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MUNDIARIO

Polémica sobre las actuaciones policiales: cuando la verdad no está al lado de la Ley

Las nuevas tecnologías han traído consigo la posibilidad de que una persona se convierta en testigo y prueba de lo que ocurre en nuestras vidas. Ha democratizado la información.

Polémica sobre las actuaciones policiales: cuando la verdad no está al lado de la Ley
Imagen extraída del vídeo donde el agente Michael T. Slager dispara 8 veces. / The New York Times
Imagen extraída del vídeo donde el agente Michael T. Slager dispara 8 veces. / The New York Times

Fernando Cueto

Publicitario y consultor.

Las nuevas tecnologías han traído consigo la posibilidad de que una persona se convierta en testigo y prueba de lo que ocurre en nuestras vidas. Ha democratizado la información.

Ha vuelto a ocurrir la tragedia. Nada nuevo en Estados Unidos, el país que presume de ser la democracia perfecta. Un policía blanco ha disparado varias veces por la espalda contra un hombre negro que huía de él en North Charleston (Carolina del Sur). Un asesinato en toda regla. Aquí no cabe, creo, la presunción de inocencia porque alguien grabó lo ocurrido, obteniendo con ello una prueba irrefutable que echaba por tierra la declaración del asesino que alegó haber disparado porque la víctima intentó arrebatarle el arma. Más allá de la deleznable actuación del agente de policía, la cuestión es que seguramente se habría salido con la suya de no haber mediado una prueba tan contundente. La grabación no deja lugar a dudas sobre lo ocurrido; la grabación es clave a la hora de conocer la verdad. Gracias a Dios o a la divina providencia esto no ha ocurrido en España. De ser así la persona que inmortalizó la verdad podía haber sido acusada de violar la nueva ley con la que el gobierno del PP quiere amordazar a la ciudadanía prohibiendo la posibilidad de conocer la verdad.

Las nuevas tecnologías han traído consigo la posibilidad de que una persona se convierta en testigo y prueba de lo que ocurre en nuestras vidas. Ha democratizado la información. Gracias a imágenes anónimas - y a las redes sociales- hemos podido ver cosas que los medios de comunicación no tenían la posibilidad de obtener. Cada individuo puede recoger en su móvil/cámara una instantánea, un vídeo que refleje fielmente lo que ocurre a cada momento y difundirlo a una velocidad inusitada por todo el mundo. En el caso del que hablamos es, cuanto menos, de agradecer.

En los últimos años hemos podido ver, tanto en internet como en distintas cadenas de televisión, como Antena 3 o La Sexta, imágenes de abuso de autoridad y violencia por parte de algunos cuerpos policiales que nos han llenado de vergüenza y asco. Pongo como ejemplo el puñetazo que un policía propina a una menor en Madrid o el excelente reportaje donde Jordi Évole deja en evidencia al mismísimo jefe de policía de Barcelona al enseñarle vídeos que desmienten rotundamente sus afirmaciones. Hemos asistido, igualmente, a las declaraciones de políticos que mentían al asegurar que policías acusados de violencia con saña, con pruebas definitivas de su actuación, habían actuado correctamente. Hay ya demasiados casos de mentiras probadas, de incorrecciones de método, de procedimientos dudosos e incluso de torturas en centros de detención como para plantearse un debate público sobre la incongruencia de mantener la presunción de veracidad de los agentes. Ya no son hechos aislados, hay demasiados testimonios en su contra como para pensar que, al contrario, son algo corriente que damos como algo corriente frente a lo que no podemos hacer nada. No conozco a nadie que no haya experimentado alguna vez en su vida un caso de injusticia donde la policía ha faltado a la verdad, aunque fuese por una simple infracción de tráfico. La presunción de veracidad  trae consigo que los ciudadanos nos convirtamos en seres de segunda frente a los agentes policiales. Elimina el precepto jurídico de que todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre su culpabilidad. Rompe con la igualdad y es total y profundamente injusto. Nadie es más que nadie en democracia.

Los cuerpos de seguridad del estado deberían ser respetados, queridos y apoyados, siendo estos términos iguales en importancia. La policía está para servir al ciudadano, para protegerle y garantizar su tranquilidad, no para amedrentarlo. Esto sólo será posible si no existe tacha en sus actuaciones y esto no pasa por las medidas que el gobierno ha puesto en marcha para evitar las pruebas incriminatorias. Amenazar con grandes multas e incluso penas de cárcel para quien grabe a un policía actuando no sólo no va a servir de nada, sino que no devolverá el aprecio de la población a la policía. No se pueden poner puertas al campo. Únicamente se conseguirá si los policías recuerdan cual es su misión y respetan los valores que han jurado defender. Si la verdad vuelve a estar al lado de la ley.