El viaje de España a Ítaca transcurre entre sugerentes y letales cantos de sirena

Pedro Sánchez y Mariano Rajoy./ Mundiario
Pedro Sánchez y Mariano Rajoy.

Una cosa es que aceptemos gatos por liebre como animales de compañía. Pero, hombre, al menos que garanticen que van a eliminar a las ratas de alcantarilla.

El viaje de España a Ítaca transcurre entre sugerentes y letales cantos de sirena

Una cosa es que aceptemos gatos por liebre como animales de compañía. Pero, hombre, al menos que garanticen que van a eliminar a las ratas de alcantarilla.

De qué conversan las olas y las orillas, los mares y los arrecifes, los dioses de la lluvia y las aceras que recorremos los pobres mortales, los caudalosos ríos de tinta y los cauces desbordados de la razón humana, los recién nacidos y los sonajeros, los cipreses y los que yacen eternamente bajo sus sombras alargadas, los nuevos alcaldes y los viejos pueblos “escaldados”, los príncipes destronados y sus erráticos Maquiavelos, los flamantes héroes y heroínas mediáticas y sus fervientes, intermitentes y anónimos admiradores, las atronadoras mareas vivas electorales y los silenciosos navegantes solitarios que cruzan los Mares Muertos sociológicos minados de letales cantos de sirena, los que van de listos en las listas de vencedores o vencidos y los que van de libres, de imprescindibles, de demócratas a unas urnas que jamás dan a luz un mirlo blanco, los jóvenes cerebros que se van y los jóvenes cerebros que se quedan, los chicos de una España que puede venir a menos y las chicas de una Cataluña que puede venir a Mas, las parejas cuya celestina es una línea que cubre el Puente aéreo Madrid-Barcelona y, cuyo incierto futuro, la hipotética nacionalidad de su hipotética descendencia, los escasos urogallos y los frondosos Ancares, los soles y las sombras, las noches y las lunas, las trasnochadas pedradas de las románticas intifadas y las innovadoras estampidas de las frías, calculadoras y calculadas Diadas.

Gritos, susurros y silencios

Qué coño quieren decirnos, todavía, los silencios de las “zonas cero”, las voces que claman en los desiertos, las lágrimas secas de los hijos de dioses menores, las víctimas propiciatorias de los buenos y los malos, las próximas novelas de Milan Kundera, el “ácaro” que hurga en el contenedor de tu basura, la novia de nadie, el novio de la nada, las novias de todos, los novios de la muerte, la mujeres desnudas y en lo oscuro que se han quedado huérfanas de Mario Benedetti, los carteros desempleados de Neruda, los hijos de la Madre Teresa, las madres de los hijos de puta, los poetas inéditos o muertos, los atletas que siempre llegan los últimos y ningún dios les convierte en los primeros, los “hunos” de los nuevos Atilas, los otros a los que se les está haciendo mayor Alejandro Amenabar, la nueva versión de “Cuando salí de Cuba” del Papa Francisco, el silencio de los corderos de los refugiados, la sangre inocente que mana en cualquier lugar al alcance del largo brazo del terrorismo islámico, las uvas de la ira que maduran en los vastos y, a veces bastos, territorios inexplorados e inexplorable de esas tenebrosas, pegajosas y letales telarañas tecnológicas a las que llamamos redes sociales.

Los que saben no hablan, los que hablan no saben…

De qué quiere hablarnos la vida, ay, mientras tú y yo, ella y él, nosotros y vosotros, vosotros y ellos, seguimos tejiendo resistentes “cordones umbilicales” con los televisores, las radios, los ciberespacios, los móviles, las mil y una zanahorias tecnológicas que nos arrastran hacia un ensayo general y virtual sobre la felicidad de la ceguera. Hablan los elegibles, y cuando hablan parece que están solos; miran los electores, y cuando miran parece que están ciegos; consultan los demoscópicos, y cuando nos consultan parece que estamos locos. ¿Es qué España se ha quedado a oscuras? ¿Es que los españoles se compran y se venden por un puñado de euros, por hipotéticas desgravaciones fiscales, por plazas de guardería, por pan para hoy y hambre para mañana, por tipos que se ofrecen a darnos peces en vez de comprometerse a enseñarnos a pescar, por mil y un conejos, sacados a última hora de las chisteras de Rajoy, de Pedro Sánchez, de Pablo Iglesias, Albert Rivera, de Mas, de Junqueras? ¡Venga ya! Si de verdad han conseguido crear una especie humana resignada a circular por los tópicos carriles de la derecha y de la izquierda, por los típicos atajos de la demagogia barata y el discreto encanto de las rebajas expuestas en los escaparates, con la subconsciente invalidez de las orejeras (ojos que no ven, que no quieren ver, corazones que no sienten), que se pare el mundo, que me apeo. Un servidor no quiere compartir la hermosa e inescrutable aventura del futuro con una tribu embriagada de presente y amnésica de pasado, incapaz de distinguir una mentira, el viejo truco de la zanahoria, el mercado de compra/venta de conciencias, tantos “caballos de Troya”, tantos burros a dos pasos. ¡Las ideas han muerto! Los que viven de ellas, Director, intentan ponerse las botas de los votos, ay, aprovechando esa nueva ley sociológica de la oferta y la demanda que permite dar gato por liebre. ¡Pero si ni siquiera son gatos capaces de eliminar a tantas ratas de alcantarilla, hombre..! Ya lo dice el Tao: “Los que saben no hablan, los que hablan no saben

Los próximos 27-S y quizá 20-N, ¿dices? A mí me parece el presagio de otros 11-M, incruentos, naturalmente, que van a dejar millones de muertos vivientes en las cunetas de esa autopista de peaje, genuinamente española, a la que seguimos llamando democracia.

El viaje de España a Ítaca transcurre entre sugerentes y letales cantos de sirena
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