Venezuela no es el país donde crecí, donde un trabajador podía vivir decentemente

Estanterías en Venezuela.
Estanterías en Venezuela.

En Venezuela no se consigue papel sanitario, detergente, afeitadoras, toallas sanitarias... Las madres hacen malabares para alargar la vida de los pañales para sus niños porque no hay.

Venezuela no es el país donde crecí, donde un trabajador podía vivir decentemente

En Venezuela no se consigue papel sanitario, detergente, afeitadoras, toallas sanitarias... Las madres hacen malabares para alargar la vida de los pañales para sus niños porque no hay.

Este es el primer artículo que escribo para MUNDIARIO y creo que debo decir algo sobre mí. Soy venezolana, radicada en Estados Unidos, país en el que me desempeño como profesora universitaria de lengua y literatura latinoamericana. Soy escritora de ficción y crítica literaria y también una mamá muy ocupada. Hace dos meses tuve mi tercera niña a la que amamanto a tiempo completo mientras trabajo en la universidad a tiempo completo también. Por ello la salvación de nuestra casa ha sido la llegada de mi madre desde Venezuela para quedarse con nosotros los primeros meses de la bebé.

La partida de mi madre a su casa empieza a acercarse y ustedes lógicamente pensarán que habrá que comprar algunos recuerditos y demás regalitos para ella y otros familiares y amigos. De hecho, tienen razón, en eso estamos. Sin embargo, ahora los recuerditos no son ni chocolates, ni imanes para la nevera, ni alguna blusa bonita. Les cuento:

Mi madre es una enfermera jubilada, quien le dio muchos años de su vida al Estado Zulia, estado cuya capital es mi ciudad natal, Maracaibo. Llegó a ser la Enfermera Jefe del Hospital Universitario de Maracaibo, el más grande de la región occidental de Venezuela. Mi padre es pediatra, un doctor conocido en el área, con más de cuarenta años de labor social para con los niños de la región. Todavía ejerce en su consultorio privado aunque ya está jubilado de la Universidad del Zulia, donde fuera profesor de Pediatría y Puericultura por más de veinticinco años. Yo, con estos padres trabajadores, no vengo de una familia rica. Crecí en una familia de clase media, con todas las necesidades cubiertas pero sin lujos extravagantes. Crecí satisfecha y contenta. Me crie viendo cómo el trabajo honesto y constante podía resultar en el bienestar para una familia. Una vez que yo me mudé a los Estados Unidos, mi madre, con su sueldo de jubilada, tenía la posibilidad de comprar un pasaje de avión para venir a visitarme anualmente. Además podía traer unos dólares para comprarse recuerditos y guardar en la maleta regalos para mis tíos y primos. Ahora esto es imposible.

La tasa de cambio en Venezuela ha hecho que sea quimérico para mis padres comprar un pasaje de avión. El sueldo de jubilada de mi madre es de Bs. 7.000 al mes. No vale la pena indicar a cuántos dólares equivale un bolívar puesto que hay tres tasas de cambio en Venezuela y realmente la que impera es la tasa de cambio que establece el mercado negro. Lo que sí haré es darle un estimado de algunos precios para que tengan una idea de la situación: mi esposo y yo compramos el pasaje de mi madre de Maracaibo-Venezuela a Atlanta-Estados Unidos y nos costó $1.400. Es decir, lo compramos en dólares desde Estados Unidos. En Venezuela, eso sería aproximadamente Bs. 1.120.000. Sí, señores, no añadí un cero de más; costaría más de un millón de bolívares y mi madre gana siete mil bolívares al mes. Ahora tienen una mejor idea de la imposibilidad no solo de mis padres sino de millones de personas de adquirir pasajes, y muchos otros artículos y servicios, incluyendo aquellos de consumo diario.

La inflación en Venezuela se ha disparado. Un paquete de servilletas cuesta aproximadamente Bs. 600, cuatro jabones de baño cuestan Bs. 300 y un pollo entero se vende en Bs. 1500. La crisis económica es tan monstruosa que todos los rubros están afectados. Además de los elevados precios, el problema de la escasez es alarmante. Mi padre, por ejemplo, en estos días se ha bañado con una lonjita de jabón que todavía le queda porque no se consigue. Así como no se consigue papel sanitario, detergente, afeitadoras, toallas sanitarias y demás productos de higiene personal. Las madres hacen malabares para alargar la vida de los pañales para sus niños porque no hay. La leche escasea, la mantequilla, la carne, las galletas de soda, en fin, cualquier producto que ustedes pueden conseguir sin problemas en los supermercados de la ciudad donde viven; eso sin contar las medicinas. Entonces, ¿cuáles creen que son los “recuerditos” que hemos estado comprando para que mi mamá se lleve de vuelta a casa? Champú, crema, talco, jabón de bañarse, pasta dental, etc.  

Podría seguir conversando de esto, de los problemas en los hospitales, en las universidades, de los cortes periódicos de luz y agua pero se haría muy largo este texto. Quiero terminar mi nota diciendo que Venezuela no es el país donde crecí, en donde una persona trabajadora podía vivir decentemente con su sueldo. Venezuela es otra cosa.

Venezuela no es el país donde crecí, donde un trabajador podía vivir decentemente
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