, donde, pese a la nota oficial e inevitable de «absoluta normalidad», en aquella ciudad se producían durante el día numerosos incidentes e intentos de manifestación, protagonizadas por Comisiones Obreras, el Partido Comunista y la UPG. En A Coruña, los intentos de los trabajadores de exteriorizar el significado de aquella fecha se concentraban en los Jardines de Méndez Núñez con escaso éxito. En Santiago eran detenidas 14 personas, en su mayoría por repartir propaganda de la UPG. En el conjunto de toda Galicia, fue precisamente Vigo la ciudad más activa, donde los manifestantes, en pequeños grupos, trajeron en jaque a la policía mediante saltos dispersos y continuos por toda la urbe y sus alrededores.

Recuerdo que los gritos que entonces se coreaban eran "libertad, amnistía", a lo que luego se unió "estatuto de autonomía", en tanto las pancartas pedían la emancipación de la clase obrera.

En plena transición, luego de que Franco presidiera en Estadio Santiago Bernabéu en 1975 la última demostración sindical del 1º de Mayo, la fiesta de los trabajadores, aparte de la celebración de San José Obrero, siguió prohibida y perseguida hasta 1978. Conviene recordarlo ahora. La UCD repartió palos como en los mejores tiempos del pasado en 1976 y 1977.

Cuando el 1º de Mayo pasó a ser una fiesta autorizada, recuerdo que, entonces, en primera fila de las manifestaciones toleradas se colocaron, a codazos, personajes irrelevantes que nunca antes habían sido vistos antes tal día en la calle, o figurones de ocasión, dispuestos a salir en la foto. Los viejos luchadores que había dejado la piel en la lucha, quizá por vergüenza, en no pocos casos, se retiraron.

Cuarenta años después de aquellos episodios, si me preguntan qué sentimiento albergo al evocarlos, serán emoción, agradecimiento y respeto. Muchos de aquellos viejos luchadores del movimiento obrero vigués ya no están, pero los recordamos a todos, desde Fernando Monleón a Moncho, "el de rebarbeo" o el obrero más elegante e imperturbable que he conocido, el amigo Santos, de Unión Cristalera, que acudía a los saltos y manifestaciones impecable, de americana y corbata, como si acudiera a una boda. Y todos los demás. Pero por fortuna quedan otros muchos para revivirlo y conmemorarlo.

La lucha por la libertad y la democracia

El 1º de Mayo no era solamente una fiesta para las reivindicaciones de los trabajadores, era la fiesta de la lucha por la libertad, por la democracia. Por eso, la esperábamos todos, con emoción, casi ritual.  Escribo en homenaje a los amigos que ya se fueron. El Primero de Mayo de los tiempos de la resistencia se preparaba en Vigo con minuciosidad. Los periodistas de confianza éramos citados en una taberna de la Travesía de Vigo que ya no existe –donde por cierto se comía barato y excelente-. Había dos tipos de acciones previstas: el salto general en un punto elegido y cambiante, que solía ser Las Traviesas o la Iglesia de los Picos en el Calvario, y acciones de distracción en otros puntos de la ciudad.

A Vigo, se desplaza una compañía de la Reserva General de la Policía Armada de Valladolid, la unidad afincada en A Coruña y otras fuerzas de reserva. Además del despliegue de los Servicios de Información de la Guardia Civil. Nosotros estábamos al tanto porque se disponía de un rastreador de la frecuencia de la Policía y las telefonistas afiliadas a CC OO controlaban todos los teléfonos de la Comisaría y los servicios conexos.

Los periodistas que cubríamos estos eventos nos repartíamos las zonas y luego intercambiábamos la información. El movimiento obrero vigués se echaba a la calle, donde lo esperaban las unidades antidisturbios. Los trabajadores se manifestaban a pecho descubierto, pero con calculada eficacia en la plaza de España, la Doblada, la Gran Vía, la Iglesia de los Picos, el cruce de Colón con Policarpo Sanz, o donde más evidente se hiciera su presencia. Lo más arriesgado eran las fotos. Otra alternativa era hacer una concentración en A Madroa, donde para disimular se jugaba un partido, interrumpido siempre por la Guardia Civil, realmente curioso, de cien contra cien, todos en el campo, y en medio, se leían los manifiestos. Era un día emocionante, donde se nos subía la adrenalina a todos. Bibiano Morón, cantante y obrero de sector naval, guardaba en mi despacho una especie de zapatillas especialmente que se calzaba para correr más, cosa que él recuerda.

Después de la jornada, nos reuníamos con los sindicatos y las fuerza convocantes en un lugar de confianza para el recuento y el repaso de incidentes. Yo era corresponsal de Europa Press y mi crónica especialmente esperada para el servicio a la prensa nacional, ya que la versión de EFE, aunque el colega corresponsal la hiciera seria y profesional, siempre era recortada. Un policía de aquel tiempo me contó hace poco que me tenían por un “rojillo moderado” y que les preocupaba especialmente lo que transmitiera al servicio de Europa Press, que además distribuía mis crónicas a los más importantes periódicos del mundo.

¡Aquel sí que era el 1º de Mayo!