Una visión políticamente incorrecta de Cataluña y el Tribunal Constitucional

Sede del Tribunal Constitucional. / RR SS.
Sede del Tribunal Constitucional.

Si lo que buscan es fomentar el independentismo, las amenazas penales —completamente ajenas a la idea original del TC—, son muy idóneas, con su capacidad para evocar dictaduras y totalitarismos.

Una visión políticamente incorrecta de Cataluña y el Tribunal Constitucional

Si lo que buscan es fomentar el independentismo, las amenazas penales —completamente ajenas a la idea original del TC—, son muy idóneas, con su capacidad para evocar dictaduras y totalitarismos.

 

El Tribunal Constitucional (TC) admite a trámite por unanimidad, en un plazo mínimo y con pocas formas, el recurso del Gobierno, suspende la resolución independentista del Parlamento catalán y, como si le correspondiera también ser brazo ejecutor de Moncloa, amenaza con consecuencias penales a 21 altos cargos catalanes. Si lo que buscan es fomentar el independentismo, las amenazas penales —por otro lado completamente ajenas a la idea original del TC—, son muy idóneas, con su capacidad para evocar dictaduras y totalitarismos.

Un poco de sensatez. Cuando un jugador no quiere seguir jugando al fútbol, sino al baloncesto, es tontería y cerrazón empeñarse en obligarle y denunciarlo al árbitro (de fútbol) para que lo someta a las normas (del fútbol).

Por dignidad y por self-restraint, en casos así el TC debía abstenerse. Problemas políticos reclaman remedios políticos. Ni al mismo TC ni a nadie nos conviene que parezca longa manus o instrumento del Gobierno. Sólo le conviene a éste, pues así se parapeta con argumentos de legalidad y de que “el asunto está sub iudice”.

¿Alguien se imagina al Tribunal Supremo norteamericano suspendiendo la última reforma constitucional californiana, u otra? O bien, si un día el secesionismo de Texas o Vermont llegara a ser un problema, ¿alguien esperará que lo arregle un tribunal? En 2009, el Senado estatal de Georgia aprobó por 43-1 la Resolución 632, afirmando que si Washington excediere gravemente sus facultades, “todos los poderes anteriormente delegados a los Estados Unidos por la Constitución revertirán a cada uno de los estados”. Que yo sepa, esos senadores no están en la cárcel. Hace ya decenios que en USA aumentan los defensores de desjudicializar la política y devolverla a la gente. Por poner algún ejemplo: Stith escribió en 1997 The Rule of Law vs the Rule of Judges; Tushnet, en 1999, Taking the Constitution Away from the Courts, Kramer, en 2004, The People Themselves. España, en cambio, en manos de leguleyos y abogados del Estado sigue con el reloj atrasado.

Con la Constitución en la mano, nadie reprochará al TC negar el paso a un independentismo contrario a la misma; pero tampoco a nadie extrañará que el independentismo, si es verdadero independentismo, no obedezca al TC de España. Pero incluso dejando de lado su exceso de celo y sus ominosas amenazas penales, no es eso lo más inquietante del TC, sino que él no es el órgano llamado a solucionar este conflicto. Cada cosa es para lo que es. Se me dirá, tal vez, que el problema está en que nuestro TC nació politizado, tiene una naturaleza híbrida político-legislativo-judicial y una legitimidad deficiente. Como ustedes quieran. Pero es que ni el más imparcial y jurisprudente de los tribunales, por preparado que esté para decir de quién es la vaca o la finca, no lo está para aprobar ni rechazar una autodeterminación. Para tal macrodecisión política, no sólo no está preparado, sino tampoco legitimado; ni aunque los jueces fuesen Ulpiano, Papiniano y demás luminarias jurídicas de la historia. Para eso sólo está legitimada “la gente por sí misma”, como el título de Kramer.

 

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